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Fuente: Biibliored

En un país donde a las mujeres les ha tocado acostumbrarse a buscar a sus desaparecidos y enterrar a sus muertos, el papel de estas como víctimas directas de desaparición forzada ha sido invisibilizado.

Sin embargo, desde hace algunos años, diferentes organizaciones y colectivos de víctimas y defensores de Derechos Humanos, se han ocupado de investigar este fenómeno a lo largo y ancho del país con el objetivo de recoger datos confiables y, de esta manera aportar conocimiento especializado, seguimiento y visibilización acerca de la cantidad de mujeres que han sido víctimas de desaparición forzada en Colombia, sin embargo, hasta el día de hoy no se tienen muchos datos exactos, lo que sigue presentando un gran desafío para estas organización y para el Estado mismo.

A este reto y durante los últimos dos años se ha sumado Margareth Figueroa, integrante del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia. En desarrollo de su trabajo, esta comunicadora social conoció a Paulina Mahecha, una mujer víctima del conflicto armado a quien la violencia le arrebató a su hija María Cristina, quien era enfermera y desapareció a los 29 años en San José del Guaviare en el año 2004. 

En el camino de encontrar a su hija, Paulina ha participado en varias actividades de memoria colectiva y ha realizado varias obras artísticas para generar conciencia sobre el tema, y en este escenario nació esta exposición. El hecho de perder a su hija la llevó a desarrollar un proceso de exteriorización de su dolor y que ha materializado en la confección de una serie de muñecas de trapo que representan a su hija y otras mujeres desaparecidas en el marco del conflicto armado. En este sentido, con la participación de estas dos mujeres y otros muchos que se han sumado a la causa, nace la exposición “Las Cristinas del Conflicto”.

Las “Cristinas”, muñecas hechas a mano, cada una con nombre de una flor y con una historia diferente pero cruelmente similar. Tantos años de búsqueda la llevaron a conocer muchas historias similares a las de su hija y a darse cuenta de que en Colombia el fenómeno de la desaparición forzada de mujeres por causa del conflicto armado es mucho más común de lo que se conoce públicamente y se ha investigado.

Estas muñecas tienen nombres de flores porque como lo indicó Paulina en el lanzamiento de la exposición en la Librería Tornamesa, “las mujeres son las flores del campo y el jardín de Colombia que se está marchitando con el conflicto”. Quince muñecas, cada una representa una mujer desaparecida a causa del conflicto en los departamentos del Meta y Guaviare, historias todas que Paulina ha conocido de primera mano. Mujeres de todos los oficios, enfermeras, activistas sociales o políticas, niñas que caminaban por la calle, policías y, de todas las edades, desaparecidas en el marco del conflicto armado, no porque estuvieran haciendo algo mal o estuvieran en “malos pasos”, sino porque en Colombia, desde siempre, la mujer ha sido un botín de guerra de todos los grupos armados, incluso de los legales. 

Este es un tema oculto, invisible en la sociedad colombiana; y es que, si son invisibles los desaparecidos, mucho más lo son los casos de mujeres y niñas. La desaparición forzada es un delito y un fenómeno que genera una doble victimización en la mujer que lo sufre y en su familia; sobre todo porque si bien son más los desaparecidos hombres, son las mujeres quienes se quedan buscando y enterrando a sus seres queridos. En estos casos, se ha puesto a las mujeres como víctimas indirectas por perder el sustento económico, sin embargo, muchas mujeres han sufrido violencia física y sexual por estar buscando a sus desaparecidos, lo que supone que la búsqueda es un escenario de mucho riesgo para las mujeres (Tornamesa, 2019).

Pero también, como lo analizaban Alexia Van der Gracht del CICR y Yanette Bautista de la Fundación Nydia Erika Bautista en la inauguración de la exposición, los efectos de la desaparición de un hombre y una mujer son diferentes. La desaparición de una mujer genera una ruptura en la organización de la familia y esta debe estructurarse de nuevo; genera que las hijas y las abuelas reciban las cargas en las familias cuando desaparecen los hombres. De todo esto, surge la necesidad de darle un enfoque de género a la investigación de este fenómeno, especialmente, porque en gran parte, estas desapariciones están vinculadas a delitos sexuales cometidos en el marco del conflicto armado y las estadísticas han sido insuficientes para caracterizarlo. (Tornamesa, 2019).

La fundación Nydia Erika Bautista realizó un informe con estudios de caso desde 1985 hasta 2015, de las mujeres y niñas desaparecidas en el país y concluyó que las cifras oficiales son insuficientes para conocer la magnitud de este fenómeno, pues en su mayoría son datos que no son fehacientes ni contrastados, y tampoco han podido ser unificados desde las distintas entidades estatales, como el Registro Único de Víctimas o el Instituto de Medicina Legal. Se encontró que para el año 2015, de los 44.841 desaparecidos, 5.121 fueron mujeres (víctimas directas). Y como víctimas indirectas, de los 109.966, lo fueron 42.240. Sin embargo, se calcula que existen unos 19.659 casos de mujeres desaparecidas sin ningún tipo de información (Fundación Nydia Erika Bautisa, 2015).

Ahora bien, cuando asistí a la exposición, pude hablar con Margareth quien me habló un poco de lo que fue y ha significado el proceso de llevar a cabo esta exposición para Paulina y para ella. Desde que se conocen y surge la idea, toma un año aproximadamente llevarla a la realidad. Según Margareth “lo más difícil era lograr que fuera una buena idea y ponerla en lugares diferentes”; sin embargo, la exposición se fue abriendo paso sola. Para ella, llevarla a término, ver la acogida que ha recibido y la reacción que ha tenido Paulina, le demostró una resiliencia y una fortaleza que tenemos como mujeres, que la mayoría de las veces no es percibida. Fue, en sus palabras, “descubrir una fortaleza que hay en nosotras, pero que no siempre hemos podido ver que está ahí porque es difícil de materializar”.

En el mismo sentido, en sus conversaciones, descubrió que para Paulina el hecho de ver sus muñecas expuestas y que tanta gente las pueda conocer, fue como “volver a parir a Cristina”. Recuerda que la primera vez que le dijo que la exposición estaba lista, Paulina comenzó a llorar pues no podía creer que la gente fuera a conocer a las Cristinas; y es algo que ha sido muy importante dentro de su proceso de sanación, el poder generar conciencia y que la voz de su hija desaparecida y las de todas las mujeres allí representadas, no se quede para siempre enterrada en el olvido y la injusticia con las que sus vidas acabaron. Al darse cuenta de que era un homenaje para esas mujeres Paulina resignificó lo que representó hacer a las Cristinas; más allá de una manera de llevar ese duelo que no cierra por no poder encontrar a su hija, se le convirtió en una lucha para que este mensaje y estas vidas sean algo que el país deba conocer. En definitiva, resignificó el dolor en resiliencia.

Sin embargo, a pesar de lo que ha simbolizado esta exposición, para Paulina y para Margareth, el CICR y todas las organizaciones que luchan para encontrar la verdad en estos casos de desaparición forzada de mujeres, el reto sigue siendo grande; sigue siendo el de encontrar los lugares que necesitan de estas exposiciones y demás actividades de concientización para reducir la indiferencia; el de lograr que las familias de personas desaparecidas dejen de ser estigmatizadas por la sociedad y las autoridades. Porque es ese precisamente uno de los motivos por los que existe un subregistro de las cifras que no refleja la realidad; porque las autoridades cruelmente atribuyen las desapariciones a las propias víctimas y no las registran.

En conclusión, hay mucho que desconocemos y así como Paulina piensa en su hija todos los días de su vida y seguirá en su lucha de buscarla hasta el final, tenemos el deber de generar conciencia y hacer visible este fenómeno como uno de los tantos que han azotado a nuestro país.

Dijo Paulina “la sociedad colombiana tiene una deuda muy grande con las madres víctimas de desaparición”. Y cuanta verdad en esto; así es, Paulina, tenemos una gran deuda con ustedes.  

Esta exposición itinerante se encuentra hasta el 9 de agosto en la Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo y después seguirá su recorrido por diferentes espacios. Para más información, consultar en este link


_______________________________

Bibliografía:


Conversatorio: “Las Cristinas del Conflicto”. Comité Internacional de la Cruz Roja, Mayo 30 de 2019. Bogotá, Librería Tornamesa.


Redacción Fundación Nydia Erika Bautista. (22 de mayo de 2015). ¿Cuántas mujeres han sido desaparecidas en Colombia?. Bogotá. Fundación Nydia Erika Bautista para los Derechos Humanos

Comité Internacional de la Cruz Roja. (06 de mayo de 2019). Las Cristinas del Conflicto. Bogotá. CICR


Las que No Volvieron

Columna
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July 30, 2019

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Fuente: Biibliored

En un país donde a las mujeres les ha tocado acostumbrarse a buscar a sus desaparecidos y enterrar a sus muertos, el papel de estas como víctimas directas de desaparición forzada ha sido invisibilizado.

Sin embargo, desde hace algunos años, diferentes organizaciones y colectivos de víctimas y defensores de Derechos Humanos, se han ocupado de investigar este fenómeno a lo largo y ancho del país con el objetivo de recoger datos confiables y, de esta manera aportar conocimiento especializado, seguimiento y visibilización acerca de la cantidad de mujeres que han sido víctimas de desaparición forzada en Colombia, sin embargo, hasta el día de hoy no se tienen muchos datos exactos, lo que sigue presentando un gran desafío para estas organización y para el Estado mismo.

A este reto y durante los últimos dos años se ha sumado Margareth Figueroa, integrante del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia. En desarrollo de su trabajo, esta comunicadora social conoció a Paulina Mahecha, una mujer víctima del conflicto armado a quien la violencia le arrebató a su hija María Cristina, quien era enfermera y desapareció a los 29 años en San José del Guaviare en el año 2004. 

En el camino de encontrar a su hija, Paulina ha participado en varias actividades de memoria colectiva y ha realizado varias obras artísticas para generar conciencia sobre el tema, y en este escenario nació esta exposición. El hecho de perder a su hija la llevó a desarrollar un proceso de exteriorización de su dolor y que ha materializado en la confección de una serie de muñecas de trapo que representan a su hija y otras mujeres desaparecidas en el marco del conflicto armado. En este sentido, con la participación de estas dos mujeres y otros muchos que se han sumado a la causa, nace la exposición “Las Cristinas del Conflicto”.

Las “Cristinas”, muñecas hechas a mano, cada una con nombre de una flor y con una historia diferente pero cruelmente similar. Tantos años de búsqueda la llevaron a conocer muchas historias similares a las de su hija y a darse cuenta de que en Colombia el fenómeno de la desaparición forzada de mujeres por causa del conflicto armado es mucho más común de lo que se conoce públicamente y se ha investigado.

Estas muñecas tienen nombres de flores porque como lo indicó Paulina en el lanzamiento de la exposición en la Librería Tornamesa, “las mujeres son las flores del campo y el jardín de Colombia que se está marchitando con el conflicto”. Quince muñecas, cada una representa una mujer desaparecida a causa del conflicto en los departamentos del Meta y Guaviare, historias todas que Paulina ha conocido de primera mano. Mujeres de todos los oficios, enfermeras, activistas sociales o políticas, niñas que caminaban por la calle, policías y, de todas las edades, desaparecidas en el marco del conflicto armado, no porque estuvieran haciendo algo mal o estuvieran en “malos pasos”, sino porque en Colombia, desde siempre, la mujer ha sido un botín de guerra de todos los grupos armados, incluso de los legales. 

Este es un tema oculto, invisible en la sociedad colombiana; y es que, si son invisibles los desaparecidos, mucho más lo son los casos de mujeres y niñas. La desaparición forzada es un delito y un fenómeno que genera una doble victimización en la mujer que lo sufre y en su familia; sobre todo porque si bien son más los desaparecidos hombres, son las mujeres quienes se quedan buscando y enterrando a sus seres queridos. En estos casos, se ha puesto a las mujeres como víctimas indirectas por perder el sustento económico, sin embargo, muchas mujeres han sufrido violencia física y sexual por estar buscando a sus desaparecidos, lo que supone que la búsqueda es un escenario de mucho riesgo para las mujeres (Tornamesa, 2019).

Pero también, como lo analizaban Alexia Van der Gracht del CICR y Yanette Bautista de la Fundación Nydia Erika Bautista en la inauguración de la exposición, los efectos de la desaparición de un hombre y una mujer son diferentes. La desaparición de una mujer genera una ruptura en la organización de la familia y esta debe estructurarse de nuevo; genera que las hijas y las abuelas reciban las cargas en las familias cuando desaparecen los hombres. De todo esto, surge la necesidad de darle un enfoque de género a la investigación de este fenómeno, especialmente, porque en gran parte, estas desapariciones están vinculadas a delitos sexuales cometidos en el marco del conflicto armado y las estadísticas han sido insuficientes para caracterizarlo. (Tornamesa, 2019).

La fundación Nydia Erika Bautista realizó un informe con estudios de caso desde 1985 hasta 2015, de las mujeres y niñas desaparecidas en el país y concluyó que las cifras oficiales son insuficientes para conocer la magnitud de este fenómeno, pues en su mayoría son datos que no son fehacientes ni contrastados, y tampoco han podido ser unificados desde las distintas entidades estatales, como el Registro Único de Víctimas o el Instituto de Medicina Legal. Se encontró que para el año 2015, de los 44.841 desaparecidos, 5.121 fueron mujeres (víctimas directas). Y como víctimas indirectas, de los 109.966, lo fueron 42.240. Sin embargo, se calcula que existen unos 19.659 casos de mujeres desaparecidas sin ningún tipo de información (Fundación Nydia Erika Bautisa, 2015).

Ahora bien, cuando asistí a la exposición, pude hablar con Margareth quien me habló un poco de lo que fue y ha significado el proceso de llevar a cabo esta exposición para Paulina y para ella. Desde que se conocen y surge la idea, toma un año aproximadamente llevarla a la realidad. Según Margareth “lo más difícil era lograr que fuera una buena idea y ponerla en lugares diferentes”; sin embargo, la exposición se fue abriendo paso sola. Para ella, llevarla a término, ver la acogida que ha recibido y la reacción que ha tenido Paulina, le demostró una resiliencia y una fortaleza que tenemos como mujeres, que la mayoría de las veces no es percibida. Fue, en sus palabras, “descubrir una fortaleza que hay en nosotras, pero que no siempre hemos podido ver que está ahí porque es difícil de materializar”.

En el mismo sentido, en sus conversaciones, descubrió que para Paulina el hecho de ver sus muñecas expuestas y que tanta gente las pueda conocer, fue como “volver a parir a Cristina”. Recuerda que la primera vez que le dijo que la exposición estaba lista, Paulina comenzó a llorar pues no podía creer que la gente fuera a conocer a las Cristinas; y es algo que ha sido muy importante dentro de su proceso de sanación, el poder generar conciencia y que la voz de su hija desaparecida y las de todas las mujeres allí representadas, no se quede para siempre enterrada en el olvido y la injusticia con las que sus vidas acabaron. Al darse cuenta de que era un homenaje para esas mujeres Paulina resignificó lo que representó hacer a las Cristinas; más allá de una manera de llevar ese duelo que no cierra por no poder encontrar a su hija, se le convirtió en una lucha para que este mensaje y estas vidas sean algo que el país deba conocer. En definitiva, resignificó el dolor en resiliencia.

Sin embargo, a pesar de lo que ha simbolizado esta exposición, para Paulina y para Margareth, el CICR y todas las organizaciones que luchan para encontrar la verdad en estos casos de desaparición forzada de mujeres, el reto sigue siendo grande; sigue siendo el de encontrar los lugares que necesitan de estas exposiciones y demás actividades de concientización para reducir la indiferencia; el de lograr que las familias de personas desaparecidas dejen de ser estigmatizadas por la sociedad y las autoridades. Porque es ese precisamente uno de los motivos por los que existe un subregistro de las cifras que no refleja la realidad; porque las autoridades cruelmente atribuyen las desapariciones a las propias víctimas y no las registran.

En conclusión, hay mucho que desconocemos y así como Paulina piensa en su hija todos los días de su vida y seguirá en su lucha de buscarla hasta el final, tenemos el deber de generar conciencia y hacer visible este fenómeno como uno de los tantos que han azotado a nuestro país.

Dijo Paulina “la sociedad colombiana tiene una deuda muy grande con las madres víctimas de desaparición”. Y cuanta verdad en esto; así es, Paulina, tenemos una gran deuda con ustedes.  

Esta exposición itinerante se encuentra hasta el 9 de agosto en la Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo y después seguirá su recorrido por diferentes espacios. Para más información, consultar en este link


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Bibliografía:


Conversatorio: “Las Cristinas del Conflicto”. Comité Internacional de la Cruz Roja, Mayo 30 de 2019. Bogotá, Librería Tornamesa.


Redacción Fundación Nydia Erika Bautista. (22 de mayo de 2015). ¿Cuántas mujeres han sido desaparecidas en Colombia?. Bogotá. Fundación Nydia Erika Bautista para los Derechos Humanos

Comité Internacional de la Cruz Roja. (06 de mayo de 2019). Las Cristinas del Conflicto. Bogotá. CICR


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