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Año 1919: Aspersores autoritaristas
Riegos ostracistas de odio y discriminación
Camisas negras fumigando a la población
Cámaras de gas para el asesinato masivo

Año 2021:
Dosis letales de glifofascismo
Armas para la conquista y la dominación
Camisas negras exterminando activistas
Cámaras de gas letales y glifofascistas
¿Quién detendrá esta aspersión?”


UNA MODALIDAD DE RIEGO CRIMINAL


Para la primera mitad del siglo XX el mundo se había intoxicado con la aspersión fascista, el encargado de rociar tal maldad sobre el mundo fue Hitler, apoyado por Mussolini. Estos dictadores, crearon una modalidad de riego que se basó en rociar odio y discriminación sin control. Los principales aspersores fueron las milicias conocidas como “las camisas negras”, era una fuerza de choque paramilitar armada con aparatos de fumigación para el exterminio de sindicalistas, huelguistas e intelectuales de izquierda, nada distante de nuestra realidad actual. Hoy, similares escuadrones de muerte ordenan la aspersión letal de líderes, lideresas sociales y de todo lo que representa paz.


El ejemplo más macabro de aspersión fascista y nazista ocurrió en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, allí fueron asesinadas más de 1.1 millones de personas entre los años de 1940 y 1945. Este dispositivo consistió en encerrar a las víctimas en una cámara hermética para ser rociadas con gotas de cianuro, monóxido de carbono o insecticidas para pestes, con el único fin de tener un efecto letal que no era otro que el holocausto. Las víctimas eran llevadas con engaños, con la idea de que allí las esperaba una “ducha para desinfectarse”, pero en realidad eran asperjadas con veneno.


Actualmente, la aspersión fascista continúa, “las camisas negras” marchan en los campos, esparcen todo su odio contra las comunidades étnicas, defensores, defensoras, líderes, lideresas, excombatientes, docentes y población inocente. Y como si no fuera suficiente, este escuadrón criminal también aspira acabar con todo a su paso, con la naturaleza, las siembras, los ríos, las aves y toda forma de vida. Su bandera es la violación flagrante de los Derechos Humanos. 


TAN VENENOSO ES EL FASCISMO COMO EL GLIFOSATO


Tan venenoso es el fascismo como el glifosato, los dos son venenos igual de peligrosos, pueden intoxicar todo lo que tocan, herir sin piedad y causar muertes. La fumigación de cultivos ilícitos equivale a una aspersión con glifofascismo, se trata de dosis letales de menosprecio por la vida. El glifosato puede tener la letalidad de la aspersión en una cámara de gas, este siniestro químico, penetra por la piel, las vías respiratorias, causa daños irreparables en el sistema cardiovascular y nervioso, hasta tener efectos tan crónicos como irreversibles. 


De la misma forma que para los nazis “la solución final” no fue más que otro eufemismo para el holocausto, “la solución final de erradicación de cultivos ilícitos” no es más que otro término ambigüo para la devastación de los ecosistemas. Bajo el disfraz de “la política antidrogas” se pretende convertir los campos y selvas colombianas, en una gran cámara de gas, donde quedarán confinadas las comunidades para ser envenenadas con glifosato o desplazadas huyendo de la intoxicación. 


La aspersión glifofascista es un ritual de riego ostracista, que afecta principalmente a las comunidades étnicas, genera exclusión, desplazamientos forzados y pobreza. Destruye los bosques nativos, las fuentes hídricas y la biodiversidad. Este gaseamiento de odio es inducido por el afán criminal de exterminar sin importar las consecuencias de asperjar. 


Así como los nazis engañaron a las víctimas de la cámara de gas con la expresión eufemística de las “duchas”, a la población colombiana se le engaña con una “política antidrogas” que utiliza la aspersión con glifosato como su principal fachada, pero que en realidad no es más que un veneno de devastación masiva acorde con la cultura de la muerte. La política “antidrogas” es una política glifofascista.


Ojalá llegue el día en que esta sociedad reciba un riego de aspersión con el agua bendita de la paz, la igualdad, la justicia social y la empatía. Que todos y todas disfrutemos el rocío de las libertades, sin el miedo a la intoxicación del ensimismamiento y la alienación que proviene de los aspersores autoritaristas. Cuanta falta le hace a la ignominiosa clase política una aspersión para fumigar la corrupción, la ignorancia y la avaricia que la permea, hasta parece disfrutan su propio veneno.


“Rocía agua bendita y florecerá la tierra
Rocía veneno maldito y marchitarás la siembra”


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Riegos ostracistas de odio y discriminación
Camisas negras fumigando a la población
Cámaras de gas para el asesinato masivo

Año 2021:
Dosis letales de glifofascismo
Armas para la conquista y la dominación
Camisas negras exterminando activistas
Cámaras de gas letales y glifofascistas
¿Quién detendrá esta aspersión?”


UNA MODALIDAD DE RIEGO CRIMINAL


Para la primera mitad del siglo XX el mundo se había intoxicado con la aspersión fascista, el encargado de rociar tal maldad sobre el mundo fue Hitler, apoyado por Mussolini. Estos dictadores, crearon una modalidad de riego que se basó en rociar odio y discriminación sin control. Los principales aspersores fueron las milicias conocidas como “las camisas negras”, era una fuerza de choque paramilitar armada con aparatos de fumigación para el exterminio de sindicalistas, huelguistas e intelectuales de izquierda, nada distante de nuestra realidad actual. Hoy, similares escuadrones de muerte ordenan la aspersión letal de líderes, lideresas sociales y de todo lo que representa paz.


El ejemplo más macabro de aspersión fascista y nazista ocurrió en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, allí fueron asesinadas más de 1.1 millones de personas entre los años de 1940 y 1945. Este dispositivo consistió en encerrar a las víctimas en una cámara hermética para ser rociadas con gotas de cianuro, monóxido de carbono o insecticidas para pestes, con el único fin de tener un efecto letal que no era otro que el holocausto. Las víctimas eran llevadas con engaños, con la idea de que allí las esperaba una “ducha para desinfectarse”, pero en realidad eran asperjadas con veneno.


Actualmente, la aspersión fascista continúa, “las camisas negras” marchan en los campos, esparcen todo su odio contra las comunidades étnicas, defensores, defensoras, líderes, lideresas, excombatientes, docentes y población inocente. Y como si no fuera suficiente, este escuadrón criminal también aspira acabar con todo a su paso, con la naturaleza, las siembras, los ríos, las aves y toda forma de vida. Su bandera es la violación flagrante de los Derechos Humanos. 


TAN VENENOSO ES EL FASCISMO COMO EL GLIFOSATO


Tan venenoso es el fascismo como el glifosato, los dos son venenos igual de peligrosos, pueden intoxicar todo lo que tocan, herir sin piedad y causar muertes. La fumigación de cultivos ilícitos equivale a una aspersión con glifofascismo, se trata de dosis letales de menosprecio por la vida. El glifosato puede tener la letalidad de la aspersión en una cámara de gas, este siniestro químico, penetra por la piel, las vías respiratorias, causa daños irreparables en el sistema cardiovascular y nervioso, hasta tener efectos tan crónicos como irreversibles. 


De la misma forma que para los nazis “la solución final” no fue más que otro eufemismo para el holocausto, “la solución final de erradicación de cultivos ilícitos” no es más que otro término ambigüo para la devastación de los ecosistemas. Bajo el disfraz de “la política antidrogas” se pretende convertir los campos y selvas colombianas, en una gran cámara de gas, donde quedarán confinadas las comunidades para ser envenenadas con glifosato o desplazadas huyendo de la intoxicación. 


La aspersión glifofascista es un ritual de riego ostracista, que afecta principalmente a las comunidades étnicas, genera exclusión, desplazamientos forzados y pobreza. Destruye los bosques nativos, las fuentes hídricas y la biodiversidad. Este gaseamiento de odio es inducido por el afán criminal de exterminar sin importar las consecuencias de asperjar. 


Así como los nazis engañaron a las víctimas de la cámara de gas con la expresión eufemística de las “duchas”, a la población colombiana se le engaña con una “política antidrogas” que utiliza la aspersión con glifosato como su principal fachada, pero que en realidad no es más que un veneno de devastación masiva acorde con la cultura de la muerte. La política “antidrogas” es una política glifofascista.


Ojalá llegue el día en que esta sociedad reciba un riego de aspersión con el agua bendita de la paz, la igualdad, la justicia social y la empatía. Que todos y todas disfrutemos el rocío de las libertades, sin el miedo a la intoxicación del ensimismamiento y la alienación que proviene de los aspersores autoritaristas. Cuanta falta le hace a la ignominiosa clase política una aspersión para fumigar la corrupción, la ignorancia y la avaricia que la permea, hasta parece disfrutan su propio veneno.


“Rocía agua bendita y florecerá la tierra
Rocía veneno maldito y marchitarás la siembra”


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