Los Trastornos Alimenticios como Afecciones de Género

June 10, 2019
Columna
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Fotografía por Olenka Kotyk en Unsplash

Vivimos en la sociedad del consumo, donde solo somos números. ¿Cuántos likes necesitamos para estar en lo cierto?, ¿cuántos seguidores necesitamos para ser queridos?, ¿cuántos pesos necesitamos para ser valorados?, ¿cuántos países tenemos que visitar para haber vivido?, ¿cuántos kilos necesitamos perder para ser bellos? No lo sabemos exactamente, pero en la sociedad del consumo, la grandeza se mide por la ‘perfección’ y la ‘perfección’ no es más que el resultado de sumas y restas de una cantidad de cosas que se encuentran allá afuera, muy lejos de nuestro interior. Sí. Más likes, más seguidores, más pesos, más países y menos kilos.

La sociedad del consumo surgió como consecuencia de la producción en masa de bienes, al mejor estilo Taylorista. Lleva en la trastienda una idea clave: Alienación. En ella el rol de los medios de comunicación se vuelve más preponderante al entender que no basta con producir bienes, sino venderlos.

Hoy en día, los medios de comunicación constantemente nos hacen pensar a las mujeres que debemos consumir aquellos productos que nos hagan más ‘consumibles’, más ‘mercadeables’. Permanentemente configuran estereotipos de belleza, haciendo que la apariencia física sea lo que más importa, pero no desde su diversidad y autenticidad, sino que, al igual que la producción en serie, desde la alineación, volviéndose así en condición necesaria para pertenecer.  

Las presiones sociales, junto a circunstancias hereditarias y emocionales han dado lugar a la proliferación de trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia. Estos se consideran trastornos mentales de género, pues afectan principalmente a mujeres y niñas (más del 90% de los casos). De acuerdo con el National Institute of Mental Health de Estados Unidos, un 15% de niñas y adolescentes padece de trastornos alimenticios significativos. Por otra parte, la anorexia nerviosa es la enfermedad mental que presenta el mayor índice de mortalidad; según la Asociación Psiquiatrica Norteamericana, uno de cada 10 casos fallece por desnutrición, insuficiencia cardiaca o suicidio.   

Debido a la marcada socialización patriarcal de género, las mujeres siempre hemos tenido la propensión a mostrar insatisfacción con nuestros cuerpos. Sin embargo, en una sociedad cada vez más consumista, en la que nuestra humanidad se reduce a un estándar, esta insatisfacción ha empezado extenderse a edades más tempranas y a mujeres de mayor edad, llevando a una mayor incidencia de trastornos alimenticios.

“Yo tenía 44 años cuando me diagnosticaron anorexia y fue un shock enorme. No podía creerlo, pensaba que esto no le sucedía a la gente mayor. Se supone que la gente de mi edad debe tener suficiente juicio para que no le pase esto”, declaró Julie Elmhiri a la BBC. Por otra parte, tal como lo señala Monserrat Sánchez, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios de Barcelona, las niñas o adolescentes afectadas por la anorexia en las décadas de 1980 y 1990, ya son mujeres adultas y algunas mayores de 40 años continúan con esta enfermedad arraigada en sus vidas.

Los trastornos alimenticios vienen acompañados de episodios de depresión, obsesiones, ansiedad, frecuentes cambios de estados de ánimo, sensaciones de vacío interior, negación o poco reconocimiento de emociones, baja autoestima, sin contar con la sintomatología a nivel físico que todos conocemos. Muchas veces las personas prefieren no buscar ayuda profesional o tardan en acudir a ella porque buscan rodearse de emociones que eviten la tristeza, la rabia o la vulnerabilidad, ignorando que son emociones igualmente humanas a la alegría, seguridad, serenidad o satisfacción, y que se encuentran al servicio de nuestra supervivencia. Al ignorarlas, tienen la esperanza que desaparezcan, pero usualmente esto no es así.

Es entonces un acto de coraje reconocer que a veces solas no podemos. Es un acto de amor propio buscar ayuda profesional con un psicólogo o psiquiatra. Es un acto de valentía enfrentarnos a nuestras emociones, a nosotras mismas y evocar momentos de mucho dolor. El simple hecho de poder expresarte tiene mucho poder. Un profesional se convertirá en la guía del viaje sin retorno más maravilloso que puedas emprender jamás: hacia tu interior.

Ante una vicisitud como la anorexia o la bulimia (o cualquier otra) tenemos dos opciones: dejarnos sumergir o verla como una oportunidad para descubrirnos, para expandirnos y para sanarnos. Independientemente de los mensajes que veamos en los medios de comunicación o lo que nos imponga la sociedad del consumo, debemos enfatizar nuestro valor como mujeres, y no el valor de nuestra apariencia. Somos mucho más que una talla, una medida o un kilogramo. Somos una entidad que merece ser nutrida positivamente y con amor, y la nutrición no sólo incluye alimentos, también pensamientos, emociones, relaciones y todo lo que nos rodea, para así vivir en unión y armonía.

Fotografía por Gabriel Matula en Unsplash


Los Trastornos Alimenticios como Afecciones de Género

April 15, 2019
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Fotografía por Olenka Kotyk en Unsplash

Vivimos en la sociedad del consumo, donde solo somos números. ¿Cuántos likes necesitamos para estar en lo cierto?, ¿cuántos seguidores necesitamos para ser queridos?, ¿cuántos pesos necesitamos para ser valorados?, ¿cuántos países tenemos que visitar para haber vivido?, ¿cuántos kilos necesitamos perder para ser bellos? No lo sabemos exactamente, pero en la sociedad del consumo, la grandeza se mide por la ‘perfección’ y la ‘perfección’ no es más que el resultado de sumas y restas de una cantidad de cosas que se encuentran allá afuera, muy lejos de nuestro interior. Sí. Más likes, más seguidores, más pesos, más países y menos kilos.

La sociedad del consumo surgió como consecuencia de la producción en masa de bienes, al mejor estilo Taylorista. Lleva en la trastienda una idea clave: Alienación. En ella el rol de los medios de comunicación se vuelve más preponderante al entender que no basta con producir bienes, sino venderlos.

Hoy en día, los medios de comunicación constantemente nos hacen pensar a las mujeres que debemos consumir aquellos productos que nos hagan más ‘consumibles’, más ‘mercadeables’. Permanentemente configuran estereotipos de belleza, haciendo que la apariencia física sea lo que más importa, pero no desde su diversidad y autenticidad, sino que, al igual que la producción en serie, desde la alineación, volviéndose así en condición necesaria para pertenecer.  

Las presiones sociales, junto a circunstancias hereditarias y emocionales han dado lugar a la proliferación de trastornos alimenticios como la anorexia y la bulimia. Estos se consideran trastornos mentales de género, pues afectan principalmente a mujeres y niñas (más del 90% de los casos). De acuerdo con el National Institute of Mental Health de Estados Unidos, un 15% de niñas y adolescentes padece de trastornos alimenticios significativos. Por otra parte, la anorexia nerviosa es la enfermedad mental que presenta el mayor índice de mortalidad; según la Asociación Psiquiatrica Norteamericana, uno de cada 10 casos fallece por desnutrición, insuficiencia cardiaca o suicidio.   

Debido a la marcada socialización patriarcal de género, las mujeres siempre hemos tenido la propensión a mostrar insatisfacción con nuestros cuerpos. Sin embargo, en una sociedad cada vez más consumista, en la que nuestra humanidad se reduce a un estándar, esta insatisfacción ha empezado extenderse a edades más tempranas y a mujeres de mayor edad, llevando a una mayor incidencia de trastornos alimenticios.

“Yo tenía 44 años cuando me diagnosticaron anorexia y fue un shock enorme. No podía creerlo, pensaba que esto no le sucedía a la gente mayor. Se supone que la gente de mi edad debe tener suficiente juicio para que no le pase esto”, declaró Julie Elmhiri a la BBC. Por otra parte, tal como lo señala Monserrat Sánchez, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios de Barcelona, las niñas o adolescentes afectadas por la anorexia en las décadas de 1980 y 1990, ya son mujeres adultas y algunas mayores de 40 años continúan con esta enfermedad arraigada en sus vidas.

Los trastornos alimenticios vienen acompañados de episodios de depresión, obsesiones, ansiedad, frecuentes cambios de estados de ánimo, sensaciones de vacío interior, negación o poco reconocimiento de emociones, baja autoestima, sin contar con la sintomatología a nivel físico que todos conocemos. Muchas veces las personas prefieren no buscar ayuda profesional o tardan en acudir a ella porque buscan rodearse de emociones que eviten la tristeza, la rabia o la vulnerabilidad, ignorando que son emociones igualmente humanas a la alegría, seguridad, serenidad o satisfacción, y que se encuentran al servicio de nuestra supervivencia. Al ignorarlas, tienen la esperanza que desaparezcan, pero usualmente esto no es así.

Es entonces un acto de coraje reconocer que a veces solas no podemos. Es un acto de amor propio buscar ayuda profesional con un psicólogo o psiquiatra. Es un acto de valentía enfrentarnos a nuestras emociones, a nosotras mismas y evocar momentos de mucho dolor. El simple hecho de poder expresarte tiene mucho poder. Un profesional se convertirá en la guía del viaje sin retorno más maravilloso que puedas emprender jamás: hacia tu interior.

Ante una vicisitud como la anorexia o la bulimia (o cualquier otra) tenemos dos opciones: dejarnos sumergir o verla como una oportunidad para descubrirnos, para expandirnos y para sanarnos. Independientemente de los mensajes que veamos en los medios de comunicación o lo que nos imponga la sociedad del consumo, debemos enfatizar nuestro valor como mujeres, y no el valor de nuestra apariencia. Somos mucho más que una talla, una medida o un kilogramo. Somos una entidad que merece ser nutrida positivamente y con amor, y la nutrición no sólo incluye alimentos, también pensamientos, emociones, relaciones y todo lo que nos rodea, para así vivir en unión y armonía.

Fotografía por Gabriel Matula en Unsplash


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