La IA tiene un problema de autoridad: los hombres son citados 4,3 veces más como expertos
Cada semana, una nueva empresa promete transformar el trabajo con inteligencia artificial. Los medios entrevistan a fundadores, inversionistas y ejecutivos para interpretar lo que está ocurriendo.

El poder de explicar una revolución
Cada semana, una nueva empresa promete transformar el trabajo con inteligencia artificial. Los medios entrevistan a fundadores, inversionistas y ejecutivos para interpretar lo que está ocurriendo. Es una rutina razonable, pero deja una pregunta incómoda: ¿quién obtiene el derecho de explicarle al resto del mundo la revolución tecnológica?
Una investigación del Shorenstein Center de Harvard Kennedy School, publicada el 14 de octubre, permite medir parte de esa respuesta. Sus autores examinaron 78.542 artículos estadounidenses sobre IA, publicados entre julio de 2025 y junio de 2026. Los hombres fueron citados como expertos 4,3 veces más que las mujeres. En los titulares, sus nombres aparecieron 14,6 veces más.
La cifra más reveladora quizá sea otra. Entre las personas citadas por su conocimiento especializado, excluyendo a quienes aparecían por ocupar posiciones de poder como directivos, fundadores o funcionarios, las mujeres representaban aproximadamente una cuarta parte de los expertos cuyo género pudo identificarse. La desigualdad se reduce cuando se separa el cargo del conocimiento, pero no desaparece.
La autoridad también se fabrica en una redacción
No sería riguroso atribuir toda la diferencia a un sesgo de los periodistas. Los hombres ocupan buena parte de los puestos más visibles en la industria y, cuando una compañía anuncia un producto o una inversión, entrevistar a su máximo responsable suele ser una decisión informativa legítima. La propia investigación reconoce esa explicación parcial.
Pero la autoridad pública no se agota en el organigrama. Una ingeniera que estudia seguridad, una investigadora que audita modelos, una especialista en infraestructura o una economista que mide efectos laborales pueden explicar aspectos que el fundador de una empresa no conoce, o que tiene incentivos para presentar de determinada manera. Elegir siempre la misma clase de fuente estrecha el debate, incluso cuando cada cita individual parece justificada.
Harvard también encontró diferencias fuera de los medios. En una encuesta de 5.403 adultos estadounidenses realizada en julio de 2026, el 16 % de las mujeres declaró usar herramientas de IA regularmente, frente al 25 % de los hombres. Las trabajadoras reportaron menos acceso a formación, mentoría y estímulo laboral para utilizarlas. Eso importa porque una tecnología puede prometer elevar la productividad mientras sus beneficios se distribuyen de manera desigual desde el acceso a las herramientas.
Hay, sin embargo, un matiz esencial. Los datos observados de navegación en computadores no mostraron una diferencia estadísticamente significativa entre hombres y mujeres en haber usado IA alguna vez. Una encuesta sobre hábitos declarados y un registro de navegación miden cosas distintas. Presentarlos como si fueran la misma prueba sería exagerar la conclusión.
El silencio que queda fuera de las estadísticas
El estudio examina Estados Unidos, no Latinoamérica. Tampoco ofrece una medida directa de cuántas expertas latinas son consultadas en la cobertura internacional. Esa ausencia no autoriza a inventar un porcentaje regional; señala una investigación pendiente.
Para LEVEL, el desafío empieza en casa: si queremos explicar cómo la IA cambia el trabajo, el dinero y el poder, debemos ampliar sistemáticamente el universo de fuentes. No por cumplir una cuota de nombres, sino porque una historia contada únicamente por quienes venden o financian la tecnología es, por definición, una historia incompleta.
La IA todavía no tiene una voz única. El periodismo no debería darle una.
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