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Infertilidad

Estudios del Centro de Infertilidad IECH y la Clínica de Fertilidad GENIVITY dicen que del 10% al 15% de las parejas en edad reproductiva no pueden procrear, por lo que en promedio, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad y va en incremento debido a varios factores como el aumento de las Enfermedades de Transmisión Sexual, la postergación de la maternidad y la paternidad, la acentuación del stress generado por el estilo de vida actual, las adicciones, contaminación, etcétera.

Estas cifras son alarmantes, porque a nivel nacional, en México, serían de 2.3  a 3 millones de personas que tienen dificultades para tener un bebé, lo cual se traduce en millones de parejas que buscan desesperadamente una solución a su problema de procreación.

Se dice que una pareja es infértil, cuando después de un año de actividad sexual coital frecuente (2 o 3 veces por semana) o seis meses si la mujer es mayor de 35 años y sin el uso de ningún método anticonceptivo, no se ha logrado embarazar o no ha llevado a término un embarazo.

Las causas de la infertilidad son variadas por lo que es indispensable contar con un grupo de especialistas multidisciplinarios que apoyen médica y psicológicamente a las personas con esta problemática, porque se ven inmersas no sólo las áreas clínicas del paciente, sino también sentimientos, pensamientos y emociones, intrínsecos a cada ser humano.

Al presentarse un problema de infertilidad en una persona no sólo se involucra ella sola, sino todo su medio ambiente, su familia, pareja, amigos, sus recursos materiales y monetarios, sus creencias políticas, religiosas etc. Ya que no sólo conlleva aspectos psicofisiológicos, sino también aspectos socioculturales y económicos, ya que cuando una pareja se encuentra en la búsqueda de un embarazo se depositan cientos de expectativas sobre el futuro ser, como qué nombre llevará, a qué se dedicará, cómo será físicamente, a quién se parecerá, etcétera.                                                             

Desafortunadamente cuando no se lleva a cabo un embarazo deseado se generan impactos emocionales en la relación de la pareja como:

Negación, baja autoestima, depresión, somatización, evitación, acusación de la pareja, se convierte en el único proyecto de pareja, dificultad en la capacidad de negociar, toma de decisiones rápidas, emergen viejos conflictos y patrones familiares, dificultades en la comunicación, pérdida de Intimidad.

El impacto sobre la sexualidad:

Es la sobrevaloración de la eyaculación intravaginal, el interés femenino sólo en días fértiles, presión sobre el hombre para la erección y eyaculación, la actividad sexual exclusivamente con fines procreativos y las disfunciones sexuales tanto en mujeres (deseo sexual hipoactivo, anorgasmia femenina y patrón evitativo), como en hombres (deseo sexual hipoactivo, disfunción eréctil y patrón evitativo).

Y una de las principales problemáticas dentro de la infertilidad es la frustración que genera las expectativas no resueltas, todas esas fantasías que imaginamos al momento de idealizar a nuestros sucesores, lo que termina por enfrentarnos a costosos tratamientos de fertilidad que se tornan indeterminados, casi perpetuos y realmente desgastantes a nivel económico, físico y emocional.

Por eso es importante plantearse la pregunta:                                                                

¿Hasta qué punto es bueno someterse a tratamientos de fertilización?

En muchos casos las parejas con infertilidad intentan un número razonable de veces someterse a los tratamientos hormonales, quirúrgicos y técnicas de reproducción asistida, pero otras parejas que se obsesionan y se aferran fervientemente a estos tratamientos al grado de poner en riesgo su salud y convierten su problemática en el eje principal de su vida, dejando todas las demás áreas de su persona completamente olvidadas, pues por una parte si comparten su desdicha todo su medio social habla del tema y sólo están pendientes del día que toca el tratamiento, de si ya se embarazaron, de si ya tuvieron un aborto espontáneo, etcétera, por otro lado si deciden “guardar su obscuro secreto”, prefieren alejarse de todos a su alrededor para que nadie pregunte “¿porqué no tienen hijos?”, “¿porqué no han pasado al siguiente paso?”, “¿porqué se les está yendo el tren?”, etc. por lo que en cualquier caso, sea cual sea su decisión, la gran mayoría de las parejas infértiles perderán recursos materiales, físicos y económicos, descuidarán a su familia de origen, se alejan de sus amistades por el miedo a que los rechacen o se burlen de su dificultad para procrear, sentirán que sus colegas les presumen prepotentemente a sus descendientes; también sus relaciones de pareja y sexuales sufrirán cambios importantes como decremento en el deseo, dificultad de tener erecciones y orgasmos por la presión de que las relaciones sexuales sólo son con fines reproductivos.

En miles de parejas el problema de la infertilidad se llega a convertir en un verdadero martirio sus vida se ven envueltas en torno a esta problemática al punto de no poder pensar en algo más 

Por lo que es imprescindible realizar un profundo análisis que nos lleve a la reflexión de ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a llegar por tener descendencia?, ¿Con qué recursos sociales, personales y económicos cuento?, ¿Cuál es el límite de tratamientos me voy a someter para no caer en una obsesión?, ¿Si no funciona el tratamiento qué otras opciones podría decidir?, ¿Porqué quiero un hijo?, ¿Qué expectativas estoy depositando en este nuevo ser?, ¿Son cosas que yo no he podido realizar y creo que un hijo si va a consumar?, ¿Qué cambios tendría que realizar en mi vida personal para su llegada?, ¿Estoy consciente del gran compromiso y responsabilidades que conlleva traer al mundo a un bebé?


Infertilidad un Problema Existencial

Columna
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November 30, 2020

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Infertilidad

Estudios del Centro de Infertilidad IECH y la Clínica de Fertilidad GENIVITY dicen que del 10% al 15% de las parejas en edad reproductiva no pueden procrear, por lo que en promedio, una de cada seis parejas tiene problemas de infertilidad y va en incremento debido a varios factores como el aumento de las Enfermedades de Transmisión Sexual, la postergación de la maternidad y la paternidad, la acentuación del stress generado por el estilo de vida actual, las adicciones, contaminación, etcétera.

Estas cifras son alarmantes, porque a nivel nacional, en México, serían de 2.3  a 3 millones de personas que tienen dificultades para tener un bebé, lo cual se traduce en millones de parejas que buscan desesperadamente una solución a su problema de procreación.

Se dice que una pareja es infértil, cuando después de un año de actividad sexual coital frecuente (2 o 3 veces por semana) o seis meses si la mujer es mayor de 35 años y sin el uso de ningún método anticonceptivo, no se ha logrado embarazar o no ha llevado a término un embarazo.

Las causas de la infertilidad son variadas por lo que es indispensable contar con un grupo de especialistas multidisciplinarios que apoyen médica y psicológicamente a las personas con esta problemática, porque se ven inmersas no sólo las áreas clínicas del paciente, sino también sentimientos, pensamientos y emociones, intrínsecos a cada ser humano.

Al presentarse un problema de infertilidad en una persona no sólo se involucra ella sola, sino todo su medio ambiente, su familia, pareja, amigos, sus recursos materiales y monetarios, sus creencias políticas, religiosas etc. Ya que no sólo conlleva aspectos psicofisiológicos, sino también aspectos socioculturales y económicos, ya que cuando una pareja se encuentra en la búsqueda de un embarazo se depositan cientos de expectativas sobre el futuro ser, como qué nombre llevará, a qué se dedicará, cómo será físicamente, a quién se parecerá, etcétera.                                                             

Desafortunadamente cuando no se lleva a cabo un embarazo deseado se generan impactos emocionales en la relación de la pareja como:

Negación, baja autoestima, depresión, somatización, evitación, acusación de la pareja, se convierte en el único proyecto de pareja, dificultad en la capacidad de negociar, toma de decisiones rápidas, emergen viejos conflictos y patrones familiares, dificultades en la comunicación, pérdida de Intimidad.

El impacto sobre la sexualidad:

Es la sobrevaloración de la eyaculación intravaginal, el interés femenino sólo en días fértiles, presión sobre el hombre para la erección y eyaculación, la actividad sexual exclusivamente con fines procreativos y las disfunciones sexuales tanto en mujeres (deseo sexual hipoactivo, anorgasmia femenina y patrón evitativo), como en hombres (deseo sexual hipoactivo, disfunción eréctil y patrón evitativo).

Y una de las principales problemáticas dentro de la infertilidad es la frustración que genera las expectativas no resueltas, todas esas fantasías que imaginamos al momento de idealizar a nuestros sucesores, lo que termina por enfrentarnos a costosos tratamientos de fertilidad que se tornan indeterminados, casi perpetuos y realmente desgastantes a nivel económico, físico y emocional.

Por eso es importante plantearse la pregunta:                                                                

¿Hasta qué punto es bueno someterse a tratamientos de fertilización?

En muchos casos las parejas con infertilidad intentan un número razonable de veces someterse a los tratamientos hormonales, quirúrgicos y técnicas de reproducción asistida, pero otras parejas que se obsesionan y se aferran fervientemente a estos tratamientos al grado de poner en riesgo su salud y convierten su problemática en el eje principal de su vida, dejando todas las demás áreas de su persona completamente olvidadas, pues por una parte si comparten su desdicha todo su medio social habla del tema y sólo están pendientes del día que toca el tratamiento, de si ya se embarazaron, de si ya tuvieron un aborto espontáneo, etcétera, por otro lado si deciden “guardar su obscuro secreto”, prefieren alejarse de todos a su alrededor para que nadie pregunte “¿porqué no tienen hijos?”, “¿porqué no han pasado al siguiente paso?”, “¿porqué se les está yendo el tren?”, etc. por lo que en cualquier caso, sea cual sea su decisión, la gran mayoría de las parejas infértiles perderán recursos materiales, físicos y económicos, descuidarán a su familia de origen, se alejan de sus amistades por el miedo a que los rechacen o se burlen de su dificultad para procrear, sentirán que sus colegas les presumen prepotentemente a sus descendientes; también sus relaciones de pareja y sexuales sufrirán cambios importantes como decremento en el deseo, dificultad de tener erecciones y orgasmos por la presión de que las relaciones sexuales sólo son con fines reproductivos.

En miles de parejas el problema de la infertilidad se llega a convertir en un verdadero martirio sus vida se ven envueltas en torno a esta problemática al punto de no poder pensar en algo más 

Por lo que es imprescindible realizar un profundo análisis que nos lleve a la reflexión de ¿Hasta qué punto estoy dispuesto a llegar por tener descendencia?, ¿Con qué recursos sociales, personales y económicos cuento?, ¿Cuál es el límite de tratamientos me voy a someter para no caer en una obsesión?, ¿Si no funciona el tratamiento qué otras opciones podría decidir?, ¿Porqué quiero un hijo?, ¿Qué expectativas estoy depositando en este nuevo ser?, ¿Son cosas que yo no he podido realizar y creo que un hijo si va a consumar?, ¿Qué cambios tendría que realizar en mi vida personal para su llegada?, ¿Estoy consciente del gran compromiso y responsabilidades que conlleva traer al mundo a un bebé?


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