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“Quién ama y defiende sus cadenas
Le cuesta luchar por la libertad
Quién sólo piensa en si mismo
Es incapaz de pensar en la otredad
Quién habla desde los privilegios
Desprecia la capacidad de empatizar
Quien sólo ve como Rorschach
Se asusta con la policromía vital
Créeme, no todo es blanco y negro
Y tampoco todo es o será rosa” 


En la dimensión obtusa existen personas desconectadas de la realidad, tan estrechas de pensamiento y de espíritu que piensan que el sentido crítico es una enfermedad o la reflexividad el peor de los males. Algunas prefieren vivir en el paraíso de las obtusidades a sentir empatía por las causas sociales. En la dimensión obtusa, la diferencia se equipará a rareza, la criticidad a conflictividad, la lucha a subversión, el análisis a mamertismo, el feminismo a nazismo, la honestidad a ingenuidad, las ideas socialistas a castrochavistas, la protesta social a haraganería. ¡Que cantidad de obtusidades!


Las personas obtusas prefieren vivir en la ignorancia, el mejor de sus estados es el de la negación: se niegan a pensar, reflexionar, fraternar e incluso se niegan a amar. De verdad parece que viven en otra dimensión, en donde reina la corrupción, la indiferencia y el ensimismamiento. En la dimensión obtusa no hay cabida para la libertad de pensamiento, todo es blanco o negro, todo es lo que diga el amo moderno, porque ni siquiera piensan por sí mismas. Obtusidad, es la escasez de neuronas para analizar y para cuestionar.


Y si, tal vez la obtusidad es un paraíso, por ahí dicen que en el reino de la ceguera la persona tuerta es la que reina, mientras más obtuso u obtusa se es, menos se sufre, porque menos se cuestiona sobre lo que está mal, menos se empatiza y menos se comprenden los fenómenos sociales. En la dimensión obtusa les encanta vivir momentos triviales, ¿para qué perder el tiempo en existencialidades? En esta dimensión se excluye a quien piensa diferente, a la persona elocuente, a la más inteligente, a quien transgrede los estereotipos y a quien lucha contra los prejuicios.


La dimensión obtusa es una prisión de banalidades, un dispositivo que aprisiona la capacidad crítica, la coherencia discursiva, la sabiduría y la bondad reflexiva. Hablar con una persona obtusa es hablar con un poste de concreto, estas personas, siempre permanecen sostenidas en la obstinación de su ignorancia, nunca aceptarán una idea nueva, permanecerán cimentadas en la sordera y seguirán defendiendo sin ningún argumento hasta la más absurda y loca idea. Defienden lo indefendible, idolatran la corrupción, se cierran a cualquier debate y lo peor aman la esclavitud de la alienación. Estas personas son prisioneras de su estrechez de entendimiento.





Y hablando de esclavitudes y prisiones,  con los únicos prisioneros que estoy de acuerdo es con la banda de rock chilena que le canta de alguna forma a la obtusidad: 


“Puedo entender estrechez de mente
Soportar la falta de experiencia
Pero no voy a aguantar

¡Estrechez de corazón!” 

No, no voy a aguantar estrechez de corazón.

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“Quién ama y defiende sus cadenas
Le cuesta luchar por la libertad
Quién sólo piensa en si mismo
Es incapaz de pensar en la otredad
Quién habla desde los privilegios
Desprecia la capacidad de empatizar
Quien sólo ve como Rorschach
Se asusta con la policromía vital
Créeme, no todo es blanco y negro
Y tampoco todo es o será rosa” 


En la dimensión obtusa existen personas desconectadas de la realidad, tan estrechas de pensamiento y de espíritu que piensan que el sentido crítico es una enfermedad o la reflexividad el peor de los males. Algunas prefieren vivir en el paraíso de las obtusidades a sentir empatía por las causas sociales. En la dimensión obtusa, la diferencia se equipará a rareza, la criticidad a conflictividad, la lucha a subversión, el análisis a mamertismo, el feminismo a nazismo, la honestidad a ingenuidad, las ideas socialistas a castrochavistas, la protesta social a haraganería. ¡Que cantidad de obtusidades!


Las personas obtusas prefieren vivir en la ignorancia, el mejor de sus estados es el de la negación: se niegan a pensar, reflexionar, fraternar e incluso se niegan a amar. De verdad parece que viven en otra dimensión, en donde reina la corrupción, la indiferencia y el ensimismamiento. En la dimensión obtusa no hay cabida para la libertad de pensamiento, todo es blanco o negro, todo es lo que diga el amo moderno, porque ni siquiera piensan por sí mismas. Obtusidad, es la escasez de neuronas para analizar y para cuestionar.


Y si, tal vez la obtusidad es un paraíso, por ahí dicen que en el reino de la ceguera la persona tuerta es la que reina, mientras más obtuso u obtusa se es, menos se sufre, porque menos se cuestiona sobre lo que está mal, menos se empatiza y menos se comprenden los fenómenos sociales. En la dimensión obtusa les encanta vivir momentos triviales, ¿para qué perder el tiempo en existencialidades? En esta dimensión se excluye a quien piensa diferente, a la persona elocuente, a la más inteligente, a quien transgrede los estereotipos y a quien lucha contra los prejuicios.


La dimensión obtusa es una prisión de banalidades, un dispositivo que aprisiona la capacidad crítica, la coherencia discursiva, la sabiduría y la bondad reflexiva. Hablar con una persona obtusa es hablar con un poste de concreto, estas personas, siempre permanecen sostenidas en la obstinación de su ignorancia, nunca aceptarán una idea nueva, permanecerán cimentadas en la sordera y seguirán defendiendo sin ningún argumento hasta la más absurda y loca idea. Defienden lo indefendible, idolatran la corrupción, se cierran a cualquier debate y lo peor aman la esclavitud de la alienación. Estas personas son prisioneras de su estrechez de entendimiento.





Y hablando de esclavitudes y prisiones,  con los únicos prisioneros que estoy de acuerdo es con la banda de rock chilena que le canta de alguna forma a la obtusidad: 


“Puedo entender estrechez de mente
Soportar la falta de experiencia
Pero no voy a aguantar

¡Estrechez de corazón!” 

No, no voy a aguantar estrechez de corazón.

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