Decido Esperarte: la Historia de un Estado Culpable de Desaparición y de unas Mujeres que Esperan a sus Desaparecidos.

June 10, 2019
Columna
por:
Foto: Rubén Bagüés  Unsplash

“Te conjuro en el tiempo,

te conjuro en mi espacio;

yo no tengo la prisa del

común de los hombres:

Yo decido esperarte.

Si es virtud lo que quieres,

ponme a prueba en el acto,

que mi tiempo es el tuyo

y mi espacio es tu espacio.

Ponme a prueba si quieres:

yo decido esperarte”.

(Alexander Monroy Cárdenas/esperarte)

LA HISTORIA DE UN ESTADO CULPABLE DE DESAPARICIÓN…

El drama de la desaparición forzada en Colombia es una tragedia barbárica “desaparecer a un ser humano”, es fragmentar el concepto mismo de la dignidad y destruir a las familias de quienes han sido las víctimas directas, ellos y ellas oscilan entre la vida y la muerte, la ausencia y la presencia de sus seres amados. Se puede afirmar que es uno de los crímenes más repudiables ideados por la maldad humana.

Es una de las prácticas represivas de mayor atrocidad que utilizan los violentos para producir terror y sembrar destrucción, perpetrada por actores estatales y no estatales con el fin de reprimir luchas, acallar voces y causar un sufrimiento prolongado en el tiempo. Sus víctimas, en su mayoría campesinas y campesinos, líderes y lideresas sindicales, estudiantes, militantes de izquierda, defensores y defensoras de Derechos Humanos y actualmente un alto número de mujeres adolescentes y adultas.

En Colombia han desaparecido más de 80.000 personas en los últimos 50 años en el marco del conflicto armado interno. El impacto de este crimen es de proporciones inmorales si se tiene en cuenta que hay una alta responsabilidad del Estado Colombiano. Históricamente los primeros registros de esta tragedia se ubican entre los años 1970 a 1981, la mayoría de casos fueron atribuibles a los agentes de seguridad del Estado y a las organizaciones paramilitares que se empezaban a gestar, las prácticas contrainsurgentes parecían “normalizar la desaparición forzada”.

Posteriormente en el periodo comprendido entre los años 1982 a 2005 este delito aumenta de forma paralela al expansionismo paramilitar apoyado por oscuras fuerzas del Estado preludio del apogeo Uribista. Así mismo, La guerrilla tuvo su dosis de participación en las conocidas pescas milagrosas, los secuestros masivos y el reclutamiento forzado de niños y niñas.

Durante este período es imposible olvidar el caso emblemático de la desaparición forzada de Nydia Erika Bautista, el día 30 de agosto del año 1987, socióloga, economista, sindicalista, torturada por dos semanas por fuerzas del Estado con el fin de conseguir su aceptación de vinculación al movimiento M-19, posteriormente, fue detenida por la brigada veinte del Ejército Nacional; torturada, abusada sexualmente y desaparecida por tres años hasta que su cuerpo fue hallado en descomposición. Este caso, es solo uno de los múltiples casos en los cuales el ESTADO ES CULPABLE DE DESAPARICIÓN.

En la década comprendida entre los años 2006 a 2010, período que coincide con la reelección de Álvaro Uribe Vélez, como presidente de Colombia, los paramilitares no sólo se fortalecieron, sino que se disfrazaron con una presunta desmovilización promovida por este gobierno como una forma de garantizar su impunidad y favorecer su acción delictiva a través de prácticas tan macabras como la desaparición forzada y las masacres,  más grave aún, el Estado participó directamente en lo que se conoció como los mal llamados “falsos positivos”, los jóvenes desaparecidos y luego asesinados y presentados como falsas bajas del ejército Nacional. COLOMBIA NO PUEDE DESCONOCER ESTOS HECHOS ES IMPERDONABLE SU OLVIDO.

En los últimos años se registraron cerca de 10.000 víctimas en territorios caracterizados por la pos desmovilización que sucedieron a los paramilitares o que más bien formaron nuevas facciones. En este sentido, el Estado es protagonista histórico de las condiciones que rodean la desaparición forzada tanto por su falta de acción cuando es cometida por actores no estatales como por su responsabilidad directa en estos hechos, se trata de un crimen de lesa humanidad que en ocasiones ha contado con la aquiescencia estatal de Gobiernos como el del señor Uribe. ES UN LLAMADO A LA MEMORIA HISTÓRICA Y A LA RESPONSABILIDAD EN LAS DECISIONES POLÍTICAS.

Y LA HISTORIA DE UNAS MUJERES QUE ESPERAN A SUS DESAPARECIDOS…

Podrá pasar la vida entera pero el recuerdo de los familiares desaparecidos es una tortura psicológica para quienes por años y por décadas se han preguntado, ¿Dónde están mis hijos, mis hijas? ¿Dónde está mi esposo, mi esposa? ¿Dónde está mi padre, mi madre? ¿Dónde están? ¿Cuánto han sufrido? ¿Estarán vivos o muertos? ¿Dónde dormirán en una celda o en una fosa común?

Estos son los crueles interrogantes con los que tienen que vivir miles de mujeres que experimentaron la ausencia de sus hijos, hijas y familiares, un ciclo de vida interrumpida por la maldad de los perpetradores de esta atrocidad. No obstante, del sufrimiento emergieron mujeres luchadoras y valientes que no perdieron la esperanza, emprendieron luchas contra la impunidad de estos crímenes. Su voz ha sido escuchada en escenarios Nacionales e Internacionales, fueron abanderadas en hacer visible lo invisible y en exigir la responsabilidad de un ESTADO CULPABLE DE DESAPARICIÓN.

Organizaciones y colectivos sociales de mujeres como la Fundación Nydia Erika Bautista, la Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria, Madres de Soacha, Madres por la Vida, Mujeres Caminando por la Verdad, Grupo Independiente de Mujeres y de Víctimas del Conflicto Armado, Hijos e Hijas por la Memoria y Contra la Impunidad, Red de Tejedoras de la Memoria, representan la esperanza que permanece en el tiempo de alcanzar Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición.

Estas asociaciones de Mujeres le dijeron a sus desaparecidos: “YO DECIDO ESPERARTE” y así lo han hecho, con lágrimas, luchas, miedos, resistencias, denuncias sociales, mecanismos legales, movilizaciones, plantones, velatones; lo han hecho amenazadas, vulneradas, revictimizadas, perseguidas y estigmatizadas. Su valor no tiene límites, son ejemplo de lucha contra la opresión y de un amor inagotable que se sostiene en el tiempo con la esperanza de volver a ver a sus familiares o de darles una digna sepultura. Su mayor interés es obtener Verdad, saber ¿Qué pasó? y ¿Por qué pasó? como camino para lograr Justicia en hechos que no pueden quedar en la total impunidad.

Así mismo, lograron que la desaparición forzada fuera reconocida como un delito a través de la ley 589 de 2000, en este contexto fue creada la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas que se convirtió en una esperanza para los familiares que requieren del impulso de la investigación para luchar contra la injusticia. Adicionalmente, La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas es una especie de conquista socio política de los colectivos sociales que incidieron en el camino de construcción de Paz, en el marco de la implementación del acuerdo firmado en el año 2016, y claro, de la Jurisdicción Especial para la Paz,  tiene como fin garantizar el Derecho a la Verdad.

Pese a estos esfuerzos, existen hoy altos niveles de impunidad de este crimen, que se agravan con la persecución a las lideresas sociales que hacen parte de diversos colectivos entre ellos los dedicados a combatir la arbitrariedad de la desaparición forzada. Por ejemplo, la Fundación Nydia Erika Bautista fue atacada de manera infame en enero de 2019; Alfamir Castillo, una de las madres de Soacha reconocida como víctima en el proceso del General Montoya, sufrió un atentado durante este mismo mes  del cual salió milagrosamente ilesa, fue repudiado por la comunidad internacional. Estos hechos pueden dar cuenta de innumerables ataques a esta población.

Así mismo, las organizaciones de mujeres sufren en ocasiones de la indiferencia y la insensibilidad social e institucional frente a esta problemática. Es hora de entender el inmenso dolor de las víctimas y dejar a un lado la mezquindad social con la que se dice este problema no es mío, porque realmente nos afecta a todos y todas, se trata de un ataque a la construcción del tejido social.

LA SOCIEDAD COLOMBIANA TIENE UNA DEUDA HISTÓRICA CON LOS FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS DE DESAPARICIÓN FORZADA ES POR ELLO QUE UNIDOS Y UNIDAS DEBEMOS APOYARLOS EN LA TAREA DE: “YO DECIDO ESPERARTE”

CON MEMORIA Y SIN OLVIDO.

¡QUE LO ÚNICO QUE DESAPAREZCA SEA LA  INDIFERENCIA!

Decido Esperarte: la Historia de un Estado Culpable de Desaparición y de unas Mujeres que Esperan a sus Desaparecidos.

April 29, 2019
Columna
por:
Foto: Rubén Bagüés  Unsplash

“Te conjuro en el tiempo,

te conjuro en mi espacio;

yo no tengo la prisa del

común de los hombres:

Yo decido esperarte.

Si es virtud lo que quieres,

ponme a prueba en el acto,

que mi tiempo es el tuyo

y mi espacio es tu espacio.

Ponme a prueba si quieres:

yo decido esperarte”.

(Alexander Monroy Cárdenas/esperarte)

LA HISTORIA DE UN ESTADO CULPABLE DE DESAPARICIÓN…

El drama de la desaparición forzada en Colombia es una tragedia barbárica “desaparecer a un ser humano”, es fragmentar el concepto mismo de la dignidad y destruir a las familias de quienes han sido las víctimas directas, ellos y ellas oscilan entre la vida y la muerte, la ausencia y la presencia de sus seres amados. Se puede afirmar que es uno de los crímenes más repudiables ideados por la maldad humana.

Es una de las prácticas represivas de mayor atrocidad que utilizan los violentos para producir terror y sembrar destrucción, perpetrada por actores estatales y no estatales con el fin de reprimir luchas, acallar voces y causar un sufrimiento prolongado en el tiempo. Sus víctimas, en su mayoría campesinas y campesinos, líderes y lideresas sindicales, estudiantes, militantes de izquierda, defensores y defensoras de Derechos Humanos y actualmente un alto número de mujeres adolescentes y adultas.

En Colombia han desaparecido más de 80.000 personas en los últimos 50 años en el marco del conflicto armado interno. El impacto de este crimen es de proporciones inmorales si se tiene en cuenta que hay una alta responsabilidad del Estado Colombiano. Históricamente los primeros registros de esta tragedia se ubican entre los años 1970 a 1981, la mayoría de casos fueron atribuibles a los agentes de seguridad del Estado y a las organizaciones paramilitares que se empezaban a gestar, las prácticas contrainsurgentes parecían “normalizar la desaparición forzada”.

Posteriormente en el periodo comprendido entre los años 1982 a 2005 este delito aumenta de forma paralela al expansionismo paramilitar apoyado por oscuras fuerzas del Estado preludio del apogeo Uribista. Así mismo, La guerrilla tuvo su dosis de participación en las conocidas pescas milagrosas, los secuestros masivos y el reclutamiento forzado de niños y niñas.

Durante este período es imposible olvidar el caso emblemático de la desaparición forzada de Nydia Erika Bautista, el día 30 de agosto del año 1987, socióloga, economista, sindicalista, torturada por dos semanas por fuerzas del Estado con el fin de conseguir su aceptación de vinculación al movimiento M-19, posteriormente, fue detenida por la brigada veinte del Ejército Nacional; torturada, abusada sexualmente y desaparecida por tres años hasta que su cuerpo fue hallado en descomposición. Este caso, es solo uno de los múltiples casos en los cuales el ESTADO ES CULPABLE DE DESAPARICIÓN.

En la década comprendida entre los años 2006 a 2010, período que coincide con la reelección de Álvaro Uribe Vélez, como presidente de Colombia, los paramilitares no sólo se fortalecieron, sino que se disfrazaron con una presunta desmovilización promovida por este gobierno como una forma de garantizar su impunidad y favorecer su acción delictiva a través de prácticas tan macabras como la desaparición forzada y las masacres,  más grave aún, el Estado participó directamente en lo que se conoció como los mal llamados “falsos positivos”, los jóvenes desaparecidos y luego asesinados y presentados como falsas bajas del ejército Nacional. COLOMBIA NO PUEDE DESCONOCER ESTOS HECHOS ES IMPERDONABLE SU OLVIDO.

En los últimos años se registraron cerca de 10.000 víctimas en territorios caracterizados por la pos desmovilización que sucedieron a los paramilitares o que más bien formaron nuevas facciones. En este sentido, el Estado es protagonista histórico de las condiciones que rodean la desaparición forzada tanto por su falta de acción cuando es cometida por actores no estatales como por su responsabilidad directa en estos hechos, se trata de un crimen de lesa humanidad que en ocasiones ha contado con la aquiescencia estatal de Gobiernos como el del señor Uribe. ES UN LLAMADO A LA MEMORIA HISTÓRICA Y A LA RESPONSABILIDAD EN LAS DECISIONES POLÍTICAS.

Y LA HISTORIA DE UNAS MUJERES QUE ESPERAN A SUS DESAPARECIDOS…

Podrá pasar la vida entera pero el recuerdo de los familiares desaparecidos es una tortura psicológica para quienes por años y por décadas se han preguntado, ¿Dónde están mis hijos, mis hijas? ¿Dónde está mi esposo, mi esposa? ¿Dónde está mi padre, mi madre? ¿Dónde están? ¿Cuánto han sufrido? ¿Estarán vivos o muertos? ¿Dónde dormirán en una celda o en una fosa común?

Estos son los crueles interrogantes con los que tienen que vivir miles de mujeres que experimentaron la ausencia de sus hijos, hijas y familiares, un ciclo de vida interrumpida por la maldad de los perpetradores de esta atrocidad. No obstante, del sufrimiento emergieron mujeres luchadoras y valientes que no perdieron la esperanza, emprendieron luchas contra la impunidad de estos crímenes. Su voz ha sido escuchada en escenarios Nacionales e Internacionales, fueron abanderadas en hacer visible lo invisible y en exigir la responsabilidad de un ESTADO CULPABLE DE DESAPARICIÓN.

Organizaciones y colectivos sociales de mujeres como la Fundación Nydia Erika Bautista, la Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria, Madres de Soacha, Madres por la Vida, Mujeres Caminando por la Verdad, Grupo Independiente de Mujeres y de Víctimas del Conflicto Armado, Hijos e Hijas por la Memoria y Contra la Impunidad, Red de Tejedoras de la Memoria, representan la esperanza que permanece en el tiempo de alcanzar Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición.

Estas asociaciones de Mujeres le dijeron a sus desaparecidos: “YO DECIDO ESPERARTE” y así lo han hecho, con lágrimas, luchas, miedos, resistencias, denuncias sociales, mecanismos legales, movilizaciones, plantones, velatones; lo han hecho amenazadas, vulneradas, revictimizadas, perseguidas y estigmatizadas. Su valor no tiene límites, son ejemplo de lucha contra la opresión y de un amor inagotable que se sostiene en el tiempo con la esperanza de volver a ver a sus familiares o de darles una digna sepultura. Su mayor interés es obtener Verdad, saber ¿Qué pasó? y ¿Por qué pasó? como camino para lograr Justicia en hechos que no pueden quedar en la total impunidad.

Así mismo, lograron que la desaparición forzada fuera reconocida como un delito a través de la ley 589 de 2000, en este contexto fue creada la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas que se convirtió en una esperanza para los familiares que requieren del impulso de la investigación para luchar contra la injusticia. Adicionalmente, La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas es una especie de conquista socio política de los colectivos sociales que incidieron en el camino de construcción de Paz, en el marco de la implementación del acuerdo firmado en el año 2016, y claro, de la Jurisdicción Especial para la Paz,  tiene como fin garantizar el Derecho a la Verdad.

Pese a estos esfuerzos, existen hoy altos niveles de impunidad de este crimen, que se agravan con la persecución a las lideresas sociales que hacen parte de diversos colectivos entre ellos los dedicados a combatir la arbitrariedad de la desaparición forzada. Por ejemplo, la Fundación Nydia Erika Bautista fue atacada de manera infame en enero de 2019; Alfamir Castillo, una de las madres de Soacha reconocida como víctima en el proceso del General Montoya, sufrió un atentado durante este mismo mes  del cual salió milagrosamente ilesa, fue repudiado por la comunidad internacional. Estos hechos pueden dar cuenta de innumerables ataques a esta población.

Así mismo, las organizaciones de mujeres sufren en ocasiones de la indiferencia y la insensibilidad social e institucional frente a esta problemática. Es hora de entender el inmenso dolor de las víctimas y dejar a un lado la mezquindad social con la que se dice este problema no es mío, porque realmente nos afecta a todos y todas, se trata de un ataque a la construcción del tejido social.

LA SOCIEDAD COLOMBIANA TIENE UNA DEUDA HISTÓRICA CON LOS FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS DE DESAPARICIÓN FORZADA ES POR ELLO QUE UNIDOS Y UNIDAS DEBEMOS APOYARLOS EN LA TAREA DE: “YO DECIDO ESPERARTE”

CON MEMORIA Y SIN OLVIDO.

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