Enfoque Diferencial en las “Guías Alimentarias Basadas en Alimentos” (GABA)

November 29, 2021
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El pasado 20 de diciembre se realizó en la ciudad de Bogotá el Foro Nacional de Guías Alimentarias con enfoque territorial, el cual, constituido por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), buscaba compartir los resultados de la implementación del plan de divulgación y aplicación de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA), las cuales responden al Derecho Humano de la alimentación, y representan una metodología sumamente indispensable para la medición nacional del hambre en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente frente al objetivo número dos, relacionado con la erradicación del hambre.

Las GABA surgen como respuesta a los problemas de salud más importantes relacionados con la nutrición, como lo son: el sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades crónicas relacionadas con la dieta y los inadecuados hábitos alimenticios. De igual manera, representan el compromiso adquirido por parte de los Estados, en el marco de la Conferencia Internacional de Nutrición llevada a cabo en el año 1992, de construir una serie de directrices alimentarias que respondan a la situación en materia de salud pública internacional que se deriva de los patrones alimentarios contemporáneos, del hambre y tanto de la creciente inseguridad alimentaria como la ausencia de mecanismos de soberanía alimentaria para las poblaciones en situación de mayor grado de vulnerabilidad.

Hasta el momento es claro ver cómo el tema de las enfermedades relacionadas con el tipo de alimentos que se consumen, el acceso a alimentos saludables y la existencia de una inadecuada educación alimentaria representan problemáticas que no discriminan en cuanto a su afectación, pues tanto niños, como mujeres y hombres se ven afectados, aun así, no se ven vulnerados de la misma manera.

Es claro que el entorno individual, social, y las dimensiones organizacionales influencian los comportamientos de las personas relacionados con su vida nutricional, frente a esto, el hecho de que una de cada tres personas en el mundo tenga algún problema de malnutrición es una muestra clara de la necesidad de intervenir en el sistema de alimentación actual, por medio de la construcción de escenarios de regulación estatal que abarque enfoques multidimensionales para el correcto tratamiento y adecuación a la diversidad tanto de los territorios como de las poblaciones a tratar, las cuales cuentan con características y condiciones muy diferentes unas de otras.

Según datos dados por Carolina Villegas, directora de nutrición del ICBF, la reciente implementación de la GABA en varias regiones de Colombia se dio a través de una transferencia metodológica que vinculó a 309 personas de las regiones atlántica, pacífica y del eje cafetero, a un escenario de educación alimentaria basada en talleres teóricos y prácticos que permitieron un importante escenario de apropiación de conocimiento, y la construcción de reflexiones por parte de la comunidad entorno al reconocimiento de las prácticas y dinámicas propias de sus territorios, donde se implementó una estrategia de enfoque diferencial encargada de apoyar el proceso de implementación de las GABA, desde la aceptación de la diversidad tanto étnica como de género.

Amanda Romo, consultora del grupo de género para FAO, fue una de las coordinadoras de la implementación metodológica de la transversalización del enfoque diferencial dentro de los territorios trabajados, la investigadora explica que es importante aterrizar los conceptos que pueden resultar confusos o problemáticos para empezar a abordar temas tan sensibles como el género frente a la dinámica de la alimentación, también menciona que el hecho de que se reconozca el concepto de género como algo capaz de transformarse, a diferencia del sexo entendido de una manera más biológica, ayuda en la deconstrucción tanto de los estereotipos como de las brechas de género existentes en los territorios.

Frente a esto, Romo menciona que la correcta implementación de las GABAS radica en el entendimiento adecuado de la existencia de puntos de partida distintos entre hombres y mujeres, los cuales explican los diferentes grados de afectación que se da, en este caso, frente a la dinámica de la alimentación. Un claro ejemplo es el papel que tienen tanto los roles como los estereotipos de género en relación con los alimentos, donde se llega a determinar, en el caso de las mujeres jóvenes, qué es lo que se debe comer en relación con un determinado ideal de belleza que se pretende alcanzar. Romo menciona el ejemplo de que en algunas zonas del pacífico colombiano, las mujeres más voluptuosas son consideradas las que más se adaptan al prototipo de mujer ideal, motivo por el cual, desde pequeñas, tanto niñas como adolescentes, comen muchos alimentos ricos en grasas y carbohidratos, con el fin de alcanzar este tipo de referentes de belleza impuestos por la cultura misma.

Las GABA constituyen una herramienta fundamental para construir una cultura alimentaria adecuada , teniendo en cuenta la diversidad social, territorial y étnica de las regiones, pero casos como el del párrafo previo son una constante cuando se estudia la configuración del tejido social, y los imaginarios sociales dentro de los territorios, así que es claro que lo que debe cambiar para lograr un enfoque diferencial más inclusivo, se encuentra en un nivel más estructural, un nivel que implique que los hombres asuman corresponsabilidades de roles arbitraria e históricamente atribuido, por ejemplo una corresponsabilidad frente a la preparación y el consumo de los alimentos.

Existen realidades que se deben abordar más allá de los desafíos de las GABA, por ejemplo, la falta de incidencia de las mujeres en la producción, comercialización y toma de decisiones sobre los alimentos, la poca tenencia de la tierra (que se encuentra en un 65% en manos de los hombres, en el caso colombiano), la incidencia y el impacto de la pobreza, y la pobreza extrema en hogares donde la jefatura del hogar la tiene la mujer, la existencia de una “triple jornada” (teniendo en cuenta los procesos productivos, de liderazgo comunitario y domésticos que tienen las mujeres), la existencia de violencias basadas en género (sexual, física o psicológica) que se reflejan de manera sistemática en diferentes circunstancias que inciden tanto en la experiencia familiar, como en la experiencia de la mujer alrededor de los alimentos.

Estas son solo algunas de las condiciones reales a las que se tienen que enfrentar las mujeres, es claro que son circunstancias que implican cambios muy estructurales, frente a lo cual, a nivel personal rescato el rol del diálogo interinstitucional e intercultural que se ha adelantado frente a la adaptación, e implementación de las GABA, pues considero que es un avance frente a la aceptación de la diversidad étnica, territorial, y, según los objetivos propios de las GABA, frente al género.

 

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Enfoque Diferencial en las “Guías Alimentarias Basadas en Alimentos” (GABA)

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December 30, 2018

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El pasado 20 de diciembre se realizó en la ciudad de Bogotá el Foro Nacional de Guías Alimentarias con enfoque territorial, el cual, constituido por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), buscaba compartir los resultados de la implementación del plan de divulgación y aplicación de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA), las cuales responden al Derecho Humano de la alimentación, y representan una metodología sumamente indispensable para la medición nacional del hambre en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente frente al objetivo número dos, relacionado con la erradicación del hambre.

Las GABA surgen como respuesta a los problemas de salud más importantes relacionados con la nutrición, como lo son: el sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades crónicas relacionadas con la dieta y los inadecuados hábitos alimenticios. De igual manera, representan el compromiso adquirido por parte de los Estados, en el marco de la Conferencia Internacional de Nutrición llevada a cabo en el año 1992, de construir una serie de directrices alimentarias que respondan a la situación en materia de salud pública internacional que se deriva de los patrones alimentarios contemporáneos, del hambre y tanto de la creciente inseguridad alimentaria como la ausencia de mecanismos de soberanía alimentaria para las poblaciones en situación de mayor grado de vulnerabilidad.

Hasta el momento es claro ver cómo el tema de las enfermedades relacionadas con el tipo de alimentos que se consumen, el acceso a alimentos saludables y la existencia de una inadecuada educación alimentaria representan problemáticas que no discriminan en cuanto a su afectación, pues tanto niños, como mujeres y hombres se ven afectados, aun así, no se ven vulnerados de la misma manera.

Es claro que el entorno individual, social, y las dimensiones organizacionales influencian los comportamientos de las personas relacionados con su vida nutricional, frente a esto, el hecho de que una de cada tres personas en el mundo tenga algún problema de malnutrición es una muestra clara de la necesidad de intervenir en el sistema de alimentación actual, por medio de la construcción de escenarios de regulación estatal que abarque enfoques multidimensionales para el correcto tratamiento y adecuación a la diversidad tanto de los territorios como de las poblaciones a tratar, las cuales cuentan con características y condiciones muy diferentes unas de otras.

Según datos dados por Carolina Villegas, directora de nutrición del ICBF, la reciente implementación de la GABA en varias regiones de Colombia se dio a través de una transferencia metodológica que vinculó a 309 personas de las regiones atlántica, pacífica y del eje cafetero, a un escenario de educación alimentaria basada en talleres teóricos y prácticos que permitieron un importante escenario de apropiación de conocimiento, y la construcción de reflexiones por parte de la comunidad entorno al reconocimiento de las prácticas y dinámicas propias de sus territorios, donde se implementó una estrategia de enfoque diferencial encargada de apoyar el proceso de implementación de las GABA, desde la aceptación de la diversidad tanto étnica como de género.

Amanda Romo, consultora del grupo de género para FAO, fue una de las coordinadoras de la implementación metodológica de la transversalización del enfoque diferencial dentro de los territorios trabajados, la investigadora explica que es importante aterrizar los conceptos que pueden resultar confusos o problemáticos para empezar a abordar temas tan sensibles como el género frente a la dinámica de la alimentación, también menciona que el hecho de que se reconozca el concepto de género como algo capaz de transformarse, a diferencia del sexo entendido de una manera más biológica, ayuda en la deconstrucción tanto de los estereotipos como de las brechas de género existentes en los territorios.

Frente a esto, Romo menciona que la correcta implementación de las GABAS radica en el entendimiento adecuado de la existencia de puntos de partida distintos entre hombres y mujeres, los cuales explican los diferentes grados de afectación que se da, en este caso, frente a la dinámica de la alimentación. Un claro ejemplo es el papel que tienen tanto los roles como los estereotipos de género en relación con los alimentos, donde se llega a determinar, en el caso de las mujeres jóvenes, qué es lo que se debe comer en relación con un determinado ideal de belleza que se pretende alcanzar. Romo menciona el ejemplo de que en algunas zonas del pacífico colombiano, las mujeres más voluptuosas son consideradas las que más se adaptan al prototipo de mujer ideal, motivo por el cual, desde pequeñas, tanto niñas como adolescentes, comen muchos alimentos ricos en grasas y carbohidratos, con el fin de alcanzar este tipo de referentes de belleza impuestos por la cultura misma.

Las GABA constituyen una herramienta fundamental para construir una cultura alimentaria adecuada , teniendo en cuenta la diversidad social, territorial y étnica de las regiones, pero casos como el del párrafo previo son una constante cuando se estudia la configuración del tejido social, y los imaginarios sociales dentro de los territorios, así que es claro que lo que debe cambiar para lograr un enfoque diferencial más inclusivo, se encuentra en un nivel más estructural, un nivel que implique que los hombres asuman corresponsabilidades de roles arbitraria e históricamente atribuido, por ejemplo una corresponsabilidad frente a la preparación y el consumo de los alimentos.

Existen realidades que se deben abordar más allá de los desafíos de las GABA, por ejemplo, la falta de incidencia de las mujeres en la producción, comercialización y toma de decisiones sobre los alimentos, la poca tenencia de la tierra (que se encuentra en un 65% en manos de los hombres, en el caso colombiano), la incidencia y el impacto de la pobreza, y la pobreza extrema en hogares donde la jefatura del hogar la tiene la mujer, la existencia de una “triple jornada” (teniendo en cuenta los procesos productivos, de liderazgo comunitario y domésticos que tienen las mujeres), la existencia de violencias basadas en género (sexual, física o psicológica) que se reflejan de manera sistemática en diferentes circunstancias que inciden tanto en la experiencia familiar, como en la experiencia de la mujer alrededor de los alimentos.

Estas son solo algunas de las condiciones reales a las que se tienen que enfrentar las mujeres, es claro que son circunstancias que implican cambios muy estructurales, frente a lo cual, a nivel personal rescato el rol del diálogo interinstitucional e intercultural que se ha adelantado frente a la adaptación, e implementación de las GABA, pues considero que es un avance frente a la aceptación de la diversidad étnica, territorial, y, según los objetivos propios de las GABA, frente al género.

 

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