
Pedro Eloy caminaba alrededor de la iglesia cercana a su casa cuando todavía nadie lo había invitado a dar una charla TEDx. Avanzaba sin prisa, pero con intención. En su mente repetía ideas, medía tiempos y ordenaba frases, imaginando un escenario que aún no existía.
Aquella caminata no fue casual: fue un ensayo silencioso, el primer paso de una trayectoria que hoy lo posiciona como uno de los conferencistas y mentores más influyentes en el mundo empresarial.
Esa misma disciplina que Pedro aplicó para construir su voz es la que hoy utiliza para analizar las estructuras de poder.
La conversación con él parte de una realidad urgente en el ámbito corporativo: la mentoría no siempre aparece de manera natural para las mujeres. Mientras muchos hombres acceden a redes de apoyo ya establecidas, ellas suelen verse obligadas a buscar referentes por cuenta propia, exigir acompañamiento y construir espacios que históricamente se les han negado.
Pedro reconoce este desequilibrio, pero fija una coordenada clara sobre su propio aporte. Él ejerce la mentoría desde el escenario. “Me dedico a dar conferencias para empresas y congresos”, afirma.
Desde esa plataforma, estructura su trabajo en cuatro pilares críticos: productividad personal, metodología de ventas, experiencia del cliente y estrategia de negocios.
No habla desde la teoría académica, sino de la experiencia acumulada en procesos de transformación organizacional. En el área de productividad, por ejemplo, confronta una creencia profundamente arraigada: la confusión entre "estar ocupado" y "ser productivo".
“Puedes trabajar todo el día y no alcanzar resultados”, advierte. En sus intervenciones, insiste en desplazar el foco de las horas invertidas hacia los indicadores clave de desempeño, empujando a los líderes a preguntarse qué acciones generan un impacto real y cuáles son simple ruido.
Este cuestionamiento conecta con uno de sus conceptos centrales: la erosión. Pedro la describe como un desgaste silencioso que avanza cuando las personas dejan de cuestionar lo cotidiano.
La erosión aparece cuando se normaliza la ineficiencia y nadie se pregunta cómo mejorar un proceso, una llamada o una relación laboral.
“La innovación empieza con la innovación personal”, repite. Para él, esta mentalidad es la única forma de frenar el desgaste tanto en las organizaciones como en la carrera individual.
Cuando la conversación entra en el terreno de género, Pedro establece una distinción necesaria. Sostiene que la productividad no es una cuestión biológica, sino de hábitos y valores. Sin embargo, su experiencia empírica aporta un dato revelador: tras años de trabajar con equipos liderados por mujeres, ha percibido en ellas una orientación más nítida hacia los resultados concretos.
Esta observación no la plantea como una regla universal, sino como una evidencia suficiente para influir en decisiones estratégicas, como priorizar liderazgos femeninos en sus propios proyectos.
Aun así, reconoce que las expectativas sociales siguen siendo el principal freno. En su charla Talentos perdidos, Pedro aborda cómo los estigmas limitan el desarrollo profesional femenino bajo un guión repetido: estudiar y crecer, pero sin "incomodar" al sistema.
En las empresas, esto se traduce en sueldos desiguales y conversaciones incómodas que muchos líderes prefieren evitar. Pedro vincula estas omisiones con la pérdida de credibilidad, un activo innegociable en el liderazgo moderno.
Su visión sobre el acompañamiento tiene un origen personal. La figura que más apoyó su trayectoria fue su esposa. Cuando él decidió renunciar a la estabilidad para emprender, ella lo respaldó sin garantías: “Mientras tengamos pañales y leche, tú dale”, recuerda. Ese apoyo le enseñó el valor de sostener a alguien justo cuando el camino todavía no ofrece certezas.
La escena inicial vuelve al final con una nueva dimensión. Así como Pedro Eloy ensayó su voz caminando alrededor de una iglesia antes de tener un escenario, miles de mujeres hoy practican su liderazgo sin redes, sin mentores visibles y sin permisos previos.
La pregunta que Pedro deja sobre la mesa es directa y urgente: ¿Quién está acompañando hoy a las mujeres que todavía ensayan su futuro en silencio?


