La Gestión de la Negligencia en Tiempos del Coronavirus

June 12, 2020
Columna
por:
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maternidad coronavirus
Yoann Boye

Las mujeres somos quienes llevamos encima la responsabilidad del trabajo de cuidados en los hogares y el conflicto entre las responsabilidades de cuidar a las familias y las exigencias del trabajo remunerado presentan escenarios complejos en el contexto de la epidemia por el coronavirus. ¿Qué significa de manera práctica para las mujeres que estamos malabareando cuidar, maternar, trabajar y producir los medios para vivir y mantener a una familia? El encierro nos ha planteado varias preguntas al respecto y lo que yo denomino las “políticas y gestión de la negligencia”.


¿Debemos mantener un óptimo rendimiento profesional, cumplir con metas, indicadores y objetivos de nuestros empleos remunerados, desde casa, con las herramientas que nos hayan sido otorgadas o que nosotras también estamos aportando? La respuesta de mi empleador es si ¿debo ante esta contingencia apoyar y ayudar a los y las maestras a que se implementen adecuadamente las clases en línea, lograr que mi hija se concentre y haga sus labores escolares fuera del entorno escolar? La respuesta de las escuelas es si. ¿Debo hacer todo esto diariamente y ser buena madre, esposa, pareja y profesional? La sociedad dice que si. 


¿Cómo justificamos que nuestro rendimiento profesional es menor dada la cantidad de trabajo del hogar que debemos realizar? ¿Debemos aplicar la “política de la negligencia” y bajo qué criterio lo implementamos? ¿Hasta dónde podemos ser negligentes en aras de rendir y cumplir? Algo que la negligencia suele acarrear, en la mayoría de los casos, son serias consecuencias. Sin embargo, cuando las pequeñas decisiones durante esta cuarentena son actos de negligencia que se repiten de forma sistemática, dado que resulta imposible lograrlo todo, sin sacrificar o ser negligente con algo o con alguien, nos jugamos la ruleta rusa de las posibles consecuencias que nos traerá nuestra gestión de la negligencia. 


En esta pandemia nos vemos orilladas a aplicar la practicidad: ¿qué voy a descuidar hoy para rendir en el trabajo? ¿Qué voy a descuidar mañana para apoyar a mi pareja? ¿A qué le resto importancia más tarde para poder entregar el reporte que me pidieron? ¿Qué debo ignorar hoy para pasar un tiempo de calidad con mi hija? ¿Con qué seré negligente para poder tener el tiempo de abrazarla y acompañarla cuando su frustración está a tope ante la cuarentena?


Estas preguntas se han postrado en mi mente y en la de miles de mujeres que trabajamos dentro y fuera del hogar, ¿cómo debemos priorizar lo importante ante una pandemia, que al menos nos deja claro que la salud es primero?, la que nos dicen los medios y las autoridades de salud que debemos mantenernos resguardadas para no arriesgar la vida, pero, ¿qué si me piden salir a trabajar a una oficina?, ¿deberé ser negligente con mi salud y la de mi familia?, si me amenazan con despedirme, ¿debo sopesar la vida o el empleo?


No es la primera vez que hablamos sobre las desigualdades de género y el rol de las mujeres en la economía del trabajo de cuidados, pero el COVID-19 nos permite quitar los velos con los que disfrazamos sobre nuestra independencia y nos damos cuenta que la negligencia no es natural, no es algo a lo que queremos acostumbrarnos, no vale lo que cuesta ignorar lo importante en nuestras vidas en aras de mantener el status quo pre-covid.  


Arriesgamos la vida, la salud mental y la productividad ¿por qué?, ¿por quién? Por el o la jefa, la empresa, la familia, la salud, la casa, los y las hijas, ¿cómo priorizamos y en qué somos negligentes? Estas son algunas de las preguntas que hoy planteo desde la segunda copa de vino que he tomado para retomar la jornada vespertina.

La Gestión de la Negligencia en Tiempos del Coronavirus

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May 15, 2020

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Yoann Boye

Las mujeres somos quienes llevamos encima la responsabilidad del trabajo de cuidados en los hogares y el conflicto entre las responsabilidades de cuidar a las familias y las exigencias del trabajo remunerado presentan escenarios complejos en el contexto de la epidemia por el coronavirus. ¿Qué significa de manera práctica para las mujeres que estamos malabareando cuidar, maternar, trabajar y producir los medios para vivir y mantener a una familia? El encierro nos ha planteado varias preguntas al respecto y lo que yo denomino las “políticas y gestión de la negligencia”.


¿Debemos mantener un óptimo rendimiento profesional, cumplir con metas, indicadores y objetivos de nuestros empleos remunerados, desde casa, con las herramientas que nos hayan sido otorgadas o que nosotras también estamos aportando? La respuesta de mi empleador es si ¿debo ante esta contingencia apoyar y ayudar a los y las maestras a que se implementen adecuadamente las clases en línea, lograr que mi hija se concentre y haga sus labores escolares fuera del entorno escolar? La respuesta de las escuelas es si. ¿Debo hacer todo esto diariamente y ser buena madre, esposa, pareja y profesional? La sociedad dice que si. 


¿Cómo justificamos que nuestro rendimiento profesional es menor dada la cantidad de trabajo del hogar que debemos realizar? ¿Debemos aplicar la “política de la negligencia” y bajo qué criterio lo implementamos? ¿Hasta dónde podemos ser negligentes en aras de rendir y cumplir? Algo que la negligencia suele acarrear, en la mayoría de los casos, son serias consecuencias. Sin embargo, cuando las pequeñas decisiones durante esta cuarentena son actos de negligencia que se repiten de forma sistemática, dado que resulta imposible lograrlo todo, sin sacrificar o ser negligente con algo o con alguien, nos jugamos la ruleta rusa de las posibles consecuencias que nos traerá nuestra gestión de la negligencia. 


En esta pandemia nos vemos orilladas a aplicar la practicidad: ¿qué voy a descuidar hoy para rendir en el trabajo? ¿Qué voy a descuidar mañana para apoyar a mi pareja? ¿A qué le resto importancia más tarde para poder entregar el reporte que me pidieron? ¿Qué debo ignorar hoy para pasar un tiempo de calidad con mi hija? ¿Con qué seré negligente para poder tener el tiempo de abrazarla y acompañarla cuando su frustración está a tope ante la cuarentena?


Estas preguntas se han postrado en mi mente y en la de miles de mujeres que trabajamos dentro y fuera del hogar, ¿cómo debemos priorizar lo importante ante una pandemia, que al menos nos deja claro que la salud es primero?, la que nos dicen los medios y las autoridades de salud que debemos mantenernos resguardadas para no arriesgar la vida, pero, ¿qué si me piden salir a trabajar a una oficina?, ¿deberé ser negligente con mi salud y la de mi familia?, si me amenazan con despedirme, ¿debo sopesar la vida o el empleo?


No es la primera vez que hablamos sobre las desigualdades de género y el rol de las mujeres en la economía del trabajo de cuidados, pero el COVID-19 nos permite quitar los velos con los que disfrazamos sobre nuestra independencia y nos damos cuenta que la negligencia no es natural, no es algo a lo que queremos acostumbrarnos, no vale lo que cuesta ignorar lo importante en nuestras vidas en aras de mantener el status quo pre-covid.  


Arriesgamos la vida, la salud mental y la productividad ¿por qué?, ¿por quién? Por el o la jefa, la empresa, la familia, la salud, la casa, los y las hijas, ¿cómo priorizamos y en qué somos negligentes? Estas son algunas de las preguntas que hoy planteo desde la segunda copa de vino que he tomado para retomar la jornada vespertina.

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