La Revolución de la Costura

June 9, 2019
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Foto de Roman Spiridonov en Unsplash

La moda empodera o destruye.

Hace un tiempo conocí a una joven de 29 años, diseñadora de modas. Ella me concedió una entrevista, por cierto yo estaba muy interesada, porque quería tener una perspectiva más realista de lo que implica y significa ser mujer en la industria de la moda. De nuestra conversación pude extraer algunas ideas acerca de su experiencia en la industria y el oficio; principalmente, aprendí que la moda puede empoderar, pero también destruir a la mujer. Por eso, aquí van algunas ideas que me quedaron, y que, fundamentan esta afirmación:

1. Como en casi todas las industrias, ¡oh sorpresa!, esta también es demasiado machista y odiosa con la mujer

Para efectos de proteger su trabajo, me pidió que no pusiera su nombre, así que, la llamaremos Érika. Sí, proteger el cargo que tiene, en la empresa para la cual trabaja. Si bien se siente afortunada porque cree que, a diferencia del resto de empresas en esta industria, la suya es algo benévola con las mujeres, de todos modos, tiene miedo de las represalias que pueda haber por la publicación de algunos de los casos que ha visto durante su trabajo allí.

Érika trabaja para una empresa que básicamente vende información de las tendencias de moda; su cargo está en el área de servicio al cliente y su equipo está conformado por otras tres mujeres y su jefe, un hombre. Érika sabe que, si bien su empresa es indulgente con las mujeres, no lo es así su trabajo, ¿por qué? Porque aun cuando en los cargos operativos la mayoría son mujeres, en los cargos ejecutivos la generalidad es que sean hombres, lo que hace que el machismo implantado sea más palpable. Desde las relaciones con sus compañeros, hasta las relaciones con los clientes. Estos últimos, en su mayoría, también hombres.  

Me comentaba cosas como:

“Hemos vivido cosas traumáticas. Desde lo normal, que te miren de arriba abajo, así como acoso sexual, hasta tratarlo a uno como a una hija, porque te ven como la chiquita siempre. No les gusta vernos como sus pares sino como sus inferiores. Si me vieran como par a ellos, seguramente me tratarían diferente, peor. Un cliente me preguntó una vez “¿a ustedes les hacen casting antes de contratarlas?”, y era un hombre homosexual, pero si hubiera sido heterosexual, yo salía corriendo. Hubiera sido un momento muy amenazante”.

También, hay clientes que no visita sola nunca, y cuando viajan, las mandan de a dos. Incluso, tienen una aplicación para los viajes en caso de emergencia. Pero no en todas las empresas es así; muchas de sus clientes, que hoy son sus amigas, han vivido situaciones mucho más traumáticas, tales como, una de ellas, que recién salida de su licencia de maternidad fue enviada por dos meses a China. No les importó que tuviera un bebé recién nacido.

En otras empresas, para ingresar, les hacen exámenes ginecológicos, les preguntan si tienen planes de tener hijos en el corto plazo, y si están en edad de tenerlos, se hace más difícil que las contraten. Sabemos que a un hombre en las mismas circunstancias no le harían ese tipo de preguntas. Entonces, los obstáculos para desarrollarse profesionalmente siguen siendo más altos para las mujeres que para los hombres en esta profesión.


Ah bueno, gracias por tanto.


2. La lucha de una diseñadora no es muy diferente a la de sus modelos

No pensé que, para una diseñadora, la presión fuera la misma, como lo es para una modelo o para uno como mujer en tanto parte del mercado. Y es que, por ejemplo, los trastornos alimenticios, si bien no discriminan oficio o carrera profesional, Érika me contaba que, de su equipo de cuatro mujeres, está segura de que al menos tres de ellas han sufrido ya sea de bulimia o anorexia. Claro, son trastornos que no necesariamente están ligados con esta carrera profesional, pero al entrar en este mundo, ella piensa que se intensifican.

Por ejemplo, Érika es una mujer de una moda muy sencilla, según ella, su clóset está lleno de prendas básicas, y no ha sido muy amiga del maquillaje. Habiendo comenzado antes a estudiar música, nunca sintió la presión o la necesidad de vestirse o maquillarse de determinada manera; pero una vez llegó a la facultad de Diseño de Modas, sus profesores le increpaban el no maquillarse, por lo que tuvo que aprender a hacerlo. En una ocasión, una de sus compañeras le dijo “¿y tu no vas a modelar tus prendas? Ah, verdad que estas un poco gordita”.

Okey. Perdón por no estar en los huesos.

Vemos, una vez más, que la imposición de patrones de belleza que dañan nuestra seguridad y autoestima por nuestro aspecto físico y nuestro cuerpo no discriminan oficio, profesión o edad.


3.    La costura como medio de desarrollo


Pero, acá comienza la parte linda; de mi conversación con Érika salió una historia muy bella y un pasado de la moda que nunca me hubiera imaginado. Esto fue lo que más me gustó. En los tiempos de antes, sabemos que nuestras madres y nuestras abuelas veían una materia llamada “Costura” en el colegio, o desde pequeñas las enseñaban a coser. Siempre fue considerado un oficio femenino, hasta el punto de que las niñas veían esa asignatura mientras que los niños veían deportes o cualquier otra clase.

Pero, la verdad es que nunca había considerado el impacto de este oficio en el desarrollo de la mujer; de cómo se convirtió en un medio de desarrollo económico para muchas de las mujeres que, en  otra época, eran abandonadas por sus esposos y tenían que conseguir una manera para sostener su casa y sus hijos. Muchas lavaban o planchaban ropa, arreglaban casas, pero muchas encontraron su salvación cosiendo. Me contó, por ejemplo, de una mujer, la abuela de uno de sus mejores amigos, quien fue abandonada por su esposo y para sacar sus hijos adelante se dedicó a coser; ella es hoy la primera persona a la que Érika acude cuando necesita ayuda con alguno de sus diseños.

Es cierto que en la actualidad, prácticamente todos los oficios están abiertos tanto para hombres como para mujeres, pero, desde la Antigua Grecia, una sociedad eminentemente patriarcal, coser era una actividad reservada exclusivamente para las mujeres, mientras que después de los siete años, los niños eran encargados a unos instructores quienes los educaban en diversas materias como la música, el deporte, la escritura y la lectura; las niñas se quedaban en casa aprendiendo de sus madres las tareas del hogar, entre esas, la costura y la cocina. Así, la costura para las mujeres nace en un contexto en el que estaban destinadas a convertirse en amas de casa, y posteriormente se convierte en el medio para salir del hogar a la industria.

Y es que, además, desde antes, la costura ha sido revolucionaria, acordémonos de nuestra Policarpa Salavarrieta, que usaba su papel como costurera en las casas de las familias españolas para sonsacar secretos y contribuir a la revolución independentista.


4.    La costura como revolución

Y bueno, nunca más volveré a mirar este oficio y esta profesión de la misma manera. Conocer a Érika, sus perspectivas y las ideas que desde la industria misma han ido naciendo me dio esperanza. Esperanza de que la moda más allá de imponer patrones de belleza dañinos que nos hacen odiar nuestros cuerpos, puede ser y, de hecho, ha sido y está siendo, una herramienta revolucionaria que ha empoderado a miles de mujeres en el mundo. Algunas ideas cómo:

  • Deconstruir patrones de belleza: Desde la industria se ha buscado deconstruir esos patrones de belleza que se han impuesto desde siempre. Por ejemplo, en Argentina se va a presentar un proyecto de ley a comienzos de marzo para obligar a las marcas a  tener al menos 8 tallas y una estandarización de las mismas. (Arzola, 2019).
  • Dignificar el trabajo y hacer moda sostenible: Debo confesar que soy de esas personas que dice “voy a comprar solo ropa de marcas que no exploten a los trabajadores” o “solo voy a usar ropa que sea sostenible con el medio ambiente”, pero siendo sincera, siempre termino comprando en las mismas tiendas fast fashion porque me quedo con la idea de que la ropa producto de un trabajo justo o ambientalmente sostenible es mucho más cara y difícil de conseguir.

Pero no es así. De hecho, existen marcas y movimientos que promueven ropa sostenible y de labor justa. Un ejemplo, es el movimiento global denominado Fashion Revolution que trabaja por una industria de la moda más sostenible, haciendo activismo y exigiendo la reforma sistémica de la industria con un enfoque especial en la necesidad de una mayor transparencia en la cadena de suministro de la moda. (Salazar, 2019).

En este movimiento, cada año se han dedicado a hacer un estudio sobre la  industria para determinar el denominado “índice de transparencia”, que busca evaluar el desempeño de las marcas más importantes en torno a la transparencia que estas manejan con el público, entendiéndose esta como la apertura sobre las prácticas, materiales y políticas que poseen durante el ejercicio de su labor.

Dejo una gráfica de lo publicado, pero en este enlace pueden consultar un informe más detallado.

En esta gráfica, realizado por Fashion Revolution, se ven las marcas que para el año 2018 fueron más y menos transparentes. Tristemente, ninguna alcanza a tener ni siquiera un nivel del 60% o superior. Todas las marcas allí evaluadas, son marcas muy reconocidas, pero en Colombia existen otras, independientes, que hacen ropa de muy buena calidad, con una labor justa y por un precio accesible.


Para terminar, hay mucha gente en la industria que está luchando para que esta sea más justa, con menos estereotipos y más sostenible. Que el campo de la moda es uno que vive en constante cambio y revolución y que Érika hace parte de esa revolución también. Revolución que viene desde las generaciones pasadas que se empoderaron a partir del oficio y lograron avanzar. Pero hoy en día, es una revolución diferente; ya no es la de la mujer que sale del hogar, sino la de aquella que lucha para que a partir de un diseño, una prenda de vestir, podamos sentirnos cómodas, disminuir la explotación laboral y abogar por textiles amigables con nuestros cuerpos y con esta tierra en la que vivimos.


De conocerla, me llevé, entre otras cosas, las ganas de tener un consumo de moda consciente. Me enseñó que las prendas de marcas independientes que con seguridad podemos saber que no explotan gente, son mucho mejores en calidad que cualquier marca de fast fashion, y el precio no sube mucho. Así mismo, que cualquier prenda de industria nacional vale la pena. Me quedé reflexionando sobre esas marcas famosas que uso y que ella ha vetado por racistas, xenófobas, gordo-fóbicas y por apropiación cultural.


Y, claro, también me quedé con la idea de que para nuestras abuelas la costura, a pesar de ser concebida como una tarea para mantenerlas dentro de la casa, fue la herramienta que muchas de ellas usaron para salir al mundo. Comprendí que tenemos mucho por seguir aprendiendo unas de otras. Hay una riqueza enorme detrás de los oficios y profesiones que todas desempeñamos; desde la señora madre cabeza de familia que vende fruta en la esquina, hasta la diseñadora de más alta costura.


Para alguien como yo, que nunca ha estudiado nada sobre la moda, esto es la revolución de la costura.

La Revolución de la Costura

February 28, 2019
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Foto de Roman Spiridonov en Unsplash

La moda empodera o destruye.

Hace un tiempo conocí a una joven de 29 años, diseñadora de modas. Ella me concedió una entrevista, por cierto yo estaba muy interesada, porque quería tener una perspectiva más realista de lo que implica y significa ser mujer en la industria de la moda. De nuestra conversación pude extraer algunas ideas acerca de su experiencia en la industria y el oficio; principalmente, aprendí que la moda puede empoderar, pero también destruir a la mujer. Por eso, aquí van algunas ideas que me quedaron, y que, fundamentan esta afirmación:

1. Como en casi todas las industrias, ¡oh sorpresa!, esta también es demasiado machista y odiosa con la mujer

Para efectos de proteger su trabajo, me pidió que no pusiera su nombre, así que, la llamaremos Érika. Sí, proteger el cargo que tiene, en la empresa para la cual trabaja. Si bien se siente afortunada porque cree que, a diferencia del resto de empresas en esta industria, la suya es algo benévola con las mujeres, de todos modos, tiene miedo de las represalias que pueda haber por la publicación de algunos de los casos que ha visto durante su trabajo allí.

Érika trabaja para una empresa que básicamente vende información de las tendencias de moda; su cargo está en el área de servicio al cliente y su equipo está conformado por otras tres mujeres y su jefe, un hombre. Érika sabe que, si bien su empresa es indulgente con las mujeres, no lo es así su trabajo, ¿por qué? Porque aun cuando en los cargos operativos la mayoría son mujeres, en los cargos ejecutivos la generalidad es que sean hombres, lo que hace que el machismo implantado sea más palpable. Desde las relaciones con sus compañeros, hasta las relaciones con los clientes. Estos últimos, en su mayoría, también hombres.  

Me comentaba cosas como:

“Hemos vivido cosas traumáticas. Desde lo normal, que te miren de arriba abajo, así como acoso sexual, hasta tratarlo a uno como a una hija, porque te ven como la chiquita siempre. No les gusta vernos como sus pares sino como sus inferiores. Si me vieran como par a ellos, seguramente me tratarían diferente, peor. Un cliente me preguntó una vez “¿a ustedes les hacen casting antes de contratarlas?”, y era un hombre homosexual, pero si hubiera sido heterosexual, yo salía corriendo. Hubiera sido un momento muy amenazante”.

También, hay clientes que no visita sola nunca, y cuando viajan, las mandan de a dos. Incluso, tienen una aplicación para los viajes en caso de emergencia. Pero no en todas las empresas es así; muchas de sus clientes, que hoy son sus amigas, han vivido situaciones mucho más traumáticas, tales como, una de ellas, que recién salida de su licencia de maternidad fue enviada por dos meses a China. No les importó que tuviera un bebé recién nacido.

En otras empresas, para ingresar, les hacen exámenes ginecológicos, les preguntan si tienen planes de tener hijos en el corto plazo, y si están en edad de tenerlos, se hace más difícil que las contraten. Sabemos que a un hombre en las mismas circunstancias no le harían ese tipo de preguntas. Entonces, los obstáculos para desarrollarse profesionalmente siguen siendo más altos para las mujeres que para los hombres en esta profesión.


Ah bueno, gracias por tanto.


2. La lucha de una diseñadora no es muy diferente a la de sus modelos

No pensé que, para una diseñadora, la presión fuera la misma, como lo es para una modelo o para uno como mujer en tanto parte del mercado. Y es que, por ejemplo, los trastornos alimenticios, si bien no discriminan oficio o carrera profesional, Érika me contaba que, de su equipo de cuatro mujeres, está segura de que al menos tres de ellas han sufrido ya sea de bulimia o anorexia. Claro, son trastornos que no necesariamente están ligados con esta carrera profesional, pero al entrar en este mundo, ella piensa que se intensifican.

Por ejemplo, Érika es una mujer de una moda muy sencilla, según ella, su clóset está lleno de prendas básicas, y no ha sido muy amiga del maquillaje. Habiendo comenzado antes a estudiar música, nunca sintió la presión o la necesidad de vestirse o maquillarse de determinada manera; pero una vez llegó a la facultad de Diseño de Modas, sus profesores le increpaban el no maquillarse, por lo que tuvo que aprender a hacerlo. En una ocasión, una de sus compañeras le dijo “¿y tu no vas a modelar tus prendas? Ah, verdad que estas un poco gordita”.

Okey. Perdón por no estar en los huesos.

Vemos, una vez más, que la imposición de patrones de belleza que dañan nuestra seguridad y autoestima por nuestro aspecto físico y nuestro cuerpo no discriminan oficio, profesión o edad.


3.    La costura como medio de desarrollo


Pero, acá comienza la parte linda; de mi conversación con Érika salió una historia muy bella y un pasado de la moda que nunca me hubiera imaginado. Esto fue lo que más me gustó. En los tiempos de antes, sabemos que nuestras madres y nuestras abuelas veían una materia llamada “Costura” en el colegio, o desde pequeñas las enseñaban a coser. Siempre fue considerado un oficio femenino, hasta el punto de que las niñas veían esa asignatura mientras que los niños veían deportes o cualquier otra clase.

Pero, la verdad es que nunca había considerado el impacto de este oficio en el desarrollo de la mujer; de cómo se convirtió en un medio de desarrollo económico para muchas de las mujeres que, en  otra época, eran abandonadas por sus esposos y tenían que conseguir una manera para sostener su casa y sus hijos. Muchas lavaban o planchaban ropa, arreglaban casas, pero muchas encontraron su salvación cosiendo. Me contó, por ejemplo, de una mujer, la abuela de uno de sus mejores amigos, quien fue abandonada por su esposo y para sacar sus hijos adelante se dedicó a coser; ella es hoy la primera persona a la que Érika acude cuando necesita ayuda con alguno de sus diseños.

Es cierto que en la actualidad, prácticamente todos los oficios están abiertos tanto para hombres como para mujeres, pero, desde la Antigua Grecia, una sociedad eminentemente patriarcal, coser era una actividad reservada exclusivamente para las mujeres, mientras que después de los siete años, los niños eran encargados a unos instructores quienes los educaban en diversas materias como la música, el deporte, la escritura y la lectura; las niñas se quedaban en casa aprendiendo de sus madres las tareas del hogar, entre esas, la costura y la cocina. Así, la costura para las mujeres nace en un contexto en el que estaban destinadas a convertirse en amas de casa, y posteriormente se convierte en el medio para salir del hogar a la industria.

Y es que, además, desde antes, la costura ha sido revolucionaria, acordémonos de nuestra Policarpa Salavarrieta, que usaba su papel como costurera en las casas de las familias españolas para sonsacar secretos y contribuir a la revolución independentista.


4.    La costura como revolución

Y bueno, nunca más volveré a mirar este oficio y esta profesión de la misma manera. Conocer a Érika, sus perspectivas y las ideas que desde la industria misma han ido naciendo me dio esperanza. Esperanza de que la moda más allá de imponer patrones de belleza dañinos que nos hacen odiar nuestros cuerpos, puede ser y, de hecho, ha sido y está siendo, una herramienta revolucionaria que ha empoderado a miles de mujeres en el mundo. Algunas ideas cómo:

  • Deconstruir patrones de belleza: Desde la industria se ha buscado deconstruir esos patrones de belleza que se han impuesto desde siempre. Por ejemplo, en Argentina se va a presentar un proyecto de ley a comienzos de marzo para obligar a las marcas a  tener al menos 8 tallas y una estandarización de las mismas. (Arzola, 2019).
  • Dignificar el trabajo y hacer moda sostenible: Debo confesar que soy de esas personas que dice “voy a comprar solo ropa de marcas que no exploten a los trabajadores” o “solo voy a usar ropa que sea sostenible con el medio ambiente”, pero siendo sincera, siempre termino comprando en las mismas tiendas fast fashion porque me quedo con la idea de que la ropa producto de un trabajo justo o ambientalmente sostenible es mucho más cara y difícil de conseguir.

Pero no es así. De hecho, existen marcas y movimientos que promueven ropa sostenible y de labor justa. Un ejemplo, es el movimiento global denominado Fashion Revolution que trabaja por una industria de la moda más sostenible, haciendo activismo y exigiendo la reforma sistémica de la industria con un enfoque especial en la necesidad de una mayor transparencia en la cadena de suministro de la moda. (Salazar, 2019).

En este movimiento, cada año se han dedicado a hacer un estudio sobre la  industria para determinar el denominado “índice de transparencia”, que busca evaluar el desempeño de las marcas más importantes en torno a la transparencia que estas manejan con el público, entendiéndose esta como la apertura sobre las prácticas, materiales y políticas que poseen durante el ejercicio de su labor.

Dejo una gráfica de lo publicado, pero en este enlace pueden consultar un informe más detallado.

En esta gráfica, realizado por Fashion Revolution, se ven las marcas que para el año 2018 fueron más y menos transparentes. Tristemente, ninguna alcanza a tener ni siquiera un nivel del 60% o superior. Todas las marcas allí evaluadas, son marcas muy reconocidas, pero en Colombia existen otras, independientes, que hacen ropa de muy buena calidad, con una labor justa y por un precio accesible.


Para terminar, hay mucha gente en la industria que está luchando para que esta sea más justa, con menos estereotipos y más sostenible. Que el campo de la moda es uno que vive en constante cambio y revolución y que Érika hace parte de esa revolución también. Revolución que viene desde las generaciones pasadas que se empoderaron a partir del oficio y lograron avanzar. Pero hoy en día, es una revolución diferente; ya no es la de la mujer que sale del hogar, sino la de aquella que lucha para que a partir de un diseño, una prenda de vestir, podamos sentirnos cómodas, disminuir la explotación laboral y abogar por textiles amigables con nuestros cuerpos y con esta tierra en la que vivimos.


De conocerla, me llevé, entre otras cosas, las ganas de tener un consumo de moda consciente. Me enseñó que las prendas de marcas independientes que con seguridad podemos saber que no explotan gente, son mucho mejores en calidad que cualquier marca de fast fashion, y el precio no sube mucho. Así mismo, que cualquier prenda de industria nacional vale la pena. Me quedé reflexionando sobre esas marcas famosas que uso y que ella ha vetado por racistas, xenófobas, gordo-fóbicas y por apropiación cultural.


Y, claro, también me quedé con la idea de que para nuestras abuelas la costura, a pesar de ser concebida como una tarea para mantenerlas dentro de la casa, fue la herramienta que muchas de ellas usaron para salir al mundo. Comprendí que tenemos mucho por seguir aprendiendo unas de otras. Hay una riqueza enorme detrás de los oficios y profesiones que todas desempeñamos; desde la señora madre cabeza de familia que vende fruta en la esquina, hasta la diseñadora de más alta costura.


Para alguien como yo, que nunca ha estudiado nada sobre la moda, esto es la revolución de la costura.

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