Foto: María Mónica Zapata

Desde ser una “gallina”, un “pelo”, un “burro”, una “zorra” hasta un “hijo de puta” son dichos que han sido muy mal usados en nuestra sociedad porque denotan un insulto sin justificación lingüística y en su mayoría son sexistas.

Cuando nos hemos expresado con alguien, señalando a otra persona o incluso sobre nosotros mismos, lo hacemos sin darnos cuenta que los significados tiene poco o nada que ver a lo que nos hemos referido. Día a día seguimos empleando palabras erróneas para denotar categorías negativas.

El uso de animales no ha sido del todo bueno para connotar a una persona. Empezando por el “zorra” o “perra”, lo hemos escuchado o incluso dicho refiriéndonos a una mujer que ha estado con varios hombres o que está con pareja y es coqueta con otros. Pues bien, el significado de zorra es: “mamífero cánido de menos de un metro de longitud, incluida la cola, de hocico alargado y orejas empinadas, pelaje de color pardo rojizo y muy espeso, especialmente en la cola, de punta blanca. Es de costumbres crepusculares y nocturnas; abunda en España y caza con gran astucia toda clase de animales, incluso de corral”.

Por otro lado, un perro o perra es “mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas, que tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal a su dueño”. Así que no considero que ninguna mujer sea llamada “zorra” o “perra” por tener más de un hombre como pareja. Incluso, el decir que un hombre es perro está muy mal hecho.

En otras ocasiones hemos dicho que una persona es una “bestia”, un “burro”, un “pato”, una “gallina”, entre otros para hacer alusión a una persona que no es muy aplicada en lo que hace o es cobarde. Tanto los animales como las personas merecen respeto porque no hay por qué hacer comparaciones ni irrespetarnos como seres humanos.

Como si fuera poco, se están usando palabras como “conocí un pelo” para referirse a una mujer. ¿Qué es eso de que la mujer es un pelo, pelo de qué o de quién? Me trataron de explicar y seguí sin entender.

Llamemos las cosas por su nombre o por la palabra correcta, pensemos cómo nos vamos a referir incluso a nosotros mismos sin ofender.

El vocabulario que usamos hoy en día está lleno de eufemismos, dichos e incluso groserías. Por ejemplo, la única grosería que no es sexista es gonorrea. El resto o la mayoría de groserías hacen referencia a la hija o hijo de una “puta”, “marica”, “huevón” y tienen connotaciones de género. En las calles vemos constantemente insultos y actos discriminatorios hacia mujeres, hombres y personas lgbti.

El pasado jueves 18 de abril, se manifestaron muchas personas en frente de un centro comercial en Bogotá a raíz de un acto de discriminatorio donde un señor homofóbico quiso incriminar a una pareja gay de haber tenido actos sexuales en frente de niños, les gritó y humilló incluso con el apoyo de la fuerza pública. Luego de investigaciones y por el testimonio de la pareja incriminada, fue evidente que el señor exageró y mintió sobre los motivos de sus insultos.

La manifestación demostró que el lema love wins triunfó y mostró que el amor es la mejor expresión para disminuir y combatir el odio en nuestra sociedad. Las expresiones de amor y cariñosas sin ser excesivas y provenientes de cualquier pareja deben ser permitidas en el espacio público, demostrando así que los seres humanos debemos ser tolerantes con los otros.

A través del habla interpretamos pensamientos, el habla arquetípica son los pensamientos. Esto lo pueden realizar todos los seres humanos y cada cual traduce los mismos pensamientos a su lengua. En vez de insultar, usemos el habla y la buena escritura para construir con enfoque de género y respetando las diferencias.

El lenguaje tiene mucho poder, es el medio de comunicación por excelencia y por lo tanto debe ser inclusivo, sin ánimo de ofender, sin discriminar ni involucrarse con otros seres o significados. El lenguaje no son sólo palabras sino también corporal y por eso, la invitación es a no ser agresivos con nadie ni con palabras o actos discriminatorios.  


Foto: María Mónica Zapata

Desde ser una “gallina”, un “pelo”, un “burro”, una “zorra” hasta un “hijo de puta” son dichos que han sido muy mal usados en nuestra sociedad porque denotan un insulto sin justificación lingüística y en su mayoría son sexistas.

Cuando nos hemos expresado con alguien, señalando a otra persona o incluso sobre nosotros mismos, lo hacemos sin darnos cuenta que los significados tiene poco o nada que ver a lo que nos hemos referido. Día a día seguimos empleando palabras erróneas para denotar categorías negativas.

El uso de animales no ha sido del todo bueno para connotar a una persona. Empezando por el “zorra” o “perra”, lo hemos escuchado o incluso dicho refiriéndonos a una mujer que ha estado con varios hombres o que está con pareja y es coqueta con otros. Pues bien, el significado de zorra es: “mamífero cánido de menos de un metro de longitud, incluida la cola, de hocico alargado y orejas empinadas, pelaje de color pardo rojizo y muy espeso, especialmente en la cola, de punta blanca. Es de costumbres crepusculares y nocturnas; abunda en España y caza con gran astucia toda clase de animales, incluso de corral”.

Por otro lado, un perro o perra es “mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelaje muy diversos, según las razas, que tiene olfato muy fino y es inteligente y muy leal a su dueño”. Así que no considero que ninguna mujer sea llamada “zorra” o “perra” por tener más de un hombre como pareja. Incluso, el decir que un hombre es perro está muy mal hecho.

En otras ocasiones hemos dicho que una persona es una “bestia”, un “burro”, un “pato”, una “gallina”, entre otros para hacer alusión a una persona que no es muy aplicada en lo que hace o es cobarde. Tanto los animales como las personas merecen respeto porque no hay por qué hacer comparaciones ni irrespetarnos como seres humanos.

Como si fuera poco, se están usando palabras como “conocí un pelo” para referirse a una mujer. ¿Qué es eso de que la mujer es un pelo, pelo de qué o de quién? Me trataron de explicar y seguí sin entender.

Llamemos las cosas por su nombre o por la palabra correcta, pensemos cómo nos vamos a referir incluso a nosotros mismos sin ofender.

El vocabulario que usamos hoy en día está lleno de eufemismos, dichos e incluso groserías. Por ejemplo, la única grosería que no es sexista es gonorrea. El resto o la mayoría de groserías hacen referencia a la hija o hijo de una “puta”, “marica”, “huevón” y tienen connotaciones de género. En las calles vemos constantemente insultos y actos discriminatorios hacia mujeres, hombres y personas lgbti.

El pasado jueves 18 de abril, se manifestaron muchas personas en frente de un centro comercial en Bogotá a raíz de un acto de discriminatorio donde un señor homofóbico quiso incriminar a una pareja gay de haber tenido actos sexuales en frente de niños, les gritó y humilló incluso con el apoyo de la fuerza pública. Luego de investigaciones y por el testimonio de la pareja incriminada, fue evidente que el señor exageró y mintió sobre los motivos de sus insultos.

La manifestación demostró que el lema love wins triunfó y mostró que el amor es la mejor expresión para disminuir y combatir el odio en nuestra sociedad. Las expresiones de amor y cariñosas sin ser excesivas y provenientes de cualquier pareja deben ser permitidas en el espacio público, demostrando así que los seres humanos debemos ser tolerantes con los otros.

A través del habla interpretamos pensamientos, el habla arquetípica son los pensamientos. Esto lo pueden realizar todos los seres humanos y cada cual traduce los mismos pensamientos a su lengua. En vez de insultar, usemos el habla y la buena escritura para construir con enfoque de género y respetando las diferencias.

El lenguaje tiene mucho poder, es el medio de comunicación por excelencia y por lo tanto debe ser inclusivo, sin ánimo de ofender, sin discriminar ni involucrarse con otros seres o significados. El lenguaje no son sólo palabras sino también corporal y por eso, la invitación es a no ser agresivos con nadie ni con palabras o actos discriminatorios.  


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