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Fotógrafo: Esteban Jaraza
“Balbál” significa confusión
Babel es la Torre confusa
El lugar donde el furioso Yavhé
Confundió todas las lenguas
Que luego serían esparcidas
Sobre la faz de la tierra...”

Hace tiempo vivimos una tormenta que arrasó con todo a su paso, incluso con las vidas de miles de personas que fueron sepultadas en los cauces de los ríos, bajo los cimientos de las ciudades y en la profundidad de las montañas que adornan la geografía de la muerte. Esta tormenta acabó con la vida de hombres, mujeres, niños, niñas y ecosistemas; incluso devastó la economía del pueblo; algunas personas salieron huyendo de tanta crueldad y otras quedaron desaparecidas.

 

Otras, construyeron el arca de la resistencia, a ella subieron quienes rechazaron la violencia, la desigualdad, la injusticia social y la barbarie. Entre las personas tripulantes, se encontraban líderes, lideresas, excombatientes, docentes, artistas, sindicalistas y estudiantes; también se embarcaron las personas sobrevivientes de la guerra, la minga indígena y millones de jóvenes que soñaron con una tierra diferente.

 

Luego del gran diluvio social, las y los tripulantes de la barca acordaron construir una torre tan alta que tocara el cielo. Era una especie de fortaleza para resguardarse de la catástrofe de aquella tormenta que devastó nuestros campos y ciudades. El único fin que tenían, era escalar hasta encontrar en la cima aquella paz tan anhelada; pero se encontraron con personas interesadas en que la sociedad no alcance tal propósito.

 

Estas personas alarmadas por los avances en la torre, quisieron a toda costa destruirla, entonces, detonaron la incomprensión y lograron que la población hablara en 7.000 lenguas diferentes, de este modo, a pesar de ser un mismo pueblo, nadie se entendía con nadie. La torre se empezaría a debilitar porque era muy difícil dialogar, además, enviaron mensajes equivocados para uno y otro lado; este era su siniestro plan.


Sumado a ello, en aquella torre,  no había liderazgo gubernamental, ni tampoco, un traductor o traductora de lenguas; ni siquiera alguien que comprendiera señas; lo peor, había personas que definitivamente no querían dialogar, menos negociar; estaban obstinadas en no escuchar al pueblo; incluso había quienes aprovecharon políticamente la confusión, para dividir y socavar a la primera línea de defensa de la vida.


A personas así, no les interesa que la sociedad algún día alcance la cima de la paz, por ello, pretenden sacudir las bases de la torre hasta derrumbar totalmente su estructura y dejar sepultados todos los sueños. Su estrategia no puede ser más funesta: “divide y vencerás” o “confunde y reinarás” son consignas que utilizan porque desean ver el sueño de paz bajo los escombros de la torre y seguir beneficiándose con el negocio de la guerra.

 

Esperemos que no se haga realidad la Torre de Babel; el camino es el diálogo. Hay que saber escuchar al pueblo y cuidar las bases cimentadas por tripulantes del arca de la resistencia. Es tiempo de respetar las diferencias y hacer consensos reales que beneficien a todas las personas sin importar su género, etnia, creencias, cultura e ideología. Aunque parezca que hablamos lenguas diferentes es posible entendernos; para ello, hay que aprender a escucharnos desde la alteridad. Es hora de hablar un mismo lenguaje: el de la empatía. Habla pueblo, habla; no dejes que nada ni nadie, sepulte tu palabra.



“(…)no escucho lo que gritas. 
Tu alma me es expropiada por la bulla. 
Me encuentro de rodillas, suplicando 
que a la voz de mis tímpanos acuda
un vocablo no más, pero un vocablo 
familiar, cotidiano, tuyo, mío,
para restablecer la especie humana, 
la hermandad de la oreja y el sonido.”
(La Torre de Babel - Enrique González)


Galería

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Fotógrafo: Esteban Jaraza
“Balbál” significa confusión
Babel es la Torre confusa
El lugar donde el furioso Yavhé
Confundió todas las lenguas
Que luego serían esparcidas
Sobre la faz de la tierra...”

Hace tiempo vivimos una tormenta que arrasó con todo a su paso, incluso con las vidas de miles de personas que fueron sepultadas en los cauces de los ríos, bajo los cimientos de las ciudades y en la profundidad de las montañas que adornan la geografía de la muerte. Esta tormenta acabó con la vida de hombres, mujeres, niños, niñas y ecosistemas; incluso devastó la economía del pueblo; algunas personas salieron huyendo de tanta crueldad y otras quedaron desaparecidas.

 

Otras, construyeron el arca de la resistencia, a ella subieron quienes rechazaron la violencia, la desigualdad, la injusticia social y la barbarie. Entre las personas tripulantes, se encontraban líderes, lideresas, excombatientes, docentes, artistas, sindicalistas y estudiantes; también se embarcaron las personas sobrevivientes de la guerra, la minga indígena y millones de jóvenes que soñaron con una tierra diferente.

 

Luego del gran diluvio social, las y los tripulantes de la barca acordaron construir una torre tan alta que tocara el cielo. Era una especie de fortaleza para resguardarse de la catástrofe de aquella tormenta que devastó nuestros campos y ciudades. El único fin que tenían, era escalar hasta encontrar en la cima aquella paz tan anhelada; pero se encontraron con personas interesadas en que la sociedad no alcance tal propósito.

 

Estas personas alarmadas por los avances en la torre, quisieron a toda costa destruirla, entonces, detonaron la incomprensión y lograron que la población hablara en 7.000 lenguas diferentes, de este modo, a pesar de ser un mismo pueblo, nadie se entendía con nadie. La torre se empezaría a debilitar porque era muy difícil dialogar, además, enviaron mensajes equivocados para uno y otro lado; este era su siniestro plan.


Sumado a ello, en aquella torre,  no había liderazgo gubernamental, ni tampoco, un traductor o traductora de lenguas; ni siquiera alguien que comprendiera señas; lo peor, había personas que definitivamente no querían dialogar, menos negociar; estaban obstinadas en no escuchar al pueblo; incluso había quienes aprovecharon políticamente la confusión, para dividir y socavar a la primera línea de defensa de la vida.


A personas así, no les interesa que la sociedad algún día alcance la cima de la paz, por ello, pretenden sacudir las bases de la torre hasta derrumbar totalmente su estructura y dejar sepultados todos los sueños. Su estrategia no puede ser más funesta: “divide y vencerás” o “confunde y reinarás” son consignas que utilizan porque desean ver el sueño de paz bajo los escombros de la torre y seguir beneficiándose con el negocio de la guerra.

 

Esperemos que no se haga realidad la Torre de Babel; el camino es el diálogo. Hay que saber escuchar al pueblo y cuidar las bases cimentadas por tripulantes del arca de la resistencia. Es tiempo de respetar las diferencias y hacer consensos reales que beneficien a todas las personas sin importar su género, etnia, creencias, cultura e ideología. Aunque parezca que hablamos lenguas diferentes es posible entendernos; para ello, hay que aprender a escucharnos desde la alteridad. Es hora de hablar un mismo lenguaje: el de la empatía. Habla pueblo, habla; no dejes que nada ni nadie, sepulte tu palabra.



“(…)no escucho lo que gritas. 
Tu alma me es expropiada por la bulla. 
Me encuentro de rodillas, suplicando 
que a la voz de mis tímpanos acuda
un vocablo no más, pero un vocablo 
familiar, cotidiano, tuyo, mío,
para restablecer la especie humana, 
la hermandad de la oreja y el sonido.”
(La Torre de Babel - Enrique González)


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