Hacia una Renta Básica Universal en Colombia

March 3, 2021
Columna
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David Pirachicán

Colombia afronta hoy un reto fundamental para asumir la crisis social, económica y política que por años acumuló, producto de un proceso fallido en la construcción de un Estado Social y democrático de derecho, estos fallos se han presentado en sus políticas sociales y económicas que han funcionado de manera circular, es decir, poco transformadoras, más bien impuestas y adaptativas a las circunstancias de la crisis y la agenda.

Lo que nos lleva a pensar el papel de la economía, no como el conjunto de <acciones racionales> en pro del bienestar del mercado y la sociedad, sino como un sistema complejo de pensamiento, de filosofía o como un elemento transformador de ámbitos y relaciones sociales desiguales e inequitativas. A grandes rasgos, la economía como ciencia aplicada en el Estado se ha basado en postulados sobre el individualismo metodológico, economía neoclásica y liberal que se enmarcan en una serie de reformas neoliberales implementadas a finales del siglo XX, que hoy siguen vigentes, curiosamente con más rigurosidad y fuerza.

Los mecanismos actuales de captación de capital que usa el Estado se regulan en un principio por una evaluación y aprobación de las entidades económicas internacionales, como las agencias privadas de calificación y acreditación de inversión y endeudamiento que son asumidas por los gobiernos para poder desarrollar sus planes nacionales de gobierno o desarrollo (política pública, política fiscal, política social). Por lo que bajo esta tradición las dinámicas en ámbitos políticos y económicos los postulados y principios de la economía capitalista no tienen restricciones instituidas a la hora de una inmersión económica, iniciativa o el famosos emprendimiento de la economía naranja. Estos fundamentos hoy han sido reforzados por las desigualdades y equilibrios sociales que visibilizó la pandemia del COVID19, el proteccionismo de los gobiernos hacia las entidades financieras y la banca privada no son un secreto a la hora de revisar las nuevas políticas fiscales del país, para volver a iniciar una reactivación que de por sí, ya venía con problemas a causa de la devaluación del precio del petróleo y en general del sistema financiero, pensional, presupuestal y de inversión, procesos enrutados por metodologías proteccionistas del sistema capital y no del sistema social, es por eso que deben ser analizadas nuevas formas de economía que hoy retornan de los enfoques economistas de los modelos de bienestar que por ejemplo en el cono sur de América tuvieron buenos resultados, teniendo en cuenta la guerra que libraría el desarrollo económico capitalista que logró imponerse en occidente de forma predominante sobre sistemas sociales y culturales. Una de esas propuestas se remite a la renta básica o renta mínima de subsistencia, tesis que desarrollaremos en la siguiente parte del texto.

La renta básica universal es un ingreso que periódicamente asigna el Estado a cada ciudadano que no tenga vinculación o relación socioeconómica alguna en el mercado. España ha sido noticia por estos días al decretar la renta universal con el fin de sostener la crisis socioeconómica de la sociedad española que en un principio se preguntó la importancia de la financiación y sostenimiento de esta iniciativa, para lo cual fue fundamental el cuestionamiento de las relaciones sociales y laborales en las que concluyeron una redistribución equitativa de los ingresos desiguales que el autorregulador mercado y Estado no han podido solucionar. Para Colombia, un país que no ha solucionado el conflicto armado interno y el fenómeno del narcotráfico, y mucho menos el modelo extraccioncita de recursos naturales y materias primas a bajos costos, analizar el panorama económico es complejo pero se presentan soluciones que tendrán que tener como base, una plataforma abierta a una reforma laboral y pensional. La renta básica en Colombia debe ser un hecho debido a la crisis social, producto de la crisis económica y de sus enfoques económicos y metodologías fiscales que son legítimas pero ante todo inequitativas, hegemónicas y homogéneas.

Una sociedad en la que el 50% de su población según el DANE (2019) está subsistiendo de un modelo de informalidad es uno de los argumentos para adaptar la renta básica universal, un país en el que la distribución inequitativa de la tierra tiene en una asimetría absurda en el que el 1.8% de la población es propietaria del 80% de la tierra total del territorio (PNUD, 2016) y en el que el sistema de pensiones y seguridad social está regulado por sistemas privados, son los preceptos que suponen la estructura de dicho modelo. Paralelamente a la realidad colombiana, en Kenia (África) se adoptó dicho modelo donde 16.000 personas forman parte de un proyecto dirigido por la ONG GiveDirectly gracias al cual recibirán ingresos mensuales a cambio de nada. La cuestión es que para el capitalismo le es necesario generar disyuntivas entre el mercado y la sociedad, disyuntiva inexistente al ser el ámbito social y el ámbito económico un sistema interrelación de diversos factores que se desarrollan en democracias y estados con principios de universalidad, equidad e igualdad que resultan contradictorios al no solucionar los problemas de distribución de la riqueza y la pobreza asignadas a países latinos, asiáticos y africanos.

Finalmente la renta básica hace parte de una economía con enfoque humanista que se preocupa por la resolución de problemáticas estructurales de la sociedad y sus sistemas económicos en el que la interrelación con el medio ambiente es fundamental para abandonar el asistencialismo ambiental al que la economía ha llevado a deteriorar, como lo que se viene desarrollando en la amazonia colombiana, peruana y brasilera, en la que terratenientes y ganaderos hacen talas ilegales en la selva, para apropiarse de la tierra y desplazar comunidades. La renta básica funciona también con mecanismos de regulación del mercado y metodologías en las instituciones, pero estas deben hacer un cambio estructural para una transformación real de los sistemas sociales y económicos que reproducen la desigualdad y la pobreza, y como al principio del texto, sostenemos que la economía más que una ciencia aplicada en el estado para desarrollarse en términos de eficiencia y eficacia, debe ser más bien un sistema de catalexia, como decía la escuela austriaca de economía, un sistema complejo de información del mercado y sociedad en el que según las condiciones, el mercado debe ser regulado de acuerdo a las problemáticas, la distribución y la oportunidad social. 


Hacia una Renta Básica Universal en Colombia

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June 30, 2020

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David Pirachicán

Colombia afronta hoy un reto fundamental para asumir la crisis social, económica y política que por años acumuló, producto de un proceso fallido en la construcción de un Estado Social y democrático de derecho, estos fallos se han presentado en sus políticas sociales y económicas que han funcionado de manera circular, es decir, poco transformadoras, más bien impuestas y adaptativas a las circunstancias de la crisis y la agenda.

Lo que nos lleva a pensar el papel de la economía, no como el conjunto de <acciones racionales> en pro del bienestar del mercado y la sociedad, sino como un sistema complejo de pensamiento, de filosofía o como un elemento transformador de ámbitos y relaciones sociales desiguales e inequitativas. A grandes rasgos, la economía como ciencia aplicada en el Estado se ha basado en postulados sobre el individualismo metodológico, economía neoclásica y liberal que se enmarcan en una serie de reformas neoliberales implementadas a finales del siglo XX, que hoy siguen vigentes, curiosamente con más rigurosidad y fuerza.

Los mecanismos actuales de captación de capital que usa el Estado se regulan en un principio por una evaluación y aprobación de las entidades económicas internacionales, como las agencias privadas de calificación y acreditación de inversión y endeudamiento que son asumidas por los gobiernos para poder desarrollar sus planes nacionales de gobierno o desarrollo (política pública, política fiscal, política social). Por lo que bajo esta tradición las dinámicas en ámbitos políticos y económicos los postulados y principios de la economía capitalista no tienen restricciones instituidas a la hora de una inmersión económica, iniciativa o el famosos emprendimiento de la economía naranja. Estos fundamentos hoy han sido reforzados por las desigualdades y equilibrios sociales que visibilizó la pandemia del COVID19, el proteccionismo de los gobiernos hacia las entidades financieras y la banca privada no son un secreto a la hora de revisar las nuevas políticas fiscales del país, para volver a iniciar una reactivación que de por sí, ya venía con problemas a causa de la devaluación del precio del petróleo y en general del sistema financiero, pensional, presupuestal y de inversión, procesos enrutados por metodologías proteccionistas del sistema capital y no del sistema social, es por eso que deben ser analizadas nuevas formas de economía que hoy retornan de los enfoques economistas de los modelos de bienestar que por ejemplo en el cono sur de América tuvieron buenos resultados, teniendo en cuenta la guerra que libraría el desarrollo económico capitalista que logró imponerse en occidente de forma predominante sobre sistemas sociales y culturales. Una de esas propuestas se remite a la renta básica o renta mínima de subsistencia, tesis que desarrollaremos en la siguiente parte del texto.

La renta básica universal es un ingreso que periódicamente asigna el Estado a cada ciudadano que no tenga vinculación o relación socioeconómica alguna en el mercado. España ha sido noticia por estos días al decretar la renta universal con el fin de sostener la crisis socioeconómica de la sociedad española que en un principio se preguntó la importancia de la financiación y sostenimiento de esta iniciativa, para lo cual fue fundamental el cuestionamiento de las relaciones sociales y laborales en las que concluyeron una redistribución equitativa de los ingresos desiguales que el autorregulador mercado y Estado no han podido solucionar. Para Colombia, un país que no ha solucionado el conflicto armado interno y el fenómeno del narcotráfico, y mucho menos el modelo extraccioncita de recursos naturales y materias primas a bajos costos, analizar el panorama económico es complejo pero se presentan soluciones que tendrán que tener como base, una plataforma abierta a una reforma laboral y pensional. La renta básica en Colombia debe ser un hecho debido a la crisis social, producto de la crisis económica y de sus enfoques económicos y metodologías fiscales que son legítimas pero ante todo inequitativas, hegemónicas y homogéneas.

Una sociedad en la que el 50% de su población según el DANE (2019) está subsistiendo de un modelo de informalidad es uno de los argumentos para adaptar la renta básica universal, un país en el que la distribución inequitativa de la tierra tiene en una asimetría absurda en el que el 1.8% de la población es propietaria del 80% de la tierra total del territorio (PNUD, 2016) y en el que el sistema de pensiones y seguridad social está regulado por sistemas privados, son los preceptos que suponen la estructura de dicho modelo. Paralelamente a la realidad colombiana, en Kenia (África) se adoptó dicho modelo donde 16.000 personas forman parte de un proyecto dirigido por la ONG GiveDirectly gracias al cual recibirán ingresos mensuales a cambio de nada. La cuestión es que para el capitalismo le es necesario generar disyuntivas entre el mercado y la sociedad, disyuntiva inexistente al ser el ámbito social y el ámbito económico un sistema interrelación de diversos factores que se desarrollan en democracias y estados con principios de universalidad, equidad e igualdad que resultan contradictorios al no solucionar los problemas de distribución de la riqueza y la pobreza asignadas a países latinos, asiáticos y africanos.

Finalmente la renta básica hace parte de una economía con enfoque humanista que se preocupa por la resolución de problemáticas estructurales de la sociedad y sus sistemas económicos en el que la interrelación con el medio ambiente es fundamental para abandonar el asistencialismo ambiental al que la economía ha llevado a deteriorar, como lo que se viene desarrollando en la amazonia colombiana, peruana y brasilera, en la que terratenientes y ganaderos hacen talas ilegales en la selva, para apropiarse de la tierra y desplazar comunidades. La renta básica funciona también con mecanismos de regulación del mercado y metodologías en las instituciones, pero estas deben hacer un cambio estructural para una transformación real de los sistemas sociales y económicos que reproducen la desigualdad y la pobreza, y como al principio del texto, sostenemos que la economía más que una ciencia aplicada en el estado para desarrollarse en términos de eficiencia y eficacia, debe ser más bien un sistema de catalexia, como decía la escuela austriaca de economía, un sistema complejo de información del mercado y sociedad en el que según las condiciones, el mercado debe ser regulado de acuerdo a las problemáticas, la distribución y la oportunidad social. 


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