Seguridad Humana Feminista en la Escena Internacional

September 30, 2020
Columna
por:
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Lindsey LaMont

Desde el año 2014, Suecia ha adoptado un enfoque feminista en su política exterior. Su propósito ha sido el expandir las iniciativas internas que ha implementado desde hace algunos años y que la han llevado a ser uno de los Estados con mayores niveles de igualdad de género. Este nuevo planteamiento estratégico, que convierte a Suecia en el primer país del mundo en establecer una agenda internacional totalmente centrada en la promoción de los derechos humanos de las mujeres, tiene importantes implicaciones tanto políticas como legales.


Al posicionar al feminismo como eje transversal de la política internacional, Suecia promueve la implementación del concepto de Seguridad Humana, introducido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo - PNUD en la década de los años 90, en el que los individuos son considerados como el objeto principal de protección. Desde esta perspectiva, la inveterada seguridad nacional, entendida en términos puramente militares, es considerada como un marco conceptual insuficiente para entender “el amplio espectro de riesgos que enfrentan las personas en esta era global […] (Estrada – Tanck, 2011)”. 


A partir de tal descripción, la Seguridad Humana engloba 7 clases de seguridad, dependiendo del origen de los factores que amenazan el pleno goce de las libertades y derechos individuales: i)Seguridad económica; ii)Seguridad alimentaria; iii)Seguridad sanitaria; iv)Seguridad ambiental; v)Seguridad personal; vi)Seguridad comunitaria; y vii)Seguridad política.


De manera específica, la Seguridad Humana promueve dos aspectos fundamentales: la libertad del temor (freedom from fear) y libertad de la miseria (freedom from want). El primero es entendido como la noción “estrecha” del concepto, ya que se refiere a la protección de la violencia política o criminal que afecta los derechos a la vida, la libertad, la integridad física y la seguridad personal. La segunda, por otro lado, se relaciona con las condiciones socioeconómicas que obstaculizan el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales (Estrada-Tanck, 2011). En el marco de tales conceptos, el género es entendido como uno de los factores que pueden incrementar el nivel de exposición a los riesgos mencionados, razón por la que Suecia ha diseñado una estrategia internacional feminista que contrarresta las condiciones adversas a las que se enfrentan las mujeres alrededor del mundo, como resultado de estructuras sociales discriminatorias. 


Para implementar esta idea, el actuar internacional del país nórdico se ha basado en tres elementos fundamentales (conocidos como las tres erres por sus palabras en inglés): 1. Derechos, 2. Representación y 3. Recursos. El primero prioriza la promoción de los derechos humanos de las mujeres y la lucha contra la discriminación; el segundo enfatiza en la necesidad de aumentar la participación femenina en los procesos de toma de decisiones; y el tercero promueve la asignación de los medios financieros necesarios para garantizar la igualdad de género. 


Bajo estos tres pilares, el Estado sueco ha moldeado sus objetivos internacionales en materia de seguridad, comercio y cooperación al desarrollo. Así, ha planteado una serie de intereses programáticos que tienen por objetivo transformar las estructuras sociales que impiden concebir a las mujeres como sujetos de derechos. 


Desde el punto de vista de la libertad del temor, Suecia se ha comprometido en luchar contra la violencia física, sexual y psicológica sufrida por las mujeres. Además de prestar apoyo técnico y financiero a organizaciones civiles feministas de todo el mundo, el país escandinavo se ha convertido en el donante financiero más importante de ONU Mujeres y de la Agencia de las Naciones Unidas para la Prevención de la Violencia Sexual en Conflictos Armados (Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, 2019). De igual manera, ha asesorado a varios países de Europa, del Medio Oriente y de África en la elaboración de planes nacionales encaminados a la prevención de la violencia doméstica. Adicionalmente, se ha enfocado en liderar iniciativas diseñadas para incrementar la participación de las mujeres en los procesos de justicia transicional de Myanmar, Somalia y Afganistán, entre otros. 


Suecia también ha adoptado otras líneas de acción internacional acordes con la noción más amplia del concepto de Seguridad Humana. En este sentido, uno de los objetivos propuestos ha sido el de combatir la discriminación en todas sus formas, con el fin de que los derechos a la educación, al trabajo y a la participación política, entre otros, no se vean afectados. Asimismo, la nación vikinga ha enfatizado en varios foros multilaterales la necesidad de empoderar a las mujeres a través de la garantía de sus derechos económicos. Así, ha lanzado campañas que promueven la inclusión laboral femenina y programas de cooperación internacional con el sector privado que fomentan el trato igualitario en los lugares de trabajo. Todas estas iniciativas están guiadas por el fin último de transformar a las mujeres en beneficiarias directas del desarrollo económico, como un medio para aumentar sus libertades reales.    


De esta forma, al ejercer una política exterior feminista, Suecia implementa el concepto de Seguridad Humana y contribuye así al establecimiento de un orden político más justo e incluyente. A través de los programas e iniciativas descritos, este país del norte de Europa lucha por la seguridad física de las mujeres enfrentando las principales fuentes de violencia de las cuales son víctimas. Sin embargo, al adoptar un enfoque sistémico, también combate las fuentes de violencia indirecta que impiden que las mujeres no sean consideradas sujetos plenos de derechos. En suma, el actuar internacional de Suecia no solo se centra en contrarrestar las amenazas inminentes hacia la vida e integridad derivadas de contextos conflictivos, sino que también fomenta la erradicación de las prácticas, normas y creencias discriminatorias que obstruyen el pleno goce de derechos.


La implementación de la referida política se materializa a través de un enfoque de derechos humanos, considerados como el marco normativo y conceptual idóneo para la puesta en marcha de esta iniciativa. Su respeto y garantía no solo es concebido como un requisito necesario para establecer sociedades democráticas e igualitarias, sino que también responde a una obligación legal del Estado sueco (Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, 2019). 


En este sentido, la nación nórdica reconoce en buena medida el carácter extraterritorial de los compromisos internacionales adquiridos en materia de derechos humanos y cumple con el deber de garantizar los derechos económicos, sociales y culturales en territorios ubicados allende a las fronteras nacionales, tal y como lo establecen los Principios de Maastricht. De manera específica, la estrategia feminista refleja el compromiso de crear, a través de esfuerzos e iniciativas concretas, un entorno internacional propicio para la consecución de tales prerrogativas. 


A partir de lo descrito, puede entenderse que la política exterior feminista de Suecia, además de representar un importante avance en términos políticos para la protección de los derechos humanos de las mujeres en el mundo, se constituye como un ingente esfuerzo por consolidar la noción extraterritorial de las obligaciones legales derivadas de estos derechos.


Referencias:


Estrada-Tanck, D.”Seguridad Humana, Derechos Humanos y Medio Ambiente: Una Sana Relación.” En: Olmos Giupponi, M.B. “Medio Ambiente, Cambio Climático y Derechos Humanos”. Ed. Dike. Medellín, 2011. 


Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia. Handbook Sweden Feminist Foreign Policy”. Estocolmo, 2018. 


Government Offices of Sweden (2020). Objectives for Democracy and Human Rights”.

Seguridad Humana Feminista en la Escena Internacional

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Desde el año 2014, Suecia ha adoptado un enfoque feminista en su política exterior. Su propósito ha sido el expandir las iniciativas internas que ha implementado desde hace algunos años y que la han llevado a ser uno de los Estados con mayores niveles de igualdad de género. Este nuevo planteamiento estratégico, que convierte a Suecia en el primer país del mundo en establecer una agenda internacional totalmente centrada en la promoción de los derechos humanos de las mujeres, tiene importantes implicaciones tanto políticas como legales.


Al posicionar al feminismo como eje transversal de la política internacional, Suecia promueve la implementación del concepto de Seguridad Humana, introducido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo - PNUD en la década de los años 90, en el que los individuos son considerados como el objeto principal de protección. Desde esta perspectiva, la inveterada seguridad nacional, entendida en términos puramente militares, es considerada como un marco conceptual insuficiente para entender “el amplio espectro de riesgos que enfrentan las personas en esta era global […] (Estrada – Tanck, 2011)”. 


A partir de tal descripción, la Seguridad Humana engloba 7 clases de seguridad, dependiendo del origen de los factores que amenazan el pleno goce de las libertades y derechos individuales: i)Seguridad económica; ii)Seguridad alimentaria; iii)Seguridad sanitaria; iv)Seguridad ambiental; v)Seguridad personal; vi)Seguridad comunitaria; y vii)Seguridad política.


De manera específica, la Seguridad Humana promueve dos aspectos fundamentales: la libertad del temor (freedom from fear) y libertad de la miseria (freedom from want). El primero es entendido como la noción “estrecha” del concepto, ya que se refiere a la protección de la violencia política o criminal que afecta los derechos a la vida, la libertad, la integridad física y la seguridad personal. La segunda, por otro lado, se relaciona con las condiciones socioeconómicas que obstaculizan el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales (Estrada-Tanck, 2011). En el marco de tales conceptos, el género es entendido como uno de los factores que pueden incrementar el nivel de exposición a los riesgos mencionados, razón por la que Suecia ha diseñado una estrategia internacional feminista que contrarresta las condiciones adversas a las que se enfrentan las mujeres alrededor del mundo, como resultado de estructuras sociales discriminatorias. 


Para implementar esta idea, el actuar internacional del país nórdico se ha basado en tres elementos fundamentales (conocidos como las tres erres por sus palabras en inglés): 1. Derechos, 2. Representación y 3. Recursos. El primero prioriza la promoción de los derechos humanos de las mujeres y la lucha contra la discriminación; el segundo enfatiza en la necesidad de aumentar la participación femenina en los procesos de toma de decisiones; y el tercero promueve la asignación de los medios financieros necesarios para garantizar la igualdad de género. 


Bajo estos tres pilares, el Estado sueco ha moldeado sus objetivos internacionales en materia de seguridad, comercio y cooperación al desarrollo. Así, ha planteado una serie de intereses programáticos que tienen por objetivo transformar las estructuras sociales que impiden concebir a las mujeres como sujetos de derechos. 


Desde el punto de vista de la libertad del temor, Suecia se ha comprometido en luchar contra la violencia física, sexual y psicológica sufrida por las mujeres. Además de prestar apoyo técnico y financiero a organizaciones civiles feministas de todo el mundo, el país escandinavo se ha convertido en el donante financiero más importante de ONU Mujeres y de la Agencia de las Naciones Unidas para la Prevención de la Violencia Sexual en Conflictos Armados (Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, 2019). De igual manera, ha asesorado a varios países de Europa, del Medio Oriente y de África en la elaboración de planes nacionales encaminados a la prevención de la violencia doméstica. Adicionalmente, se ha enfocado en liderar iniciativas diseñadas para incrementar la participación de las mujeres en los procesos de justicia transicional de Myanmar, Somalia y Afganistán, entre otros. 


Suecia también ha adoptado otras líneas de acción internacional acordes con la noción más amplia del concepto de Seguridad Humana. En este sentido, uno de los objetivos propuestos ha sido el de combatir la discriminación en todas sus formas, con el fin de que los derechos a la educación, al trabajo y a la participación política, entre otros, no se vean afectados. Asimismo, la nación vikinga ha enfatizado en varios foros multilaterales la necesidad de empoderar a las mujeres a través de la garantía de sus derechos económicos. Así, ha lanzado campañas que promueven la inclusión laboral femenina y programas de cooperación internacional con el sector privado que fomentan el trato igualitario en los lugares de trabajo. Todas estas iniciativas están guiadas por el fin último de transformar a las mujeres en beneficiarias directas del desarrollo económico, como un medio para aumentar sus libertades reales.    


De esta forma, al ejercer una política exterior feminista, Suecia implementa el concepto de Seguridad Humana y contribuye así al establecimiento de un orden político más justo e incluyente. A través de los programas e iniciativas descritos, este país del norte de Europa lucha por la seguridad física de las mujeres enfrentando las principales fuentes de violencia de las cuales son víctimas. Sin embargo, al adoptar un enfoque sistémico, también combate las fuentes de violencia indirecta que impiden que las mujeres no sean consideradas sujetos plenos de derechos. En suma, el actuar internacional de Suecia no solo se centra en contrarrestar las amenazas inminentes hacia la vida e integridad derivadas de contextos conflictivos, sino que también fomenta la erradicación de las prácticas, normas y creencias discriminatorias que obstruyen el pleno goce de derechos.


La implementación de la referida política se materializa a través de un enfoque de derechos humanos, considerados como el marco normativo y conceptual idóneo para la puesta en marcha de esta iniciativa. Su respeto y garantía no solo es concebido como un requisito necesario para establecer sociedades democráticas e igualitarias, sino que también responde a una obligación legal del Estado sueco (Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia, 2019). 


En este sentido, la nación nórdica reconoce en buena medida el carácter extraterritorial de los compromisos internacionales adquiridos en materia de derechos humanos y cumple con el deber de garantizar los derechos económicos, sociales y culturales en territorios ubicados allende a las fronteras nacionales, tal y como lo establecen los Principios de Maastricht. De manera específica, la estrategia feminista refleja el compromiso de crear, a través de esfuerzos e iniciativas concretas, un entorno internacional propicio para la consecución de tales prerrogativas. 


A partir de lo descrito, puede entenderse que la política exterior feminista de Suecia, además de representar un importante avance en términos políticos para la protección de los derechos humanos de las mujeres en el mundo, se constituye como un ingente esfuerzo por consolidar la noción extraterritorial de las obligaciones legales derivadas de estos derechos.


Referencias:


Estrada-Tanck, D.”Seguridad Humana, Derechos Humanos y Medio Ambiente: Una Sana Relación.” En: Olmos Giupponi, M.B. “Medio Ambiente, Cambio Climático y Derechos Humanos”. Ed. Dike. Medellín, 2011. 


Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia. Handbook Sweden Feminist Foreign Policy”. Estocolmo, 2018. 


Government Offices of Sweden (2020). Objectives for Democracy and Human Rights”.

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