La Autonomía Económica de las Mujeres

June 9, 2019
Columna
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Foto de Jens Lindner en Unsplash.

Una mujer económicamente independiente conduce sus finanzas de la manera que considera más conveniente, para garantizar su sustento y el de los suyos, sin tener que doblegar su voluntad para que otro se lucre de sus labores. La libertad que se procura es ideal para esforzarse a la medida que le satisface (muchas veces, más de lo estipulado por la ley) y para tomarse las pausas que considera necesarias, descansar tanto el cuerpo como el intelecto, e inspirarse nuevamente.

Dicha libertad la empodera como ciudadana productiva, pero, sin duda, también implica obligaciones con la sociedad que la acoge y que le brinda la oportunidad de servirle. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, ¿quién se atrevería a contradecir al tío Ben de Peter Parker? Una mujer autónoma tiene el deber de informarse y cumplir con los compromisos fiscales que genera su actividad, debe también mantener la más alta calidad, responder a tiempo, cobrar precios ajustados al contexto y optimizar la producción para lograr destacarse entre el mar de personas que también quieren generar ingresos de manera independiente.

Una mujer económicamente independiente, que trabaja por y para sí, no puede confiar en que alguien se ocupará de garantizarle los derechos de salud y pensión que le corresponden por trabajar en alguna empresa, ni cerrar el año fiscal sin llevar una contabilidad minuciosa para no pagar más del necesario Impuesto sobre la Renta, tampoco recibir el subsidio de transporte o alimentación que le corresponde a los asalariados. Es más, si esta mujer económicamente independiente llegara a crecer como empresaria, no sólo deberá ocuparse de esos “detalles” para sí misma, sino que tendrá que velar para que sus trabajadores reciban lo justo en materia de salarios y derechos.

Y, con todas esas preocupaciones, ¿todavía hay mujeres que asumen el reto de participar como autónomas en una economía mayormente controlada por voces masculinas? CLARO QUE SÍ! Porque, aunque parezca una colina muy empinada, para algunas mujeres es muy apasionante explorar su creatividad y recibir respuestas positivas cuando algo de su autoría encanta a la sociedad, ya sea por su belleza o utilidad.

Muchas mujeres de pensamiento y actividad independiente han dejado su huella en el desarrollo económico de la sociedad mundial. En el arte, las ciencias, la gastronomía, el deporte y el entretenimiento encontramos ejemplos inspiradores que nos confirman que sí se puede triunfar como mujer económicamente independiente, totalmente encargada de su destino financiero. Martha Elena Violante, en su artículo “14 emprendedoras que hicieron sus fortunas millonarias”, difunde casos como el de Oprah Winfrey (Reina de la televisión), Nely Galán (productora y fundadora de The Adelante Movement), Yoshiko Shinohara (dirige la firma de servicios Temp Hólding), o Estée Lauder (su nombre es sinónimo de belleza, cosmetología y éxito). Todas ellas llevan en sus espaldas historias de dificultad y superación, sacrificio propio y beneficio colectivo.

Sin embargo, el éxito de una mujer emprendedora no está únicamente determinado por sus esfuerzos y astucias. ¿Por qué? Porque, así como el Estado y la Sociedad nos exigen cumplir con las responsabilidades derivadas del poder de la libertad, también tienen el compromiso de garantizar condiciones mínimas para que cualquier ciudadano que así lo quiera pueda desenvolverse de manera autónoma. Y, tristemente, he aquí una piedra que en muchos casos frustra el triunfo de mujeres de espíritu económicamente libre.

¿Cómo? Descuidando las protecciones mínimas necesarias para el éxito de cualquier microempresario. Entonces, la guerrera que se atrevería a ofrecer sus creaciones culinarias de manera modesta se ve amenazada por criminales que succionan sus ganancias a través de la extorsión, por lo cual ella prefiere emplearse en una compañía que pagará un salario mínimo a cambio de alguna labor que no la hace feliz, pero sí le ofrece algún tipo de seguridad. La artista o deportista que podría brillar por su talento no recibe el apoyo financiero que necesita para subsistir, por lo que abandona la práctica y se dedica a generar ingresos mínimos trabajando en alguna empresa que no aprovecha sus dotes sino que explota sus capacidades básicas. La visionaria que intenta revolucionar el mercado de algún producto es ahogada por el monopolio controlado entre los negocios de gran impacto, por lo que termina trabajando para alguno de ellos, estancada en la monotonía diaria que requiere la producción en masa, en vez de utilizar su intelecto para introducir variedad al mercado. Bien afirma el Portal pampilonense de Economía Solidaria, en una de sus publicaciones sobre la autonomía económica de las mujeres, que “la violencia y la amenaza de violencia es el mayor obstáculo para conseguir la autonomía económica.”

En marzo de 2018, el diario español ABC en su artículo “El número de mujeres autónomas alcanza el 35,3% del total y supera los niveles precrisis” afirmó que, según la Asociación de Trabajadores Autónomos de España, la recuperación de la crisis económica tenía como protagonistas a las mujeres autónomas, cuyos negocios generaban empleo y se mantenían en el tiempo. Imagínese cómo se beneficiaría la economía mundial si todas aquellas mujeres de espíritu económicamente independiente tuvieran la oportunidad de utilizar sus capacidades de manera autónoma, con las condiciones mínimas de seguridad y apoyo garantizadas. Probablemente ni siquiera sabríamos lo que es una crisis económica.

¿Qué podemos hacer para que cada vez más mujeres tengan la oportunidad de explorar la independencia económica (y así tal vez evitar futuras crisis)? Tomar y adaptar ideas de naciones como Nueva Zelanda, donde “la legislación ofrece un soporte habilitador que impulsa las ambiciones profesionales femeninas”, o Australia que en 2011 “creó la Cámara de Comercio e Industria de las Mujeres”, según informa Pablo Diez (2018), además de sinceramente apoyar y defender a aquellas féminas que crean en sí mismas como agentes económicos independientes.

REFERENCIAS

ABC Economía (2018). El número de mujeres autónomas alcanza el 35,3% del total y supera los niveles precrisis.

Diez, Pablo (2018). Los cinco países con más mujeres empresarias.

Portal de la Economía Solidaria (2009). Autonomía económica de las mujeres.

Violante, Martha Elena. 14 emprendedoras que hicieron sus fortunas millonarias sin ayuda

La Autonomía Económica de las Mujeres

January 15, 2019
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Foto de Jens Lindner en Unsplash.

Una mujer económicamente independiente conduce sus finanzas de la manera que considera más conveniente, para garantizar su sustento y el de los suyos, sin tener que doblegar su voluntad para que otro se lucre de sus labores. La libertad que se procura es ideal para esforzarse a la medida que le satisface (muchas veces, más de lo estipulado por la ley) y para tomarse las pausas que considera necesarias, descansar tanto el cuerpo como el intelecto, e inspirarse nuevamente.

Dicha libertad la empodera como ciudadana productiva, pero, sin duda, también implica obligaciones con la sociedad que la acoge y que le brinda la oportunidad de servirle. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, ¿quién se atrevería a contradecir al tío Ben de Peter Parker? Una mujer autónoma tiene el deber de informarse y cumplir con los compromisos fiscales que genera su actividad, debe también mantener la más alta calidad, responder a tiempo, cobrar precios ajustados al contexto y optimizar la producción para lograr destacarse entre el mar de personas que también quieren generar ingresos de manera independiente.

Una mujer económicamente independiente, que trabaja por y para sí, no puede confiar en que alguien se ocupará de garantizarle los derechos de salud y pensión que le corresponden por trabajar en alguna empresa, ni cerrar el año fiscal sin llevar una contabilidad minuciosa para no pagar más del necesario Impuesto sobre la Renta, tampoco recibir el subsidio de transporte o alimentación que le corresponde a los asalariados. Es más, si esta mujer económicamente independiente llegara a crecer como empresaria, no sólo deberá ocuparse de esos “detalles” para sí misma, sino que tendrá que velar para que sus trabajadores reciban lo justo en materia de salarios y derechos.

Y, con todas esas preocupaciones, ¿todavía hay mujeres que asumen el reto de participar como autónomas en una economía mayormente controlada por voces masculinas? CLARO QUE SÍ! Porque, aunque parezca una colina muy empinada, para algunas mujeres es muy apasionante explorar su creatividad y recibir respuestas positivas cuando algo de su autoría encanta a la sociedad, ya sea por su belleza o utilidad.

Muchas mujeres de pensamiento y actividad independiente han dejado su huella en el desarrollo económico de la sociedad mundial. En el arte, las ciencias, la gastronomía, el deporte y el entretenimiento encontramos ejemplos inspiradores que nos confirman que sí se puede triunfar como mujer económicamente independiente, totalmente encargada de su destino financiero. Martha Elena Violante, en su artículo “14 emprendedoras que hicieron sus fortunas millonarias”, difunde casos como el de Oprah Winfrey (Reina de la televisión), Nely Galán (productora y fundadora de The Adelante Movement), Yoshiko Shinohara (dirige la firma de servicios Temp Hólding), o Estée Lauder (su nombre es sinónimo de belleza, cosmetología y éxito). Todas ellas llevan en sus espaldas historias de dificultad y superación, sacrificio propio y beneficio colectivo.

Sin embargo, el éxito de una mujer emprendedora no está únicamente determinado por sus esfuerzos y astucias. ¿Por qué? Porque, así como el Estado y la Sociedad nos exigen cumplir con las responsabilidades derivadas del poder de la libertad, también tienen el compromiso de garantizar condiciones mínimas para que cualquier ciudadano que así lo quiera pueda desenvolverse de manera autónoma. Y, tristemente, he aquí una piedra que en muchos casos frustra el triunfo de mujeres de espíritu económicamente libre.

¿Cómo? Descuidando las protecciones mínimas necesarias para el éxito de cualquier microempresario. Entonces, la guerrera que se atrevería a ofrecer sus creaciones culinarias de manera modesta se ve amenazada por criminales que succionan sus ganancias a través de la extorsión, por lo cual ella prefiere emplearse en una compañía que pagará un salario mínimo a cambio de alguna labor que no la hace feliz, pero sí le ofrece algún tipo de seguridad. La artista o deportista que podría brillar por su talento no recibe el apoyo financiero que necesita para subsistir, por lo que abandona la práctica y se dedica a generar ingresos mínimos trabajando en alguna empresa que no aprovecha sus dotes sino que explota sus capacidades básicas. La visionaria que intenta revolucionar el mercado de algún producto es ahogada por el monopolio controlado entre los negocios de gran impacto, por lo que termina trabajando para alguno de ellos, estancada en la monotonía diaria que requiere la producción en masa, en vez de utilizar su intelecto para introducir variedad al mercado. Bien afirma el Portal pampilonense de Economía Solidaria, en una de sus publicaciones sobre la autonomía económica de las mujeres, que “la violencia y la amenaza de violencia es el mayor obstáculo para conseguir la autonomía económica.”

En marzo de 2018, el diario español ABC en su artículo “El número de mujeres autónomas alcanza el 35,3% del total y supera los niveles precrisis” afirmó que, según la Asociación de Trabajadores Autónomos de España, la recuperación de la crisis económica tenía como protagonistas a las mujeres autónomas, cuyos negocios generaban empleo y se mantenían en el tiempo. Imagínese cómo se beneficiaría la economía mundial si todas aquellas mujeres de espíritu económicamente independiente tuvieran la oportunidad de utilizar sus capacidades de manera autónoma, con las condiciones mínimas de seguridad y apoyo garantizadas. Probablemente ni siquiera sabríamos lo que es una crisis económica.

¿Qué podemos hacer para que cada vez más mujeres tengan la oportunidad de explorar la independencia económica (y así tal vez evitar futuras crisis)? Tomar y adaptar ideas de naciones como Nueva Zelanda, donde “la legislación ofrece un soporte habilitador que impulsa las ambiciones profesionales femeninas”, o Australia que en 2011 “creó la Cámara de Comercio e Industria de las Mujeres”, según informa Pablo Diez (2018), además de sinceramente apoyar y defender a aquellas féminas que crean en sí mismas como agentes económicos independientes.

REFERENCIAS

ABC Economía (2018). El número de mujeres autónomas alcanza el 35,3% del total y supera los niveles precrisis.

Diez, Pablo (2018). Los cinco países con más mujeres empresarias.

Portal de la Economía Solidaria (2009). Autonomía económica de las mujeres.

Violante, Martha Elena. 14 emprendedoras que hicieron sus fortunas millonarias sin ayuda

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