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Foto de rawpixel en Unsplash.

Los hombres han sido víctimas de su propio machismo. Sí, a los hombres también los vulneran por el hecho de ser hombres. Como ejemplo, se puede tomar el caso de la Trata de Personas, puesto que esta no es exclusiva al tráfico sexual, también se trafican personas para desarrollar trabajos pesados en otros países y, a diferencia de la Trata de Personas con fines sexuales donde las mujeres siguen llevándose la mayor cifra, en la Trata para Trabajo Forzado, ganan ellos. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en Colombia, 14% de las víctimas de trata son hombres y 10% son niños.

En lo referente a la violencia sexual en el país, los hombres también se llevan su tajadita. Ante la existencia del número exagerado de casos de violencia sexual en Colombia, el cual fue de 23.798 casos en 2017 según Medicina Legal, 3.379 fueron contra hombres y niños. Y si en el país existe un sub – registro de las denuncias de delitos sexuales por parte de las mujeres, que reflexionen sobre el sub – registro de los hombres... Entonces, ¿por qué han sido víctimas del machismo? Porque bajo la lógica en la que las mujeres se buscan la violación por llevar falda… a los hombres que los violan… ¿es porque son “maricas”? Y no porque que tenga algo de malo ser homosexual, sino porque a los hombres se les enseña a no llorar, a ser fuertes, a estar por encima de otros, a no demostrar emocionalidad… y eso los hace suprimir sus capacidades empáticas o ser incapaces de buscar ayuda cuando la necesitan. Esto tampoco quiere decir que todos los hombres sean iguales, porque, así como no todas somos feministas radicales, no todos son machistas – a pesar de moverse en marcos sociales que sí lo son-. A lo que apuntan estos datos es a llamar la atención acerca de la conveniencia que tiene para los hombres ser feministas.

Otra razón es la económica, de la mitad de colombianas que hay, según el DANE, 56% son madres cabeza de hogar, 19% de las cuales son madres entre los 15 y los 19 años. A este dato es importante agregar que la mayoría de embarazos no deseados pertenecen a estratos socioeconómicos bajos, razón por la cual se habla de una reproducción de la pobreza. Una persona a esa edad a duras penas se ha graduado del bachillerato, lo que significa que son mujeres jóvenes que son arrojadas a la vida laboral sin una preparación que garantice oportunidades de un trabajo digno y bien remunerado. Se habla de garantía de oportunidades porque incluso con preparación profesional es difícil conseguir trabajo, y mucho más difícil adquirir un sueldo justo en un marco de disparidad en el sueldo entre hombres y mujeres. De hecho, la mayoría del trabajo informal es desarrollado por mujeres, lo que se traduce en entradas escasas para mantener hogares pobres, que, bajo esas condiciones, seguirán siendo pobres.

Esto no solamente es materia económica, sino también educativa. Puesto que no tiene que ver exclusivamente con la educación formal – de calidad- que pueden recibir los niños de bajos recursos a lo largo y ancho del territorio nacional y en los diferentes contextos que lo componen. Tiene que ver educación en materia de los derechos sexuales y reproductivos, de la prevención de embarazos no deseados, del uso del tiempo libre, y de conductas sociales que reproducen esas mismas condiciones de pobreza como lo es la violencia contra la mujer.

Según datos de Medicina Legal en 2017 hubo 10.870 muertes a causa de violencia doméstica – o de pareja. Entonces, en entornos donde la violencia es tan recurrente ¿qué aprenden los niños? ¿cuáles son las dinámicas que reproducen como adultos? Y eso no solo tiene que ver con el trato que les dan algunos hombres a las mujeres, sino con la forma en la que las mujeres piensan y se perciben a sí mismas u otras – aunque la mujer colombiana se caracteriza por ser emprendedora. En partes rurales del país, según proyectos de intervención de Oxfam, las mujeres piensan que el dinero de la casa lo debe administrar el hombre porque ellas no son buenas para eso. Lo que sirve de evidencia de un ideal general, de hombres y mujeres, de la idoneidad masculina para ocupar los cargos de toma de decisión.

El movimiento feminista ha cometido un error por años y ese es el de no involucrar a los hombres en la lucha por la equidad de género. Un ejemplo de esto, es que la producción científica y social de los estudios de mujer y género es escrita y leída por mujeres, mientras las decisiones que nos afectan política, económica y socialmente a la mujer, son tomadas por hombres. Entonces, si en su mayoría los transgresores son hombres, se necesita que esos hombres sean cada vez menos. Eso se puede lograr desde la deslegitimación de acciones y actitudes violentas o agresivas hacia las mujeres, empezando por descalificar todo tipo de denigración hacia la mujer y dejando de “admirar” a los hombres con conductas o lenguaje machista, es decir, que entre más machista sea más retrógrada e ignorante y no más fuerte o más “líder”. Y en esa tarea los hombres pueden avanzar mucho más rápido que nosotras dado que, en el comportamiento social humano, la aceptación de los pares tiene mayor influencia sobre las actitudes del individuo.

En últimas, este es un llamado a hombres y mujeres para invitar más personas a unirse a la lucha feminista que busca la equidad de género (no el poder de la mujer sobre el hombre, como muchos creen). Y aunque se expuso algunos argumentos, la verdad es que hay razones de sobra, y beneficios para todos, también. En realidad, la lucha por la equidad de género no es más que un llamado a transformar violencias estructurales y culturales con la mínima inversión: un cambio de actitud, lenguaje y disposición que contribuya a que las relaciones sociales tengan bases en el respeto y el reconocimiento del otro. Dándole valor a la vida, siendo capaces de apreciar la diferencia y permitiéndole a los demás vivir con garantías mínimas de dignidad. Y como lo aceptable o correcto está asociado con la conducta general… ¡Con el feminismo masculino, seríamos mayoría!



Feminismo Masculino

October 30, 2018
Columna
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Los hombres han sido víctimas de su propio machismo. Sí, a los hombres también los vulneran por el hecho de ser hombres. Como ejemplo, se puede tomar el caso de la Trata de Personas, puesto que esta no es exclusiva al tráfico sexual, también se trafican personas para desarrollar trabajos pesados en otros países y, a diferencia de la Trata de Personas con fines sexuales donde las mujeres siguen llevándose la mayor cifra, en la Trata para Trabajo Forzado, ganan ellos. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en Colombia, 14% de las víctimas de trata son hombres y 10% son niños.

En lo referente a la violencia sexual en el país, los hombres también se llevan su tajadita. Ante la existencia del número exagerado de casos de violencia sexual en Colombia, el cual fue de 23.798 casos en 2017 según Medicina Legal, 3.379 fueron contra hombres y niños. Y si en el país existe un sub – registro de las denuncias de delitos sexuales por parte de las mujeres, que reflexionen sobre el sub – registro de los hombres... Entonces, ¿por qué han sido víctimas del machismo? Porque bajo la lógica en la que las mujeres se buscan la violación por llevar falda… a los hombres que los violan… ¿es porque son “maricas”? Y no porque que tenga algo de malo ser homosexual, sino porque a los hombres se les enseña a no llorar, a ser fuertes, a estar por encima de otros, a no demostrar emocionalidad… y eso los hace suprimir sus capacidades empáticas o ser incapaces de buscar ayuda cuando la necesitan. Esto tampoco quiere decir que todos los hombres sean iguales, porque, así como no todas somos feministas radicales, no todos son machistas – a pesar de moverse en marcos sociales que sí lo son-. A lo que apuntan estos datos es a llamar la atención acerca de la conveniencia que tiene para los hombres ser feministas.

Otra razón es la económica, de la mitad de colombianas que hay, según el DANE, 56% son madres cabeza de hogar, 19% de las cuales son madres entre los 15 y los 19 años. A este dato es importante agregar que la mayoría de embarazos no deseados pertenecen a estratos socioeconómicos bajos, razón por la cual se habla de una reproducción de la pobreza. Una persona a esa edad a duras penas se ha graduado del bachillerato, lo que significa que son mujeres jóvenes que son arrojadas a la vida laboral sin una preparación que garantice oportunidades de un trabajo digno y bien remunerado. Se habla de garantía de oportunidades porque incluso con preparación profesional es difícil conseguir trabajo, y mucho más difícil adquirir un sueldo justo en un marco de disparidad en el sueldo entre hombres y mujeres. De hecho, la mayoría del trabajo informal es desarrollado por mujeres, lo que se traduce en entradas escasas para mantener hogares pobres, que, bajo esas condiciones, seguirán siendo pobres.

Esto no solamente es materia económica, sino también educativa. Puesto que no tiene que ver exclusivamente con la educación formal – de calidad- que pueden recibir los niños de bajos recursos a lo largo y ancho del territorio nacional y en los diferentes contextos que lo componen. Tiene que ver educación en materia de los derechos sexuales y reproductivos, de la prevención de embarazos no deseados, del uso del tiempo libre, y de conductas sociales que reproducen esas mismas condiciones de pobreza como lo es la violencia contra la mujer.

Según datos de Medicina Legal en 2017 hubo 10.870 muertes a causa de violencia doméstica – o de pareja. Entonces, en entornos donde la violencia es tan recurrente ¿qué aprenden los niños? ¿cuáles son las dinámicas que reproducen como adultos? Y eso no solo tiene que ver con el trato que les dan algunos hombres a las mujeres, sino con la forma en la que las mujeres piensan y se perciben a sí mismas u otras – aunque la mujer colombiana se caracteriza por ser emprendedora. En partes rurales del país, según proyectos de intervención de Oxfam, las mujeres piensan que el dinero de la casa lo debe administrar el hombre porque ellas no son buenas para eso. Lo que sirve de evidencia de un ideal general, de hombres y mujeres, de la idoneidad masculina para ocupar los cargos de toma de decisión.

El movimiento feminista ha cometido un error por años y ese es el de no involucrar a los hombres en la lucha por la equidad de género. Un ejemplo de esto, es que la producción científica y social de los estudios de mujer y género es escrita y leída por mujeres, mientras las decisiones que nos afectan política, económica y socialmente a la mujer, son tomadas por hombres. Entonces, si en su mayoría los transgresores son hombres, se necesita que esos hombres sean cada vez menos. Eso se puede lograr desde la deslegitimación de acciones y actitudes violentas o agresivas hacia las mujeres, empezando por descalificar todo tipo de denigración hacia la mujer y dejando de “admirar” a los hombres con conductas o lenguaje machista, es decir, que entre más machista sea más retrógrada e ignorante y no más fuerte o más “líder”. Y en esa tarea los hombres pueden avanzar mucho más rápido que nosotras dado que, en el comportamiento social humano, la aceptación de los pares tiene mayor influencia sobre las actitudes del individuo.

En últimas, este es un llamado a hombres y mujeres para invitar más personas a unirse a la lucha feminista que busca la equidad de género (no el poder de la mujer sobre el hombre, como muchos creen). Y aunque se expuso algunos argumentos, la verdad es que hay razones de sobra, y beneficios para todos, también. En realidad, la lucha por la equidad de género no es más que un llamado a transformar violencias estructurales y culturales con la mínima inversión: un cambio de actitud, lenguaje y disposición que contribuya a que las relaciones sociales tengan bases en el respeto y el reconocimiento del otro. Dándole valor a la vida, siendo capaces de apreciar la diferencia y permitiéndole a los demás vivir con garantías mínimas de dignidad. Y como lo aceptable o correcto está asociado con la conducta general… ¡Con el feminismo masculino, seríamos mayoría!



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