La Memoria y La Justicia Social

June 9, 2019
Artículo
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“El tiempo no es real más que en la medida en que tiene un contenido, es decir, en que ofrece una materia de acontecimientos al pensamiento. Es limitado y relativo, pero tiene una realidad plena. Es lo bastante extenso para ofrecer a las conciencias individuales un cuadro suficiente amplio para que puedan disponer de él y reencontrar sus recuerdos”. Halbwachs (1950:129)

La memoria histórica en la actualidad juega un importante papel en las comunidades contemporáneas como nueva expresión de la sociedad consumista y globalizada en un punto de grandes actos identitarias dentro de escenarios políticos, jurídicos, culturales y ético-sociales que ha generado dignidad a las sociedades, heredando y rescatando victorias y resistiendo a causas y consecuencias de desigualdad, violencia, pobreza, guerra y demás fenómenos implícitos en ellas.

La memoria desde una perspectiva significa establecer de qué manera la comunidad inmortaliza su pasado y busca suministrar una explicación al presente y evitar que se repitan estas acciones identitarias individuales y/o colectivas, ha contribuido a la solidaridad entre víctimas de acuerdo a la modificación de prejuicios por medio de esfuerzos que perduran en el relato verídico. De igual modo al reflexionar sobre la memoria social y el sentido de los procesos de evocación colectiva, la relación de la memoria con el olvido y el aprendizaje social puedes mostrar el poderío que posee. Los lugares de memoria constituyen una categoría para realizar un análisis que se refiere a la especialidad; donde el tiempo suele relacionarse con horas, fechas, momentos calculados en el calendario, donde cada individuo ubica su historia otorgándole una temporalidad a los sucesos.  De igual modo, los objetos también hacen referencia a los marcos sociales de la memoria, debido a que son definidos como cosas (documentos, utensilios, mobiliarios, dinero, etc) que no solo reflejan la cultura de una sociedad, sino que explican los lazos que unen a varios grupos siendo motivo de evaluación y comparación.

La memoria es un registro y recopilador de nuestras experiencias, que se recuerdan en una representación del pasado hecha de acuerdo a las ideologías del presente y movilizaciones que apuntan al futuro. Es un instrumento colectivo un instrumento de poder y de identidad que forma parte de las ideologías sociales. Los seres humanos construimos memoria, de igual modo estas nos construyen a nosotros, sin ella los seres humanos se perderían, vivirían sólo del presente; las formas de imaginar el porvenir y la memoria son dimensiones esenciales en la constitución de la subjetividad , es decir, el pasado se puede entender no sólo como un acto terminado sino como un proceso que continúa en construcción, dotado de un sentido real social y partícipe de los modos  en que los sujetos significan y dan sentido al mundo que los rodea. Este respeto a la memoria retiene en el presente un archivo de las experiencias y de las vivencias realizadas en el pasado y también el conocimiento adquirido a través de las experiencias de otras personas (Shils, 1980:51). De igual manera esta se condensa en muchos elementos de la cultura material, que sirve de base simbólico para la objetivación de la misma.

La memoria es un recurso cultural, como instrumento retórico e ideológico (Cohen 1987:133) y por supuesto como estrategia de construcción de identidades en la diferencia. Al hablar de memoria colectiva, hablamos de un agregado de memorias individuales, yaciendo de las experiencias y conocimientos compartidos recuperados de los individuos en situaciones semejantes. El pasado se reactualiza en la memoria, buscando un sentimiento social al presente, construido sobre las diferencias entre “el nosotros” y “los otros”, entre “el yo” y el “el otro”. El cual representa la expresión de una cultura moral entre el pasado y el presente en una única entidad cohesionada. Siendo en cierta manera el pasado un espejo social moral del presente.

De este modo, analizar el carácter social de la memoria tiene que ver con estudiar el impacto que los principios macro sociales que se ejercen en los conocimientos individuales; para ellos, se han revisado las formas en que los acontecimientos traumáticos y el discurso sobre ellos son digeridos y enmendados por los individuos, todo esto bajo esta línea, lo cual ha levantado un gran interés en los analistas en el tema destacan cómo es que la memoria y el olvido son un terreno en disputa. Sin embargo, la memoria como herramienta de control social al mantener el orden ha sido efectiva como técnica de control de conducta humana por medio de la información, las representaciones del pasado han demostrado ser mucho más reacias a la manipulación y más difíciles de eliminar. Sea cual sea el principio de la memoria como lucha por la justicia u obstáculo de la búsqueda de las libertades, es, en cualquiera de los dos modos coacción de las supuestas técnicas, un componente sustancial en los modos de construcción de la realidad social que llevan a cabo los sujetos.

La justicia social como valores adheridos a la memoria colectiva fortalece las redes y conexiones sociales que determinan la naturaleza y el carácter de este. Los valores son aprehendidos por una intuición emotiva y dentro de una teoría pura de valores se puede distinguir entre una teoría pura de los valores mismos (teoría lógica del objeto) y una de las posturas valorativas (teoría del pensamiento), dados o construidos por saberes específicos. En este caso la justicia como valor social se desprende en conexión con los demás a través de los principios fundamentales de reconciliación y reconstrucción de una sociedad en torno a la memoria. Estos flujos de ideas hegemónicas y conexión de empatía, compromiso y organización racional de auto conservación.

La realidad social no se halla en procesos de memoria planteados con destino de un lugar sometido o del análisis del experto. Por el contrario, la memoria colectiva requiere fundamentalmente en correspondencia a las corrientes y técnicas compuestas en los cuales cobra su sentido. Es allí donde se halla una explicación en tanto memoria componente y edificada donde las formas de abstracción ponen características del mismo proceso de la memoria.

La construcción de un Estado democrático no puede sustraerse de la justa necesidad de escarbar en el pasado. Conseguir la justicia real, requiere necesariamente recuperar la memoria histórica como un patrimonio colectivo de sociedad, siendo importante recordar que no puede hacer democracia sin justicia ni justicia sin verdad. Siendo la justicia un elemento de la sociedad que se cosecha a través de la familia, escuela y demás grupos sociales, del cual se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos más allá del concepto de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial y para que se pueda instaurar una paz duradera.

Por otra parte, el recurso de la palabra hace pública la memoria de victimización que ha estado presente tanto en las prácticas conmemorativas como en sus memorias orales, sonoras y cantadas. Estas creaciones condensan representaciones integrales en narraciones de los hechos ocurridos, y expresan el impacto de la violencia en las víctimas, sus interpretaciones y demandas.  

Al usar la memoria como instrumento de justicia social, ofrece una reconstrucción histórica de los hechos de violencia que proponga un relato estructurado o una interpretación específica sobre lo sucedido. Estas iniciativas condensan sentidos que pueden ser considerados transversales a todo ejercicio de memoria, como lo es el no olvidar, cuyo objetivo es que no se repita los hechos violentos; visibilizar las narrativas de las víctimas, para hacer públicas las historias que narran quienes vieron los hechos; también sensibilizar a la sociedad civil, para intentar que los productos comunicativos lleguen a quienes lo desconocen.   De igual modo los trabajos de memoria resignifican el cuerpo y activan procesos de sanación, ya que reconstruye vínculos sociales al propiciar una expresión directa del dolor de la víctima, o una expresión colectiva a través de la iniciativa de la memoria.

Así la memoria colectiva como individual idealiza el pasado, haciendo eco bajo la forma de recuerdo, ostentando en las luchas, movilizaciones, ritos y demás formas de manifestación que contienen fuerza de realidad social; generando garantía colectiva en cuanto a la idealización del futuro, como también abre la posibilidad de interrogantes hacia hechos del pasado que, aunque no se hayan experimentado directamente, han llevado imágenes y consecuencias en el presente.

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REFERENCIAS

BASTA YA, COLOMBIA: Memorias de guerra y dignidad, Informe, grupo de memoria histórica. 2010

Max Sheler, LA ANTROPOLOGIA DE LOS VALORES, 2014

ANTROPOLOGIA DE LA MEMORIA: De la represión al genocidio, Revista de Antropología Experimental, nº 14, 2014.



La Memoria y La Justicia Social

February 28, 2019
Artículo
por:


“El tiempo no es real más que en la medida en que tiene un contenido, es decir, en que ofrece una materia de acontecimientos al pensamiento. Es limitado y relativo, pero tiene una realidad plena. Es lo bastante extenso para ofrecer a las conciencias individuales un cuadro suficiente amplio para que puedan disponer de él y reencontrar sus recuerdos”. Halbwachs (1950:129)

La memoria histórica en la actualidad juega un importante papel en las comunidades contemporáneas como nueva expresión de la sociedad consumista y globalizada en un punto de grandes actos identitarias dentro de escenarios políticos, jurídicos, culturales y ético-sociales que ha generado dignidad a las sociedades, heredando y rescatando victorias y resistiendo a causas y consecuencias de desigualdad, violencia, pobreza, guerra y demás fenómenos implícitos en ellas.

La memoria desde una perspectiva significa establecer de qué manera la comunidad inmortaliza su pasado y busca suministrar una explicación al presente y evitar que se repitan estas acciones identitarias individuales y/o colectivas, ha contribuido a la solidaridad entre víctimas de acuerdo a la modificación de prejuicios por medio de esfuerzos que perduran en el relato verídico. De igual modo al reflexionar sobre la memoria social y el sentido de los procesos de evocación colectiva, la relación de la memoria con el olvido y el aprendizaje social puedes mostrar el poderío que posee. Los lugares de memoria constituyen una categoría para realizar un análisis que se refiere a la especialidad; donde el tiempo suele relacionarse con horas, fechas, momentos calculados en el calendario, donde cada individuo ubica su historia otorgándole una temporalidad a los sucesos.  De igual modo, los objetos también hacen referencia a los marcos sociales de la memoria, debido a que son definidos como cosas (documentos, utensilios, mobiliarios, dinero, etc) que no solo reflejan la cultura de una sociedad, sino que explican los lazos que unen a varios grupos siendo motivo de evaluación y comparación.

La memoria es un registro y recopilador de nuestras experiencias, que se recuerdan en una representación del pasado hecha de acuerdo a las ideologías del presente y movilizaciones que apuntan al futuro. Es un instrumento colectivo un instrumento de poder y de identidad que forma parte de las ideologías sociales. Los seres humanos construimos memoria, de igual modo estas nos construyen a nosotros, sin ella los seres humanos se perderían, vivirían sólo del presente; las formas de imaginar el porvenir y la memoria son dimensiones esenciales en la constitución de la subjetividad , es decir, el pasado se puede entender no sólo como un acto terminado sino como un proceso que continúa en construcción, dotado de un sentido real social y partícipe de los modos  en que los sujetos significan y dan sentido al mundo que los rodea. Este respeto a la memoria retiene en el presente un archivo de las experiencias y de las vivencias realizadas en el pasado y también el conocimiento adquirido a través de las experiencias de otras personas (Shils, 1980:51). De igual manera esta se condensa en muchos elementos de la cultura material, que sirve de base simbólico para la objetivación de la misma.

La memoria es un recurso cultural, como instrumento retórico e ideológico (Cohen 1987:133) y por supuesto como estrategia de construcción de identidades en la diferencia. Al hablar de memoria colectiva, hablamos de un agregado de memorias individuales, yaciendo de las experiencias y conocimientos compartidos recuperados de los individuos en situaciones semejantes. El pasado se reactualiza en la memoria, buscando un sentimiento social al presente, construido sobre las diferencias entre “el nosotros” y “los otros”, entre “el yo” y el “el otro”. El cual representa la expresión de una cultura moral entre el pasado y el presente en una única entidad cohesionada. Siendo en cierta manera el pasado un espejo social moral del presente.

De este modo, analizar el carácter social de la memoria tiene que ver con estudiar el impacto que los principios macro sociales que se ejercen en los conocimientos individuales; para ellos, se han revisado las formas en que los acontecimientos traumáticos y el discurso sobre ellos son digeridos y enmendados por los individuos, todo esto bajo esta línea, lo cual ha levantado un gran interés en los analistas en el tema destacan cómo es que la memoria y el olvido son un terreno en disputa. Sin embargo, la memoria como herramienta de control social al mantener el orden ha sido efectiva como técnica de control de conducta humana por medio de la información, las representaciones del pasado han demostrado ser mucho más reacias a la manipulación y más difíciles de eliminar. Sea cual sea el principio de la memoria como lucha por la justicia u obstáculo de la búsqueda de las libertades, es, en cualquiera de los dos modos coacción de las supuestas técnicas, un componente sustancial en los modos de construcción de la realidad social que llevan a cabo los sujetos.

La justicia social como valores adheridos a la memoria colectiva fortalece las redes y conexiones sociales que determinan la naturaleza y el carácter de este. Los valores son aprehendidos por una intuición emotiva y dentro de una teoría pura de valores se puede distinguir entre una teoría pura de los valores mismos (teoría lógica del objeto) y una de las posturas valorativas (teoría del pensamiento), dados o construidos por saberes específicos. En este caso la justicia como valor social se desprende en conexión con los demás a través de los principios fundamentales de reconciliación y reconstrucción de una sociedad en torno a la memoria. Estos flujos de ideas hegemónicas y conexión de empatía, compromiso y organización racional de auto conservación.

La realidad social no se halla en procesos de memoria planteados con destino de un lugar sometido o del análisis del experto. Por el contrario, la memoria colectiva requiere fundamentalmente en correspondencia a las corrientes y técnicas compuestas en los cuales cobra su sentido. Es allí donde se halla una explicación en tanto memoria componente y edificada donde las formas de abstracción ponen características del mismo proceso de la memoria.

La construcción de un Estado democrático no puede sustraerse de la justa necesidad de escarbar en el pasado. Conseguir la justicia real, requiere necesariamente recuperar la memoria histórica como un patrimonio colectivo de sociedad, siendo importante recordar que no puede hacer democracia sin justicia ni justicia sin verdad. Siendo la justicia un elemento de la sociedad que se cosecha a través de la familia, escuela y demás grupos sociales, del cual se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos más allá del concepto de justicia legal. Está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial y para que se pueda instaurar una paz duradera.

Por otra parte, el recurso de la palabra hace pública la memoria de victimización que ha estado presente tanto en las prácticas conmemorativas como en sus memorias orales, sonoras y cantadas. Estas creaciones condensan representaciones integrales en narraciones de los hechos ocurridos, y expresan el impacto de la violencia en las víctimas, sus interpretaciones y demandas.  

Al usar la memoria como instrumento de justicia social, ofrece una reconstrucción histórica de los hechos de violencia que proponga un relato estructurado o una interpretación específica sobre lo sucedido. Estas iniciativas condensan sentidos que pueden ser considerados transversales a todo ejercicio de memoria, como lo es el no olvidar, cuyo objetivo es que no se repita los hechos violentos; visibilizar las narrativas de las víctimas, para hacer públicas las historias que narran quienes vieron los hechos; también sensibilizar a la sociedad civil, para intentar que los productos comunicativos lleguen a quienes lo desconocen.   De igual modo los trabajos de memoria resignifican el cuerpo y activan procesos de sanación, ya que reconstruye vínculos sociales al propiciar una expresión directa del dolor de la víctima, o una expresión colectiva a través de la iniciativa de la memoria.

Así la memoria colectiva como individual idealiza el pasado, haciendo eco bajo la forma de recuerdo, ostentando en las luchas, movilizaciones, ritos y demás formas de manifestación que contienen fuerza de realidad social; generando garantía colectiva en cuanto a la idealización del futuro, como también abre la posibilidad de interrogantes hacia hechos del pasado que, aunque no se hayan experimentado directamente, han llevado imágenes y consecuencias en el presente.

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REFERENCIAS

BASTA YA, COLOMBIA: Memorias de guerra y dignidad, Informe, grupo de memoria histórica. 2010

Max Sheler, LA ANTROPOLOGIA DE LOS VALORES, 2014

ANTROPOLOGIA DE LA MEMORIA: De la represión al genocidio, Revista de Antropología Experimental, nº 14, 2014.



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