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Foto de: Joël de Vriend

¡Adelgaza, reafirma tu cuerpo, quita arrugas, desaparece celulitis y estrías, siempre debes verte joven y guapa o tu novio ya no se sentirá excitado contigo, ya no tendrá erecciones y pronto se irá con otra! 

Estas exigencias sociales son utópicas e inalcanzables la gran mayoría de las veces, pues ¡somos seres humanos! Y no máquinas reproductivas o de placer sexual para goce de otros. La gran mayoría de las mujeres no tiene un orgasmo con cada relación sexual, ni grita exageradamente, ni genera chorros y chorros de lubricante vaginal; de igual forma los hombres no siempre desean tener un coito, a veces sólo quieren ser escuchados y mimados, tampoco todos los hombres tienen siempre una erección o duran horas y mucho menos tienen deseo sexual persistente. 

En todos lados y a todas horas cientos de mensajes nos bombardean con ideas y estereotipos, sobre “la perfección, el ideal a seguir” y hasta lo que se considera “normal y común” dentro de la época y sociedad en la que vivimos, haciéndonos creer que “tenemos y debemos” de cumplir rígidamente estos patrones, para ser aceptados y obtener su aprobación.

Sobre todo a la hora de “hacer el amor”, pues es el momento más íntimo con nuestra pareja, en el cual nos desnudamos en cuerpo y alma, nos mostramos tal y como somos, lo cual nos hace “frágiles y vulnerables”, es en ese instante que aparecen nuestros más profundos miedos e inseguridades, pues por un lado tenemos “miedo al sí”: al amor, al compromiso y a la intimidad real, pero también tenemos “miedo al no”: al rechazo, a la soledad, al fracaso y a la discriminación. 

Éstas y muchas expectativas más son producto de nuestra cruel cultura machista, ya que estos juicios absurdos que nos proyectan desde pequeñas y quedan en lo más profundo de nuestro inconsciente, nos subestiman, cosifican y perciben como objetos sexuales; pues a través de nuestro entorno: los medios de comunicación masiva, la cultura, la religión y la familia influyen potencialmente en nuestra ideología, auto concepto y autoestima, nos laceran de forma imperceptible pero persistente.

Por lo cual es muy importante que generemos conciencia, analicemos su origen y nos cuestionemos, para desarrollar un pensamiento crítico y autónomo, para vivir nuestra sexualidad de manera libre y placentera; en el cual puedan caber otras ideologías y puntos de vista; como por ejemplo el feminismo, una doctrina que a lo largo de los años ha luchado por la equidad de género, para que las mujeres podamos obtener acceso y derechos en los diversos ámbitos como el político, económico, académico y por supuesto en el área sexual.

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¡Adelgaza, reafirma tu cuerpo, quita arrugas, desaparece celulitis y estrías, siempre debes verte joven y guapa o tu novio ya no se sentirá excitado contigo, ya no tendrá erecciones y pronto se irá con otra! 

Estas exigencias sociales son utópicas e inalcanzables la gran mayoría de las veces, pues ¡somos seres humanos! Y no máquinas reproductivas o de placer sexual para goce de otros. La gran mayoría de las mujeres no tiene un orgasmo con cada relación sexual, ni grita exageradamente, ni genera chorros y chorros de lubricante vaginal; de igual forma los hombres no siempre desean tener un coito, a veces sólo quieren ser escuchados y mimados, tampoco todos los hombres tienen siempre una erección o duran horas y mucho menos tienen deseo sexual persistente. 

En todos lados y a todas horas cientos de mensajes nos bombardean con ideas y estereotipos, sobre “la perfección, el ideal a seguir” y hasta lo que se considera “normal y común” dentro de la época y sociedad en la que vivimos, haciéndonos creer que “tenemos y debemos” de cumplir rígidamente estos patrones, para ser aceptados y obtener su aprobación.

Sobre todo a la hora de “hacer el amor”, pues es el momento más íntimo con nuestra pareja, en el cual nos desnudamos en cuerpo y alma, nos mostramos tal y como somos, lo cual nos hace “frágiles y vulnerables”, es en ese instante que aparecen nuestros más profundos miedos e inseguridades, pues por un lado tenemos “miedo al sí”: al amor, al compromiso y a la intimidad real, pero también tenemos “miedo al no”: al rechazo, a la soledad, al fracaso y a la discriminación. 

Éstas y muchas expectativas más son producto de nuestra cruel cultura machista, ya que estos juicios absurdos que nos proyectan desde pequeñas y quedan en lo más profundo de nuestro inconsciente, nos subestiman, cosifican y perciben como objetos sexuales; pues a través de nuestro entorno: los medios de comunicación masiva, la cultura, la religión y la familia influyen potencialmente en nuestra ideología, auto concepto y autoestima, nos laceran de forma imperceptible pero persistente.

Por lo cual es muy importante que generemos conciencia, analicemos su origen y nos cuestionemos, para desarrollar un pensamiento crítico y autónomo, para vivir nuestra sexualidad de manera libre y placentera; en el cual puedan caber otras ideologías y puntos de vista; como por ejemplo el feminismo, una doctrina que a lo largo de los años ha luchado por la equidad de género, para que las mujeres podamos obtener acceso y derechos en los diversos ámbitos como el político, económico, académico y por supuesto en el área sexual.

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