El movimiento en la Danza Contemporánea como Potencia de Vida

July 15, 2020
Columna
por:
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Foto de Leo Carreño. Modelo: Angélica Roa
 “Mi danza solo es danza. No es el intento de interpretar la vida en un sentido literario. Es la afirmación de la vida a través del movimiento”.
Martha Graham

El cuerpo es un mapa sobre el que se registran significados que procuran estructuras normativas y de estandarización. El cuerpo de las mujeres ha sido vertebral para los debates más enérgicos del psicoanálisis, la medicina y el arte donde se privilegia su disección y su estado inerte. La feminidad inmóvil decimonónica articulada desde la visión masculinista es el lugar común en el que se reitera la anquilosada amalgama mujer-naturaleza que prevalece hasta nuestros días y la cual depende en gran medida de la representación de mujeres en un estado de inactividad, más cercano a la muerte que a la vida. 

La potencia movilizadora del cuerpo de las mujeres ha consistido precisamente en su desmitificación. La danza como metáfora y práctica artística basada en el movimiento sienta las bases para una nueva forma de pensar el cuerpo como un vehículo de transgresión. Bailarinas y coreógrafas como Martha Graham, Doris Humphrey e Isadora Duncan, dinamitaron las técnicas disciplinarias del cuerpo y la imagen estereotipada de la bailarina de la danza clásica. Ellas permitieron que la danza avanzara en tanto expresión de libertad y experimentación.

Por su parte, la artista Sophie Kasser reivindica la creación dancística como una forma de escritura, es decir que la experiencia creadora se vive a través del cuerpo que graba en el espacio y en el tiempo su trayectoria (Kasser, 2009). La danza contemporánea permite la exploración a través del desplazamiento coreográfico que marca un camino análogo a la reapropiación del cuerpo femenino en las artes, en este contexto el ser mujer es una afirmación y una puesta en escena, no un deber. Así, las zapatillas de baile fueron intercambiadas por pies descalzos al tiempo que el virtuosismo cedió paso al cuerpo poético que se mueve con libertad e ingenio.

La danza como reafirmación del derecho a vivir

La danza contemporánea se articula a partir del movimiento como vitalidad en el escenario y fuera de él y es aquí, en el carácter dancístico de la vida en la que se inscribe el trabajo de Angélica Roa[1] para quien sin el movimiento no podríamos existir. “El planeta se mueve en la medida en la que los seres humanos se mueven, la danza es un elemento existencial del ser humano” (Roa , 2020). Para Angélica Roa la gravedad, el peso corporal y la respiración imprimen fluidez a su movimiento coreográfico. 

La resignificación del cuerpo a través de la danza contemporánea es la encarnación de la libertad a veces desde la dolencia y del corazón comprimido, otras desde el humor y el ludismo pero siempre como venganza frente a un sistema que nos quiere silenciosas y ausentes, que atenta contra nuestras vidas, que nos reivindica únicamente como prótesis de otros. No hay más afrenta para la necropolítica que insiste en ponernos en desventaja que la movilidad y el pulso de los corazones danzantes que procuran vida y así es como la reafirmación del derecho a vivir solo puede ser una barricada corporizada en la que se escribe, se canta, se habla, se dibuja y por supuesto, se baila. El movimiento es una ofrenda para las compañeras a las que les ha sido arrebatado el pulso. “Sí, con la danza nos encontramos a nosotras mismas, revelamos nuestra creatividad, nuestra expresión; brillamos” (Kasser, 2009).

La serie fotográfica elaborada por el artista plástico Leo Carreño[2] y de la que Angélica Roa es protagonista es un reclamo por la vida. Aquí, la danza se convierte en la reafirmación del derecho a vivir, en una potencia dionisíaca. El movimiento de la danza como metáfora es el intersticio que procura el pulso y el ritmo para el cuerpo danzante pero también para cualquier cuerpo expuesto y vulnerado. La reivindicación política del cuerpo que procura la danza es una oportunidad para reflexionar “sobre una sociedad que ha priorizado afanosamente por acumular naturaleza muerta” (Carreño). La danza es en esencia el acto poético que detenta vida a través del movimiento, que procura permanencia en un mundo que sistemáticamente atenta contra ella.

Para más información puedes acceder a los siguientes enlaces:

Xikaria

LaMultiverse

Referencias:

Kasser, S. (2009). El cuerpo femenino en la danza: escritura de mujer. DOUDA. Estudis de la Diferència Sexua(36), 19-39.

Roa , A. (04 de 06 de 2020). 4. HISTORIA, MUJER Y DANZA: LEIDY ANGÉLICA TATIANA ROA. (Interdancier, Entrevistador) Recuperado el 04 de 07 de 2020, de

 [1] Angelica Roa es bailarina, física y coreógrafa. Ha trabajado en compañías como Danza Experimental, Ballet Anna Pavlova, Compañía Residente de Teatro Jorge Eliecer Gaitán, Periferia de Cartagena y Sur Creación Escénica de Bogotá. Se formó en técnica Humphrey-Limón en el Instituto Limón de Nueva York y posteriormente en técnica Müller con la compañía Jennifer Müller/The Works. Actualmente enfoca su investigación al movimiento de dichas técnicas.

[2] Leo Carreño es artista plástico con estudios cinematográficos, que ha desarrollado su obra fotográfica y escultórica en torno a la biología y al movimiento, usando elementos como la puesta en escena, la hibridación de plantas vivas con anatomías, y el uso de la danza contemporánea. Ha exhibido en múltiples exposiciones de arte en Colombia y recientemente en el exterior, como en España y Bélgica.


El movimiento en la Danza Contemporánea como Potencia de Vida

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July 15, 2020

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Foto de Leo Carreño. Modelo: Angélica Roa
 “Mi danza solo es danza. No es el intento de interpretar la vida en un sentido literario. Es la afirmación de la vida a través del movimiento”.
Martha Graham

El cuerpo es un mapa sobre el que se registran significados que procuran estructuras normativas y de estandarización. El cuerpo de las mujeres ha sido vertebral para los debates más enérgicos del psicoanálisis, la medicina y el arte donde se privilegia su disección y su estado inerte. La feminidad inmóvil decimonónica articulada desde la visión masculinista es el lugar común en el que se reitera la anquilosada amalgama mujer-naturaleza que prevalece hasta nuestros días y la cual depende en gran medida de la representación de mujeres en un estado de inactividad, más cercano a la muerte que a la vida. 

La potencia movilizadora del cuerpo de las mujeres ha consistido precisamente en su desmitificación. La danza como metáfora y práctica artística basada en el movimiento sienta las bases para una nueva forma de pensar el cuerpo como un vehículo de transgresión. Bailarinas y coreógrafas como Martha Graham, Doris Humphrey e Isadora Duncan, dinamitaron las técnicas disciplinarias del cuerpo y la imagen estereotipada de la bailarina de la danza clásica. Ellas permitieron que la danza avanzara en tanto expresión de libertad y experimentación.

Por su parte, la artista Sophie Kasser reivindica la creación dancística como una forma de escritura, es decir que la experiencia creadora se vive a través del cuerpo que graba en el espacio y en el tiempo su trayectoria (Kasser, 2009). La danza contemporánea permite la exploración a través del desplazamiento coreográfico que marca un camino análogo a la reapropiación del cuerpo femenino en las artes, en este contexto el ser mujer es una afirmación y una puesta en escena, no un deber. Así, las zapatillas de baile fueron intercambiadas por pies descalzos al tiempo que el virtuosismo cedió paso al cuerpo poético que se mueve con libertad e ingenio.

La danza como reafirmación del derecho a vivir

La danza contemporánea se articula a partir del movimiento como vitalidad en el escenario y fuera de él y es aquí, en el carácter dancístico de la vida en la que se inscribe el trabajo de Angélica Roa[1] para quien sin el movimiento no podríamos existir. “El planeta se mueve en la medida en la que los seres humanos se mueven, la danza es un elemento existencial del ser humano” (Roa , 2020). Para Angélica Roa la gravedad, el peso corporal y la respiración imprimen fluidez a su movimiento coreográfico. 

La resignificación del cuerpo a través de la danza contemporánea es la encarnación de la libertad a veces desde la dolencia y del corazón comprimido, otras desde el humor y el ludismo pero siempre como venganza frente a un sistema que nos quiere silenciosas y ausentes, que atenta contra nuestras vidas, que nos reivindica únicamente como prótesis de otros. No hay más afrenta para la necropolítica que insiste en ponernos en desventaja que la movilidad y el pulso de los corazones danzantes que procuran vida y así es como la reafirmación del derecho a vivir solo puede ser una barricada corporizada en la que se escribe, se canta, se habla, se dibuja y por supuesto, se baila. El movimiento es una ofrenda para las compañeras a las que les ha sido arrebatado el pulso. “Sí, con la danza nos encontramos a nosotras mismas, revelamos nuestra creatividad, nuestra expresión; brillamos” (Kasser, 2009).

La serie fotográfica elaborada por el artista plástico Leo Carreño[2] y de la que Angélica Roa es protagonista es un reclamo por la vida. Aquí, la danza se convierte en la reafirmación del derecho a vivir, en una potencia dionisíaca. El movimiento de la danza como metáfora es el intersticio que procura el pulso y el ritmo para el cuerpo danzante pero también para cualquier cuerpo expuesto y vulnerado. La reivindicación política del cuerpo que procura la danza es una oportunidad para reflexionar “sobre una sociedad que ha priorizado afanosamente por acumular naturaleza muerta” (Carreño). La danza es en esencia el acto poético que detenta vida a través del movimiento, que procura permanencia en un mundo que sistemáticamente atenta contra ella.

Para más información puedes acceder a los siguientes enlaces:

Xikaria

LaMultiverse

Referencias:

Kasser, S. (2009). El cuerpo femenino en la danza: escritura de mujer. DOUDA. Estudis de la Diferència Sexua(36), 19-39.

Roa , A. (04 de 06 de 2020). 4. HISTORIA, MUJER Y DANZA: LEIDY ANGÉLICA TATIANA ROA. (Interdancier, Entrevistador) Recuperado el 04 de 07 de 2020, de

 [1] Angelica Roa es bailarina, física y coreógrafa. Ha trabajado en compañías como Danza Experimental, Ballet Anna Pavlova, Compañía Residente de Teatro Jorge Eliecer Gaitán, Periferia de Cartagena y Sur Creación Escénica de Bogotá. Se formó en técnica Humphrey-Limón en el Instituto Limón de Nueva York y posteriormente en técnica Müller con la compañía Jennifer Müller/The Works. Actualmente enfoca su investigación al movimiento de dichas técnicas.

[2] Leo Carreño es artista plástico con estudios cinematográficos, que ha desarrollado su obra fotográfica y escultórica en torno a la biología y al movimiento, usando elementos como la puesta en escena, la hibridación de plantas vivas con anatomías, y el uso de la danza contemporánea. Ha exhibido en múltiples exposiciones de arte en Colombia y recientemente en el exterior, como en España y Bélgica.


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