La Cultura de la Muerte

October 9, 2019
Columna
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En Colombia las víctimas del conflicto armado, los pobres, los campesinos, los afrocolombianos, los indígenas y los jóvenes son quienes conforman esa zona de vacío entre la vida y la muerte, entre la existencia y la desaparición y entre el poder y la abyección… 

Juan Carlos Amador Profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas 


Achille Mbembe fue la primera persona en referirse al término de la Necropolítica, la que considera como el derecho a matar,  el derecho a exponer a otras personas a la muerte, es decir “ las formas contemporáneas de subyugación de la vida al poder de la muerte”, todo esto por medio de las masacres, feminicidios, ejecución, esclavitud, comercio sexual y desaparición forzada, así como los dispositivos legalmente administrativos que ordenan y sistematizan los efectos o las causas de las políticas de muerte, en el entendido de la destrucción de los cuerpos, los hábitats, culturas, modos de vida, migraciones, etc. 


Este concepto  representa un rol esencial en la gubernamentalidad neoliberal de estados capitalistas porque los dispositivos, técnicas, prácticas y estrategias en las relaciones de dominación tienen efectos muy radicales; por medio de la cosificación del ser humano que explora las formas mediante las cuales las fuerzas económicas e ideológicas del mundo moderno mercantilizan y reifican el cuerpo, disponiéndose a ser desechado y a ser aniquilada la integridad moral de las poblaciones que son reducidas a un conjunto de fuerzas de producción fácilmente sustituibles. 


Colombia se encuentra sometida bajo este concepto hace mucho tiempo, la cultura de la muerte es latente, bajo presupuestos guerreristas de la política de seguridad democrática que ha introducido modalidades necropolíticas relacionadas directamente con las guerrillas de las FARC y ELN especialmente, pero matizadas en aquel ciudadano, organización o movimiento que defiende el acuerdo de paz, al sabotaje del desarrollo del Sistema Integral de Verdad, Justicia,  Reparación y No Repetición, a la Justicia Especial para la Paz JEP, Juntas de Acción Comunal, Líderes Sociales, Colectivos Cocaleros, defensores del medio ambiente, entre otros. Por medio de estrategias que ficcionaliza al enemigo, convirtiéndolo en sujetos sacrificables, objetos de subhumanización que se introducen en el reino del cálculo político de desinformación  y estigmatizaciones tales como guerrillero, izquierdista, mamerto, terrorista. Todo esto con el objetivo de debilitar un modelo de justicia restauradora y así evitar que la sociedad conozca la verdad de los hechos del conflicto armado, obstruyendo el derecho a la verdad. Así quieren reducir el problema por medio de ataques a la contabilización de homicidios de ciertas personas que afecta no solo la manera como se entiende el problema sino que condiciona la concepción de las soluciones que se ofrecen, es decir, centrando la atención sobre la protección física de las personas y no sobre la generación de garantías más fuertes que permitan el ejercicio de libertades en las diferentes zonas del país. Estos ataques además de anular a la población y personas en particular, buscan dominar voluntades y ejercer  el control social sobre sectores, de igual manera, constriñen libertades y desincentivan la reinvindicación de derechos en el espacio público; generando el miedo a que la gente ejerza su derecho a la defensa, haciendo que la censura termine interiorizando. 

La defensa de los derechos humanos en Colombia se ejerce bajo asedio. Es tan grave esta situación que el riesgo y el miedo son elementos normales e interiorizados en el defensa de los derechos, generando un impacto social en cadena que intimidan las voluntades. En un Estado Neoliberal como el nuestro que controla el comportamiento individual a través de la disciplina además de regular y administrar el crecimiento y la mortandad de la población para la producción de sí misma por medio de técnicas de autocuidado, es decir, de desplazar al individuo la responsabilidad sobre su propia salud, educación y todo aquello que incide en la reproducción del capital humano que cada individuo posee para lograr desplazar sus obligaciones sociales a cada persona, echando mano a técnicas de poder como son la norma y la política pública que se hacen tangibles por medio de subjetividades y tecnologías paralegales y extralegales como los policías y militares sicarios, las disponibilidad indiscriminada de armas, la existencia de casas de seguridad clandestina, el uso de instituciones del Estado por parte de la delincuencia organizada, y los sujetos misóginos violentos protegidos por el pacto misógino o patriarcal como son las leyes discriminatorias y  autoridades judiciales violentas. 

___________________

Referencias

Imágenes

Pixabay 

Necropolítica - Sobre el Gobierno Privado Directo. Achille Mbembe

La Era de la Necropolítica en el Gobierno Uribe – Duque- Juan Carlos Amador

Muertos Buenos y Malos o la Necropolítica en Colombia - Juan Ricardo Aparicio. 


La Cultura de la Muerte

September 16, 2019
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En Colombia las víctimas del conflicto armado, los pobres, los campesinos, los afrocolombianos, los indígenas y los jóvenes son quienes conforman esa zona de vacío entre la vida y la muerte, entre la existencia y la desaparición y entre el poder y la abyección… 

Juan Carlos Amador Profesor de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas 


Achille Mbembe fue la primera persona en referirse al término de la Necropolítica, la que considera como el derecho a matar,  el derecho a exponer a otras personas a la muerte, es decir “ las formas contemporáneas de subyugación de la vida al poder de la muerte”, todo esto por medio de las masacres, feminicidios, ejecución, esclavitud, comercio sexual y desaparición forzada, así como los dispositivos legalmente administrativos que ordenan y sistematizan los efectos o las causas de las políticas de muerte, en el entendido de la destrucción de los cuerpos, los hábitats, culturas, modos de vida, migraciones, etc. 


Este concepto  representa un rol esencial en la gubernamentalidad neoliberal de estados capitalistas porque los dispositivos, técnicas, prácticas y estrategias en las relaciones de dominación tienen efectos muy radicales; por medio de la cosificación del ser humano que explora las formas mediante las cuales las fuerzas económicas e ideológicas del mundo moderno mercantilizan y reifican el cuerpo, disponiéndose a ser desechado y a ser aniquilada la integridad moral de las poblaciones que son reducidas a un conjunto de fuerzas de producción fácilmente sustituibles. 


Colombia se encuentra sometida bajo este concepto hace mucho tiempo, la cultura de la muerte es latente, bajo presupuestos guerreristas de la política de seguridad democrática que ha introducido modalidades necropolíticas relacionadas directamente con las guerrillas de las FARC y ELN especialmente, pero matizadas en aquel ciudadano, organización o movimiento que defiende el acuerdo de paz, al sabotaje del desarrollo del Sistema Integral de Verdad, Justicia,  Reparación y No Repetición, a la Justicia Especial para la Paz JEP, Juntas de Acción Comunal, Líderes Sociales, Colectivos Cocaleros, defensores del medio ambiente, entre otros. Por medio de estrategias que ficcionaliza al enemigo, convirtiéndolo en sujetos sacrificables, objetos de subhumanización que se introducen en el reino del cálculo político de desinformación  y estigmatizaciones tales como guerrillero, izquierdista, mamerto, terrorista. Todo esto con el objetivo de debilitar un modelo de justicia restauradora y así evitar que la sociedad conozca la verdad de los hechos del conflicto armado, obstruyendo el derecho a la verdad. Así quieren reducir el problema por medio de ataques a la contabilización de homicidios de ciertas personas que afecta no solo la manera como se entiende el problema sino que condiciona la concepción de las soluciones que se ofrecen, es decir, centrando la atención sobre la protección física de las personas y no sobre la generación de garantías más fuertes que permitan el ejercicio de libertades en las diferentes zonas del país. Estos ataques además de anular a la población y personas en particular, buscan dominar voluntades y ejercer  el control social sobre sectores, de igual manera, constriñen libertades y desincentivan la reinvindicación de derechos en el espacio público; generando el miedo a que la gente ejerza su derecho a la defensa, haciendo que la censura termine interiorizando. 

La defensa de los derechos humanos en Colombia se ejerce bajo asedio. Es tan grave esta situación que el riesgo y el miedo son elementos normales e interiorizados en el defensa de los derechos, generando un impacto social en cadena que intimidan las voluntades. En un Estado Neoliberal como el nuestro que controla el comportamiento individual a través de la disciplina además de regular y administrar el crecimiento y la mortandad de la población para la producción de sí misma por medio de técnicas de autocuidado, es decir, de desplazar al individuo la responsabilidad sobre su propia salud, educación y todo aquello que incide en la reproducción del capital humano que cada individuo posee para lograr desplazar sus obligaciones sociales a cada persona, echando mano a técnicas de poder como son la norma y la política pública que se hacen tangibles por medio de subjetividades y tecnologías paralegales y extralegales como los policías y militares sicarios, las disponibilidad indiscriminada de armas, la existencia de casas de seguridad clandestina, el uso de instituciones del Estado por parte de la delincuencia organizada, y los sujetos misóginos violentos protegidos por el pacto misógino o patriarcal como son las leyes discriminatorias y  autoridades judiciales violentas. 

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Referencias

Imágenes

Pixabay 

Necropolítica - Sobre el Gobierno Privado Directo. Achille Mbembe

La Era de la Necropolítica en el Gobierno Uribe – Duque- Juan Carlos Amador

Muertos Buenos y Malos o la Necropolítica en Colombia - Juan Ricardo Aparicio. 


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