Nuevas Espiritualidades entre Llamados y Tentaciones

September 30, 2022
Columna
por:
No items found.
espiritualidad y mujeres
Foto de Kaushal Moradiya

En realidad, la espiritualidad no es nueva, pues es una dimensión permanente del ser humano, pero sí son nuevas sus expresiones. En la tendencia actual, esas manifestaciones son el resultado del proceso de globalización, del cambio de paradigma a la postmodernidad y la búsqueda espiritual más allá de las instituciones religiosas. 

En cuanto a la globalización, el mundo se ve enriquecido por el intercambio de ideas, de fuentes, de recursos, que cada vez más da el paso a constituir una gran e interconectada cultura planetaria, que afecta también la dimensión religiosa. Las personas tienen la posibilidad de acceder a más información, pueden recibir formación de cualquier parte del mundo y lo más importante, pueden comunicarse con personas a nivel internacional para escuchar sus testimonios, enseñanzas y experiencias espirituales. Este camino se ve facilitado por los medios de comunicación y en particular por las redes sociales.

Pasando al tema de la postmodernidad, se confirma que no sólo estamos en un “época de cambios sino en un cambio de época” marcado por un maravilloso regreso a la sensibilidad, a la corporalidad, a los sentidos, al anhelo por una salud holística, al contacto con la naturaleza, al valor por lo femenino, a los micro relatos, a la belleza, a la búsqueda del sentido. Lo descrito, es muy diferente a las épocas anteriores marcadas por la racionalidad, las estructuras, los grandes relatos dominantes, el patriarcado y las formas de pensamiento abstracto. 

En el componente de la desintitucionalización, se descubre el reclamo valiente de la gente, por acceder directamente a la divinidad y no a través de las mediaciones de las instituciones tradiciones. Las personas manifiestan un desencanto, y en algunas ocasiones mucha desconfianza respecto de las organizaciones, los grupos estructurados y de los líderes. Esto puede deberse a los escándalos, al alejamiento, a la manipulación, a los fanatismos, o simplemente que algunas instituciones o costumbres religiosas se quedaron anquilosadas, distantes o sin sentido en la vida cotidiana.

Con honestidad las nuevas generaciones esperan encontrar una respuesta espiritual más cercana, más sensible a los sentimientos humanos, con más estética, más armonizada, más íntima, personalizada y tolerante, como mediación de autoencuentro personal y de encuentro con la divinidad y esto debe ser tenido muy en cuenta como una necesidad sentida y deseada por las personas y las sociedades contemporáneas. 

Lo anterior son deseos muy válidos y positivos de nuestros días, pero también sería conveniente tener en cuenta las siguientes tentaciones presentes en las difusas búsquedas actuales:

  • Crear una mezcla, un cóctel, que al final resultaría a una espiritualidad superficial, al gusto del consumidor, sin compromiso con los propios procesos, o con la evolución creativa del entorno.

  • Aislamiento progresivo y egocéntrico de las propias creencias, desconociendo el valor y la verdad de los otros y de la comunidad. Una veneración que al final sería únicamente una idolatría a la propia imagen.

  • Relativismo moral que justifica el daño a los demás, o una indiferencia moral que desconoce las realidades del entorno y que no ayuda a superar el dolor, la ignorancia o la vulnerabilidad de la humanidad. Preocuparse por el “más allá” olvidándose del “más acá”

  • Privilegiar la sensibilidad y la novedad sin crear raíces profundas, ni históricas, lo que ocasiona que algunos vayan de escuela en escuela, de maestro en maestro, de práctica en práctica, como “turistas espirituales” buscando sensaciones y no transformaciones.

  • Priorizar únicamente algunos temas como prosperidad, abundancia, armonía, empoderamiento, negando dimensiones que son también humanas como la duda, la caída, la oscuridad, el miedo, la enfermedad o la muerte. Es oportuno recordar que una espiritualidad fuerte no debe temer a abrazar y abordar todas las dimensiones del ser humano para ser amadas, aceptadas e iluminadas.

  • Convertir la espiritualidad en una moda, en un escapismo para no asumir la realidad. Por ejemplo, idealizar el amor universal y olvidar el amor propio y el de los semejantes. Ir detrás del “gurú” de temporada y olvidar el maestro que está dentro de cada ser.

  • Creer que la espiritualidad son fórmulas, ritos, fetiches, talleres de resultados inmediatos sin tener en cuenta que varios de los procesos internos requieren tiempo, madurez y fundamentación. También existe la propaganda falsa en este mercado de ofertas espirituales.

  • Pensar que todo es práctica espiritual auténtica, solo porque parece espiritual. Se requiere practicar el discernimiento para darse cuenta que en este mundo existen muchos estafadores, avivatos, abusivos y manipuladores que son hábiles lobos con maravillosos trajes de ovejas, o lo peor gente realmente alienada, desconectada y hasta mentalmente enferma que se inventa cuentos espirituales para atrapar a los demás en sus delirios.

De todas estas temáticas bien se podría hacer un libro, por ahora te dejo estas cortas reflexiones deseando te sirvan a tu discernimiento en el viaje espiritual a ti misma. Deseo nos leamos pronto en un próximo escrito.

Nuevas Espiritualidades entre Llamados y Tentaciones

Columna
por:
No items found.
September 30, 2022

Galería

No items found.
espiritualidad y mujeres
Foto de Kaushal Moradiya

En realidad, la espiritualidad no es nueva, pues es una dimensión permanente del ser humano, pero sí son nuevas sus expresiones. En la tendencia actual, esas manifestaciones son el resultado del proceso de globalización, del cambio de paradigma a la postmodernidad y la búsqueda espiritual más allá de las instituciones religiosas. 

En cuanto a la globalización, el mundo se ve enriquecido por el intercambio de ideas, de fuentes, de recursos, que cada vez más da el paso a constituir una gran e interconectada cultura planetaria, que afecta también la dimensión religiosa. Las personas tienen la posibilidad de acceder a más información, pueden recibir formación de cualquier parte del mundo y lo más importante, pueden comunicarse con personas a nivel internacional para escuchar sus testimonios, enseñanzas y experiencias espirituales. Este camino se ve facilitado por los medios de comunicación y en particular por las redes sociales.

Pasando al tema de la postmodernidad, se confirma que no sólo estamos en un “época de cambios sino en un cambio de época” marcado por un maravilloso regreso a la sensibilidad, a la corporalidad, a los sentidos, al anhelo por una salud holística, al contacto con la naturaleza, al valor por lo femenino, a los micro relatos, a la belleza, a la búsqueda del sentido. Lo descrito, es muy diferente a las épocas anteriores marcadas por la racionalidad, las estructuras, los grandes relatos dominantes, el patriarcado y las formas de pensamiento abstracto. 

En el componente de la desintitucionalización, se descubre el reclamo valiente de la gente, por acceder directamente a la divinidad y no a través de las mediaciones de las instituciones tradiciones. Las personas manifiestan un desencanto, y en algunas ocasiones mucha desconfianza respecto de las organizaciones, los grupos estructurados y de los líderes. Esto puede deberse a los escándalos, al alejamiento, a la manipulación, a los fanatismos, o simplemente que algunas instituciones o costumbres religiosas se quedaron anquilosadas, distantes o sin sentido en la vida cotidiana.

Con honestidad las nuevas generaciones esperan encontrar una respuesta espiritual más cercana, más sensible a los sentimientos humanos, con más estética, más armonizada, más íntima, personalizada y tolerante, como mediación de autoencuentro personal y de encuentro con la divinidad y esto debe ser tenido muy en cuenta como una necesidad sentida y deseada por las personas y las sociedades contemporáneas. 

Lo anterior son deseos muy válidos y positivos de nuestros días, pero también sería conveniente tener en cuenta las siguientes tentaciones presentes en las difusas búsquedas actuales:

  • Crear una mezcla, un cóctel, que al final resultaría a una espiritualidad superficial, al gusto del consumidor, sin compromiso con los propios procesos, o con la evolución creativa del entorno.

  • Aislamiento progresivo y egocéntrico de las propias creencias, desconociendo el valor y la verdad de los otros y de la comunidad. Una veneración que al final sería únicamente una idolatría a la propia imagen.

  • Relativismo moral que justifica el daño a los demás, o una indiferencia moral que desconoce las realidades del entorno y que no ayuda a superar el dolor, la ignorancia o la vulnerabilidad de la humanidad. Preocuparse por el “más allá” olvidándose del “más acá”

  • Privilegiar la sensibilidad y la novedad sin crear raíces profundas, ni históricas, lo que ocasiona que algunos vayan de escuela en escuela, de maestro en maestro, de práctica en práctica, como “turistas espirituales” buscando sensaciones y no transformaciones.

  • Priorizar únicamente algunos temas como prosperidad, abundancia, armonía, empoderamiento, negando dimensiones que son también humanas como la duda, la caída, la oscuridad, el miedo, la enfermedad o la muerte. Es oportuno recordar que una espiritualidad fuerte no debe temer a abrazar y abordar todas las dimensiones del ser humano para ser amadas, aceptadas e iluminadas.

  • Convertir la espiritualidad en una moda, en un escapismo para no asumir la realidad. Por ejemplo, idealizar el amor universal y olvidar el amor propio y el de los semejantes. Ir detrás del “gurú” de temporada y olvidar el maestro que está dentro de cada ser.

  • Creer que la espiritualidad son fórmulas, ritos, fetiches, talleres de resultados inmediatos sin tener en cuenta que varios de los procesos internos requieren tiempo, madurez y fundamentación. También existe la propaganda falsa en este mercado de ofertas espirituales.

  • Pensar que todo es práctica espiritual auténtica, solo porque parece espiritual. Se requiere practicar el discernimiento para darse cuenta que en este mundo existen muchos estafadores, avivatos, abusivos y manipuladores que son hábiles lobos con maravillosos trajes de ovejas, o lo peor gente realmente alienada, desconectada y hasta mentalmente enferma que se inventa cuentos espirituales para atrapar a los demás en sus delirios.

De todas estas temáticas bien se podría hacer un libro, por ahora te dejo estas cortas reflexiones deseando te sirvan a tu discernimiento en el viaje espiritual a ti misma. Deseo nos leamos pronto en un próximo escrito.

Prohibida su reproducción parcial o total, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su autor y Revista Level.

COPYRIGHT © RevistaLevel.com.co

Arriba