
La inteligencia artificial ya habla español. Resume contratos, responde clientes y genera campañas. Pero una economía no se mide por cuántas personas usan una herramienta. Se mide por quién la construye, quién cobra por ella y quién conserva la propiedad.
Las latinas aparecen en todos los niveles de la economía de AI: estudiantes, ingenieras, operadoras, fundadoras, investigadoras y usuarias. El problema es que las bases de datos rara vez permiten seguir su recorrido completo. Muchas agrupan a todas las mujeres; otras, a todas las personas hispanas. Pocas cruzan género, origen, cargo, salario, propiedad y etapa de financiación.
Esa ausencia estadística tiene consecuencias. Lo que no se mide se vuelve fácil de excluir y difícil de financiar.
Cinco puertas, cinco brechas
La primera puerta es la formación. Aprender a usar herramientas de AI puede ampliar productividad, pero los roles que construyen modelos e infraestructura requieren matemáticas, computación, acceso a cómputo y tiempo para experimentar. Para una mujer que combina estudio con cuidado o trabajo remunerado, un curso gratuito no elimina el costo real.
La segunda puerta es el empleo. Entrar a una empresa tecnológica no garantiza llegar a las funciones que concentran poder. Soporte, operaciones y marketing ofrecen carreras valiosas, pero investigación, producto e infraestructura suelen recibir mayor presupuesto, visibilidad y participación accionaria. Sin datos desglosados por función, una cifra corporativa de diversidad puede ocultar segregación interna.
La tercera puerta es el emprendimiento. Una latina puede fundar una empresa y aun así conservar poco control después de sucesivas rondas. Contar startups sin mirar propiedad, términos de inversión y asientos en la junta confunde actividad con riqueza.
La cuarta puerta es el venture capital. SomosVC informó que las personas latinas representaban apenas 1,6% de los profesionales de inversión en fondos estadounidenses con más de 100 millones de dólares bajo gestión. En 79% de esos fondos no había una persona latina en el equipo de inversión. El reporte también encontró que solo 35% de los inversionistas latinos encuestados estaba en el Área de la Bahía. La red existe fuera del centro tradicional, aunque el gran capital continúa concentrado.
La quinta puerta es el liderazgo. Una ejecutiva puede dirigir operaciones complejas y no tener el mismo control económico que un fundador o un gran accionista. Cargo, salario, acciones y voto deben medirse por separado.
El espejismo de los récords
PitchBook registró 73.600 millones de dólares para startups estadounidenses con al menos una fundadora en 2025, equivalentes a 27,7% del valor invertido. La cifra no permite concluir que las latinas recibieron una parte proporcional. Tampoco que el capital se distribuyó ampliamente: la AI reunió cerca de dos tercios del total y operaciones gigantes vinculadas con Scale AI y Anthropic sumaron más de 30.000 millones.
Un récord puede coexistir con cientos de fundadoras sin financiación. Además, al menos una mujer no significa que esa mujer controle la compañía. Para saber si aumenta el poder económico necesitamos conocer participaciones, dilución y derechos de voto.
Las redes como infraestructura
Frente a estas brechas, organizaciones como Latinx in AI y Accel AI Institute construyen conexiones, formación y visibilidad. Ganas Ventures incorpora una tesis de inversión enfocada en fundadores de comunidades subrepresentadas. Su valor está en corregir fallas de información: reconocer talento y mercados que las redes dominantes pasan por alto.
Aun así, una iniciativa emergente no sustituye la reforma institucional. Un fondo pequeño no puede compensar por sí solo la ausencia de latinas en grandes gestoras de activos. Un programa de mentoría no cambia una política de promoción opaca. Una beca no resuelve la carga de cuidado.
La agenda de datos que falta
Una investigación seria debería pedir seis indicadores anuales: latinas por función y nivel; salario, promoción y retención; participación accionaria y control de voto de las fundadoras; capital levantado por etapa y condiciones; latinas que escriben cheques y tamaño del capital que administran; acceso a programas de formación, cómputo y redes.
También debe explicar los límites de la categoría. Latina puede describir origen, identidad cultural o una clasificación administrativa; no sustituye raza, nacionalidad ni experiencia migratoria. Los datos deben permitir autoidentificación y proteger la privacidad.
Separar presencia de poder
La pregunta ¿dónde están las latinas? puede responderse con perfiles. La pregunta económica exige balances. Están trabajando y fundando; sabemos mucho menos sobre cuánto capital poseen, cuántas decisiones controlan y qué retorno reciben.
Hispanic Heritage Month ofrece una oportunidad para cambiar la conversación. En vez de una galería de historias inspiradoras, LEVEL propone seguir el dinero desde el aula hasta el fondo: quién obtiene formación, quién consigue el primer empleo, quién llega a producto, quién funda, quién recibe inversión y quién conserva la empresa.
La AI habla español porque millones de personas lo hablan. Que su economía distribuya poder a las latinas dependerá de decisiones mucho menos automáticas.
Fuentes consultadas
SomosVC, State of Latino/a VCs.
PitchBook, Female Founders VC Fundraising Dashboard, 2025.
Latinx in AI: https://www.latinxinai.org/
Accel AI Institute: https://www.accel.ai/
Ganas Ventures: https://www.ganas.vc/
Nota de verificación: no existe una única base pública que mida empleo, fundación, inversión y propiedad de latinas en AI. La pieza distingue datos observados de vacíos de información y evita extrapolar cifras generales.


