La Primera Tarjeta Roja del Mundial es para su Anfitrión

May 30, 2021
Artículo
por:
No items found.
Jacquelinekato
“Atrévete a defender los Derechos Humanos”; “Derechos Humanos dentro y fuera de la cancha”; “El fútbol apoya el cambio”. Con estos mensajes, las selecciones nacionales de Dinamarca, Países Bajos y Noruega, entre otras, hacían su debut el pasado mes de marzo en las eliminatorias europeas para el mundial de fútbol de Qatar 2022. Este inusual gesto reflejó el inconformismo de algunos atletas frente a la situación laboral de miles de extranjeros que se encuentran trabajando en la construcción y remodelación de la infraestructura necesaria para celebrar el torneo el próximo año (Aljazeera, 2021). 


Trabajo forzado 


Según un artículo publicado por The Guardian, más de 6 500 inmigrantes provenientes de India, Pakistán y Nepal, entre otros países, han perdido la vida desde que Qatar fue elegido sede de la copa del mundo en el año 2010. Muchos de estos decesos, argumenta el medio británico, son producto de los abusos cometidos por empresas qatarís, a quienes se les acusa de obligar a sus empleados a trabajar en temperaturas superiores a los 40ºC y en condiciones insalubres e inseguras. Por su parte, el gobierno de Qatar ha manifestado que desde que iniciaron las construcciones de los estadios en 2014, se han presentado tan solo 3 muertes relacionadas con accidentes laborales. Asimismo, argumentó que siempre ha sido transparente sobre la situación general de la mano de obra extranjera que se encuentra en el país y que constantemente introduce legislación encaminada a la protección de sus derechos (Aljazeera, 2021).


Amnistía Internacional (2021), que también ha criticado la situación del emirato, reconoce algunos de los avances presentados en materia legislativa. Sin embargo, argumenta que, en muchas ocasiones, esta no es implementada de manera efectiva y, en consecuencia, continúan presentándose casos de amenazas, engaños sobre la cifra salarial real, retención de sueldos por varios meses y la confiscación de pasaportes para evitar que los trabajadores salgan del país. La ONG incluso ha denunciado casos de trabajo forzado en los que los empleados que se rehusan a continuar laborando bajo las condiciones descritas son amenazados con reducciones de su salario, o con ser deportados a sus países de origen sin ningún tipo de reconocimiento monetario. 


El Convenio 29 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) de 1930 define el trabajo forzado como un “Trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual el individuo no se ofrece de manera voluntaria.” A pesar de tener el deber legal de prohibir este fenómeno y de castigar penalmente a quien lo imponga, Qatar parece no estar haciendo lo suficiente. De acuerdo con el contexto descrito, el elemento de la involuntariedad mencionado en la definición del concepto se evidenciaría en la coacción psicológica ejercida por los empleadores, así como en la retención de pagos y de documentos de identidad (OIT, 2021). El factor coercitivo, por otra parte, se reflejaría en las constantes amenazas de ser denunciados ante las autoridades o de reducir los sueldos en caso de manifestar descontento o negarse a obedecer las órdenes impartidas (OIT, 2021). 


Con el fin de proponer soluciones y planes de mejora, Amnistía Internacional (2021) le ha solicitado a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) que intervenga ante las autoridades qatarís. De manera específica, le ha exigido que asuma las responsabilidades estipuladas en los Principios Guía de Empresas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas e instaure mecanismos de debida diligencia que le permitan mitigar y prevenir los impactos negativos relacionados con la preparación del torneo. Asimismo, la ONG hace un llamado a que despliegue toda su influencia sobre el gobierno de Qatar para asegurarse que las reformas laborales se implementen de manera efectiva y todos los abusos sean reparados. 


¿Posible Boicot?


Hay quienes consideran que el haberse ofrecido a ser la sede del Mundial de Fútbol hace parte de la estrategia política del Estado qatarí de “lavar” su imagen a través del deporte (sportswashing) (Eurosport, 2021). Por ello, algunos atletas y fans han planteado la idea de boicotear el encuentro deportivo, con el fin de demostrar su rechazo a todas las injusticias cometidas en contra de los trabajadores inmigrantes. La Federación Nacional de Fútbol de Noruega debatirá el próximo mes de junio si la selección nórdica participará en el torneo, teniendo en cuenta la situación de Derechos Humanos del país árabe. Debido a que la estructura organizacional de la Federación Noruega le otorga un peso determinante a las preferencias de los aficionados, la nación escandinava podría ser la primera (o tal vez la única) en tomar la decisión de no hacer parte del campeonato en caso de clasificar (Eurosport, 2021). 


Es poco probable que otras selecciones nacionales decidan ausentarse del torneo. Sin embargo, tal y como lo expone a Phillippe Auclair (2021), el éxito se esta iniciativa no radicará en el número de equipos que se rehusen a asistir a la competición futbolística, sino en la velocidad en la que se difunda el mensaje de descontento y desaprobación. Desde una perspectiva económica, este tipo de movilizaciones refleja la capacidad que tiene la sociedad civil para moldear las actitudes y preferencias que los fans pueden asumir como consumidores (Palazzo, Morhart, Schrempf, 2016). En este sentido, no solo permiten condenar prácticas de negocios abusivas tales como las implementadas por las empresas qatarís, sino que también facilitan la generación de procesos de auto reflexión que demandan actitudes socialmente responsables. 


Algunos afirman que el rechazo social de lo que sucede en Qatar se ha manifestado con una década de retraso (Eurosport, 2021). Sin embargo, si bien puede ser demasiado tarde para cambiar la sede del próximo mundial de fútbol, la movilización social ha visibilizado los abusos cometidos en el país pérsico y ha generado conciencia sobre la importancia de respetar unos estándares mínimos de Derechos Humanos en eventos futbolísticos. Esto establece algunas diferencias con los boicots deportivos promovidos recientemente en el mundial de Rusia 2018 o en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984 ya que, en este caso particular, el descontento no se resume a un acto de desaprobación política por parte de un Estado, sino que responde a un rechazo social de los impactos negativos relacionados con la celebración del campeonato. Se trata, por tanto, de una serie de demandas legales y morales proveniente de los jugadores y aficionados que intentan poner límites a la manera en que se preparan y desarrollan eventos de esta envergadura.Es probable que en los próximos años tanto la FIFA como las federaciones nacionales de fútbol tengan que considerar estas nuevas formas de presión que les exigirán un mayor nivel de cautela en su relacionamiento con países que tengan historiales de violaciones graves a los Derechos Humanos.


Referencias: 







  • Palazzo, G.; Morhart, F.; Schrempf-Stirling, J. Shopping for a Better World: How Consumer Decisions can Help to Promote Sustainability and Human Rights. En Baumann.Pauly, D. & Nolan, J. Business and Human Rights from Principles to Practice. Ed. Routledge. Nueva York. 

La Primera Tarjeta Roja del Mundial es para su Anfitrión

Artículo
por:
No items found.
May 30, 2021

Galería

No items found.
Jacquelinekato
“Atrévete a defender los Derechos Humanos”; “Derechos Humanos dentro y fuera de la cancha”; “El fútbol apoya el cambio”. Con estos mensajes, las selecciones nacionales de Dinamarca, Países Bajos y Noruega, entre otras, hacían su debut el pasado mes de marzo en las eliminatorias europeas para el mundial de fútbol de Qatar 2022. Este inusual gesto reflejó el inconformismo de algunos atletas frente a la situación laboral de miles de extranjeros que se encuentran trabajando en la construcción y remodelación de la infraestructura necesaria para celebrar el torneo el próximo año (Aljazeera, 2021). 


Trabajo forzado 


Según un artículo publicado por The Guardian, más de 6 500 inmigrantes provenientes de India, Pakistán y Nepal, entre otros países, han perdido la vida desde que Qatar fue elegido sede de la copa del mundo en el año 2010. Muchos de estos decesos, argumenta el medio británico, son producto de los abusos cometidos por empresas qatarís, a quienes se les acusa de obligar a sus empleados a trabajar en temperaturas superiores a los 40ºC y en condiciones insalubres e inseguras. Por su parte, el gobierno de Qatar ha manifestado que desde que iniciaron las construcciones de los estadios en 2014, se han presentado tan solo 3 muertes relacionadas con accidentes laborales. Asimismo, argumentó que siempre ha sido transparente sobre la situación general de la mano de obra extranjera que se encuentra en el país y que constantemente introduce legislación encaminada a la protección de sus derechos (Aljazeera, 2021).


Amnistía Internacional (2021), que también ha criticado la situación del emirato, reconoce algunos de los avances presentados en materia legislativa. Sin embargo, argumenta que, en muchas ocasiones, esta no es implementada de manera efectiva y, en consecuencia, continúan presentándose casos de amenazas, engaños sobre la cifra salarial real, retención de sueldos por varios meses y la confiscación de pasaportes para evitar que los trabajadores salgan del país. La ONG incluso ha denunciado casos de trabajo forzado en los que los empleados que se rehusan a continuar laborando bajo las condiciones descritas son amenazados con reducciones de su salario, o con ser deportados a sus países de origen sin ningún tipo de reconocimiento monetario. 


El Convenio 29 de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) de 1930 define el trabajo forzado como un “Trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual el individuo no se ofrece de manera voluntaria.” A pesar de tener el deber legal de prohibir este fenómeno y de castigar penalmente a quien lo imponga, Qatar parece no estar haciendo lo suficiente. De acuerdo con el contexto descrito, el elemento de la involuntariedad mencionado en la definición del concepto se evidenciaría en la coacción psicológica ejercida por los empleadores, así como en la retención de pagos y de documentos de identidad (OIT, 2021). El factor coercitivo, por otra parte, se reflejaría en las constantes amenazas de ser denunciados ante las autoridades o de reducir los sueldos en caso de manifestar descontento o negarse a obedecer las órdenes impartidas (OIT, 2021). 


Con el fin de proponer soluciones y planes de mejora, Amnistía Internacional (2021) le ha solicitado a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) que intervenga ante las autoridades qatarís. De manera específica, le ha exigido que asuma las responsabilidades estipuladas en los Principios Guía de Empresas y Derechos Humanos de las Naciones Unidas e instaure mecanismos de debida diligencia que le permitan mitigar y prevenir los impactos negativos relacionados con la preparación del torneo. Asimismo, la ONG hace un llamado a que despliegue toda su influencia sobre el gobierno de Qatar para asegurarse que las reformas laborales se implementen de manera efectiva y todos los abusos sean reparados. 


¿Posible Boicot?


Hay quienes consideran que el haberse ofrecido a ser la sede del Mundial de Fútbol hace parte de la estrategia política del Estado qatarí de “lavar” su imagen a través del deporte (sportswashing) (Eurosport, 2021). Por ello, algunos atletas y fans han planteado la idea de boicotear el encuentro deportivo, con el fin de demostrar su rechazo a todas las injusticias cometidas en contra de los trabajadores inmigrantes. La Federación Nacional de Fútbol de Noruega debatirá el próximo mes de junio si la selección nórdica participará en el torneo, teniendo en cuenta la situación de Derechos Humanos del país árabe. Debido a que la estructura organizacional de la Federación Noruega le otorga un peso determinante a las preferencias de los aficionados, la nación escandinava podría ser la primera (o tal vez la única) en tomar la decisión de no hacer parte del campeonato en caso de clasificar (Eurosport, 2021). 


Es poco probable que otras selecciones nacionales decidan ausentarse del torneo. Sin embargo, tal y como lo expone a Phillippe Auclair (2021), el éxito se esta iniciativa no radicará en el número de equipos que se rehusen a asistir a la competición futbolística, sino en la velocidad en la que se difunda el mensaje de descontento y desaprobación. Desde una perspectiva económica, este tipo de movilizaciones refleja la capacidad que tiene la sociedad civil para moldear las actitudes y preferencias que los fans pueden asumir como consumidores (Palazzo, Morhart, Schrempf, 2016). En este sentido, no solo permiten condenar prácticas de negocios abusivas tales como las implementadas por las empresas qatarís, sino que también facilitan la generación de procesos de auto reflexión que demandan actitudes socialmente responsables. 


Algunos afirman que el rechazo social de lo que sucede en Qatar se ha manifestado con una década de retraso (Eurosport, 2021). Sin embargo, si bien puede ser demasiado tarde para cambiar la sede del próximo mundial de fútbol, la movilización social ha visibilizado los abusos cometidos en el país pérsico y ha generado conciencia sobre la importancia de respetar unos estándares mínimos de Derechos Humanos en eventos futbolísticos. Esto establece algunas diferencias con los boicots deportivos promovidos recientemente en el mundial de Rusia 2018 o en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984 ya que, en este caso particular, el descontento no se resume a un acto de desaprobación política por parte de un Estado, sino que responde a un rechazo social de los impactos negativos relacionados con la celebración del campeonato. Se trata, por tanto, de una serie de demandas legales y morales proveniente de los jugadores y aficionados que intentan poner límites a la manera en que se preparan y desarrollan eventos de esta envergadura.Es probable que en los próximos años tanto la FIFA como las federaciones nacionales de fútbol tengan que considerar estas nuevas formas de presión que les exigirán un mayor nivel de cautela en su relacionamiento con países que tengan historiales de violaciones graves a los Derechos Humanos.


Referencias: 







  • Palazzo, G.; Morhart, F.; Schrempf-Stirling, J. Shopping for a Better World: How Consumer Decisions can Help to Promote Sustainability and Human Rights. En Baumann.Pauly, D. & Nolan, J. Business and Human Rights from Principles to Practice. Ed. Routledge. Nueva York. 

Prohibida su reproducción parcial o total, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su autor y Revista Level.

COPYRIGHT © 2020 RevistaLevel.com.co

Arriba