Discriminación medicalizada: La disforia de género y los ‘’trastornos de la identidad sexual’’

June 9, 2019
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Foto de Luis Cortes Martínez en Unsplash.

A medida que los tiempos cambian y crece la aceptación hacia ciertos grupos sociales, tales como la comunidad LGBTI, se presta mayor atención a otros grupos marginados que empiezan a buscar la reivindicación de sus derechos, tal como sus antecesores. De esta manera, es que una sigla tan famosa como la LGBTI, actualmente ha evolucionado a LGBTTTIQA. Sin embargo, aunque estas comunidades adquieran mayor  reconocimiento, eso no significa para estas ganarse el respeto y condiciones equitativas en esta sociedad. Las comunidades de transgéneros, travestis y transexuales son de particular vulnerabilidad ante una sociedad aún en proceso de aceptación y entendimiento de la infinita variabilidad de orientaciones sexuales, emocionales, identidades de género, etc.

Hago énfasis en la vulnerabilidad de estas comunidades debido al estigma social del que han sido víctimas, el cual hasta hace tan poco tiempo fue apoyado incluso por ciencias humanas y de la salud como la medicina y en particular: la psiquiatría; la cual pesar de ser una profesión guiada por la ideología de la beneficencia o no maleficencia, es decir, hacer el bien, o por lo menos no hacer el mal, aunque no siempre se cumpla, ha sido utilizada para patologizar injustificadamente a lo que se conoce como disforia de género, travestismo, transexualidad, transgenerismo, etc. Es increíble que solo hasta la quinta edición del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) y la onceava edición de la clasificación internacional de enfermedades (CIE-11), del 2013 y 2018 respectivamente, se hiciera el avance de dejar de hablar de estos como enfermedades. Claro está que su sola presencia en estas guías sea causa de controversia u ofensa para tales comunidades, aunque no se hable de esto como una enfermedad. Por ejemplo, el travestismo, o tranvestismo como se le llama en el DSM-V sigue situado en esta clasificación de hace ya varios años, aunque fue retirada en la CIE-11 junto al transexualismo, así como cuando tales clasificaciones retiraron el diagnóstico de la homosexualidad, es una muestra del gran avance que se está haciendo hacia la aceptación de estas comunidades.

Muchos consideran que la disforia de género es un problema mental o de cordura. Sin embargo, pocos realmente se educan sobre el tema y entienden que en estas comunidades la disforia de género, la identidad de género, el travestismo, la orientación sexual y la sexualidad, entre otros términos, se entienden como cosas totalmente diferentes cuando realmente lo son. Por ejemplo: la disforia de género se entiende como la inconformidad que presenta una persona con el género que le fue asignado que puede o no generar incomodidad y no tiene predilección hacía un género en particular,es decir, no solo femenino o masculino; transgenerismo se refiere a aquellas personas que abierta y permanentemente se identifican con un género diferente al asignado al nacer; transexualismo se refiere a aquellos que además de identificarse con un género diferente al determinado al nacer, realizan procedimientos hormonales, quirúrgicos u otros para asemejarse al género deseado; y el travestismo hace referencia a aquellos que se visten de manera similar a otro género, aunque no se identifiquen con tal género (y puede estar asociado o no a excitación sexual u otras emociones) y puede ir o no acompañada de disforia de género. Recomiendo la lectura del capítulo sobre la disforia de género en el DSM-V como ejemplo de algo que todos deberíamos saber: no hay terminología, etiquetas ni definiciones para lo que es la sexualidad y el género que se puedan mantener invariables en el tiempo. Es decir, un mismo término puede tener un significado personal, cultural y social diferente para cada persona, lugar y contexto. De esta manera, su significado está en constante cambio y no es lo mismo para diferentes personas, comunidades e incluso para una misma comunidad con el paso del tiempo.

Si no educamos a los jóvenes, quienes son más susceptibles a aceptar, entender y adaptarse al cambio, no se lograra formar una sociedad tolerante ante futuros cambios y grupos sociales que puedan surgir. Además, en un mundo donde la interconectividad generada por redes como el internet y los grandes conglomerados de seres humanos permiten compartir ideas, experiencias y opiniones, condiciones que permiten generar un proceso lento y constante para empoderar a todas las comunidades vulnerables (como las LGBTTTIQA u otras que ni siquiera se conozcan o tengan voz actualmente).

La finalidad de este artículo es recordar a toda persona, sin importar su identidad de género u orientación sexual, que el ser quien es nunca ha sido ni será una enfermedad. Solamente ha sido incomprendido por la deficiencia que muestra el sistema de educación para cambiar factores sociales y culturales que permitan generar aceptación, respeto y entendimiento sobre temas tan básicos y necesarios para el desarrollo de la personalidad (puesto que cualquiera puede pertenecer a estas a tu alrededor, y todos estamos en constante autodescubrimiento). Por esta razón hay grupos como el grupo TRANSERES ofrecido por el Centro Psicopedagógico Integrado (CEPI) en Medellín o la fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas con Experiencia de Vida Trans) en Bogotá, o esta revista, por medio de los cuales cualquiera que desee o necesite ayuda o consejería para el proceso terapéutico o de transición puede solicitarla y recibirla.

Para todo lector espero sirva como sensibilización el saber que, según Colombia diversa, para el 2015 fueron asesinadas 110 personas LGBT, incluidas 32 mujeres trans, y el 95% de los casos de homicidios contra personas LGBT siguen impunes hasta tal fecha. Es inaceptable que la intolerancia genera violencia, lo cual se dificulta por el contexto sociocultural en que nos encontramos en Colombia. Sin embargo, es necesario que se tome conciencia acerca de las condiciones de riesgo en que viven estas comunidades debido a tratar de ejercer la libre expresión de su personalidad.

Como conclusión, deseo invitar a todo lector a profundizar y compartir su conocimiento sobre la comunidad LGBTTTIQA, promoviendo su aceptación. Y recuerden, el tiempo de patologizar lo que no entendemos ha quedado atrás, estas comunidades y sus movimientos no son una enfermedad sino la cura para las mentes cerradas y la intolerancia.


Discriminación medicalizada: La disforia de género y los ‘’trastornos de la identidad sexual’’

January 15, 2019
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Foto de Luis Cortes Martínez en Unsplash.

A medida que los tiempos cambian y crece la aceptación hacia ciertos grupos sociales, tales como la comunidad LGBTI, se presta mayor atención a otros grupos marginados que empiezan a buscar la reivindicación de sus derechos, tal como sus antecesores. De esta manera, es que una sigla tan famosa como la LGBTI, actualmente ha evolucionado a LGBTTTIQA. Sin embargo, aunque estas comunidades adquieran mayor  reconocimiento, eso no significa para estas ganarse el respeto y condiciones equitativas en esta sociedad. Las comunidades de transgéneros, travestis y transexuales son de particular vulnerabilidad ante una sociedad aún en proceso de aceptación y entendimiento de la infinita variabilidad de orientaciones sexuales, emocionales, identidades de género, etc.

Hago énfasis en la vulnerabilidad de estas comunidades debido al estigma social del que han sido víctimas, el cual hasta hace tan poco tiempo fue apoyado incluso por ciencias humanas y de la salud como la medicina y en particular: la psiquiatría; la cual pesar de ser una profesión guiada por la ideología de la beneficencia o no maleficencia, es decir, hacer el bien, o por lo menos no hacer el mal, aunque no siempre se cumpla, ha sido utilizada para patologizar injustificadamente a lo que se conoce como disforia de género, travestismo, transexualidad, transgenerismo, etc. Es increíble que solo hasta la quinta edición del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) y la onceava edición de la clasificación internacional de enfermedades (CIE-11), del 2013 y 2018 respectivamente, se hiciera el avance de dejar de hablar de estos como enfermedades. Claro está que su sola presencia en estas guías sea causa de controversia u ofensa para tales comunidades, aunque no se hable de esto como una enfermedad. Por ejemplo, el travestismo, o tranvestismo como se le llama en el DSM-V sigue situado en esta clasificación de hace ya varios años, aunque fue retirada en la CIE-11 junto al transexualismo, así como cuando tales clasificaciones retiraron el diagnóstico de la homosexualidad, es una muestra del gran avance que se está haciendo hacia la aceptación de estas comunidades.

Muchos consideran que la disforia de género es un problema mental o de cordura. Sin embargo, pocos realmente se educan sobre el tema y entienden que en estas comunidades la disforia de género, la identidad de género, el travestismo, la orientación sexual y la sexualidad, entre otros términos, se entienden como cosas totalmente diferentes cuando realmente lo son. Por ejemplo: la disforia de género se entiende como la inconformidad que presenta una persona con el género que le fue asignado que puede o no generar incomodidad y no tiene predilección hacía un género en particular,es decir, no solo femenino o masculino; transgenerismo se refiere a aquellas personas que abierta y permanentemente se identifican con un género diferente al asignado al nacer; transexualismo se refiere a aquellos que además de identificarse con un género diferente al determinado al nacer, realizan procedimientos hormonales, quirúrgicos u otros para asemejarse al género deseado; y el travestismo hace referencia a aquellos que se visten de manera similar a otro género, aunque no se identifiquen con tal género (y puede estar asociado o no a excitación sexual u otras emociones) y puede ir o no acompañada de disforia de género. Recomiendo la lectura del capítulo sobre la disforia de género en el DSM-V como ejemplo de algo que todos deberíamos saber: no hay terminología, etiquetas ni definiciones para lo que es la sexualidad y el género que se puedan mantener invariables en el tiempo. Es decir, un mismo término puede tener un significado personal, cultural y social diferente para cada persona, lugar y contexto. De esta manera, su significado está en constante cambio y no es lo mismo para diferentes personas, comunidades e incluso para una misma comunidad con el paso del tiempo.

Si no educamos a los jóvenes, quienes son más susceptibles a aceptar, entender y adaptarse al cambio, no se lograra formar una sociedad tolerante ante futuros cambios y grupos sociales que puedan surgir. Además, en un mundo donde la interconectividad generada por redes como el internet y los grandes conglomerados de seres humanos permiten compartir ideas, experiencias y opiniones, condiciones que permiten generar un proceso lento y constante para empoderar a todas las comunidades vulnerables (como las LGBTTTIQA u otras que ni siquiera se conozcan o tengan voz actualmente).

La finalidad de este artículo es recordar a toda persona, sin importar su identidad de género u orientación sexual, que el ser quien es nunca ha sido ni será una enfermedad. Solamente ha sido incomprendido por la deficiencia que muestra el sistema de educación para cambiar factores sociales y culturales que permitan generar aceptación, respeto y entendimiento sobre temas tan básicos y necesarios para el desarrollo de la personalidad (puesto que cualquiera puede pertenecer a estas a tu alrededor, y todos estamos en constante autodescubrimiento). Por esta razón hay grupos como el grupo TRANSERES ofrecido por el Centro Psicopedagógico Integrado (CEPI) en Medellín o la fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas con Experiencia de Vida Trans) en Bogotá, o esta revista, por medio de los cuales cualquiera que desee o necesite ayuda o consejería para el proceso terapéutico o de transición puede solicitarla y recibirla.

Para todo lector espero sirva como sensibilización el saber que, según Colombia diversa, para el 2015 fueron asesinadas 110 personas LGBT, incluidas 32 mujeres trans, y el 95% de los casos de homicidios contra personas LGBT siguen impunes hasta tal fecha. Es inaceptable que la intolerancia genera violencia, lo cual se dificulta por el contexto sociocultural en que nos encontramos en Colombia. Sin embargo, es necesario que se tome conciencia acerca de las condiciones de riesgo en que viven estas comunidades debido a tratar de ejercer la libre expresión de su personalidad.

Como conclusión, deseo invitar a todo lector a profundizar y compartir su conocimiento sobre la comunidad LGBTTTIQA, promoviendo su aceptación. Y recuerden, el tiempo de patologizar lo que no entendemos ha quedado atrás, estas comunidades y sus movimientos no son una enfermedad sino la cura para las mentes cerradas y la intolerancia.


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