Un viejo Duelo, un Nuevo Comienzo

February 20, 2021
Columna
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Mujeres que Impactan Revista Level
En esta transmisión de Mujeres que Impactan, Marina E. González, autora de “El duelo y los 44 mil chocolates", nos cuenta del proceso que se atraviesa al superar un duelo y las herramientas que la llevaron a no sólo sobrepasar el dolor, sino enfrentarlo.

El sufrir un duelo es un camino difícil que conlleva una serie de emociones que son, muchas veces, bastante tormentosas. Perder a un amigo, pareja, familiar, mascota, o alguien con quien se haya tenido un vínculo afectivo, genera una tristeza profunda que no muchas personas saben manejar. Marina González, autora de “El duelo y los 44 mil chocolates", se encontró en este camino hace un tiempo, de manera que, al buscar cómo superar su propio dolor, encontró herramientas que podían ayudar a su familia y, más adelante, al resto del mundo. "Yo no me senté a escribir un libro”, dice la autora, “me senté a superar un duelo"


Es entonces cuando la escritora decide reflexionar acerca de lo que es un duelo, ¿qué califica como un duelo? ¿Cómo sabemos que lo que sentimos es un duelo? 


Muchas veces, solemos evadir calificar aquellas separaciones o pérdidas que sufrimos como un duelo, lo dejamos a un lado para no volver a mirarlo más. Pero aquí es cuando se comete un error porque, sencillamente, al momento de entender que este suceso generó una alteración emocional, es un duelo. Sin embargo, “el duelo no es por quién ya no está”, como explica Marina, “sino por cómo quedamos cuando se fue”. Pues el verdadero duelo es a raíz de nuestra propia respuesta emocional ante el suceso, por quedar en una situación donde sentimos abandono o culpa por la persona que ya no está en nuestras vidas.


Este es un reto al ego, ella señala, pues es un reclamo desde nuestra conciencia a aquel ‘apego’ que habíamos desarrollado con el objeto de nuestros afectos. La teoría del apego señala el cómo esto se asocia al entorno que habitamos en nuestra niñez, de manera que la relación que tuvimos con nuestras familias y amistades guiarán los sentimientos, pensamientos y expectativas que se tendrán en relaciones posteriores. En el momento en que podamos enfrentarnos a la manera en que nos apegamos a un ser especial de nuestras vidas, podremos progresar en nuestras relaciones interpersonales y afrontar futuros duelos de mejor manera.


La autora también ha analizado los efectos del duelo desde la neurociencia, para entender en verdad el por qué este sentimiento nos inunda el pecho, nos entrecorta la respiración y nos hunde en una irreparable tristeza que el cuerpo parece no aguantar. Encontró que existe una relación directa de estos sentimientos con el cerebro; el sistema límbico, que controla las emociones más primitivas relacionadas con la supervivencia como la ira o el miedo. De esta manera, al enfrentarse a un trauma como el fallecimiento de una persona, el cerebro interpreta esta emoción fuerte como una amenaza que activa nuestra respuesta de lucha o escape. Pero, ¿contra quién luchamos en un duelo?, ¿de que podemos escapar? 


Marina es ingeniera de profesión, especializada en software y gestión de proyectos, se ha desempeñado como líder de equipo en diversas empresas, donde se enfocó no solamente en direccionar sino en formar en el hacer. En el año 2012, el formar en el hacer poco a poco se tornó en un interés por brindar, más que el hacer, el habitar en el ser. Para lograr impartir estas enseñanzas con los equipos que lideraba, Marina se educó en la programación neurolingüística, donde encontró herramientas para enfrentarse al duelo.


“Estamos hablando de que somos capaces de reprogramar”, explica la autora, “de entender por qué y que está allí”. Pues, a pesar de que no siempre recordemos todo lo que ha sucedido desde nuestro nacimiento, nuestro cerebro mantiene guardada esa información en un profundo rincón que no solemos tocar. De esta manera, la autora cree, firmemente, en que al jalar del hilo que conduce a nuestro dolor, podemos llegar a lo más escondido de nuestras mentes y encontrar el fondo del por qué sentimos este duelo de la manera en que lo sentimos. 


Cuando se encuentra la raíz de este dolor, es más fácil hacer un reencuadre de lo que significa para nosotros este tipo de situaciones y el cómo afrontarlas. Como reflexiona la autora de su libro, se puede pasar de un plano de tristeza a uno de agradecimiento en cuestión de segundos, al encontrar aquella paz de saber que este duelo no es un final, sino un comienzo.


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En esta transmisión de Mujeres que Impactan, Marina E. González, autora de “El duelo y los 44 mil chocolates", nos cuenta del proceso que se atraviesa al superar un duelo y las herramientas que la llevaron a no sólo sobrepasar el dolor, sino enfrentarlo.

El sufrir un duelo es un camino difícil que conlleva una serie de emociones que son, muchas veces, bastante tormentosas. Perder a un amigo, pareja, familiar, mascota, o alguien con quien se haya tenido un vínculo afectivo, genera una tristeza profunda que no muchas personas saben manejar. Marina González, autora de “El duelo y los 44 mil chocolates", se encontró en este camino hace un tiempo, de manera que, al buscar cómo superar su propio dolor, encontró herramientas que podían ayudar a su familia y, más adelante, al resto del mundo. "Yo no me senté a escribir un libro”, dice la autora, “me senté a superar un duelo"


Es entonces cuando la escritora decide reflexionar acerca de lo que es un duelo, ¿qué califica como un duelo? ¿Cómo sabemos que lo que sentimos es un duelo? 


Muchas veces, solemos evadir calificar aquellas separaciones o pérdidas que sufrimos como un duelo, lo dejamos a un lado para no volver a mirarlo más. Pero aquí es cuando se comete un error porque, sencillamente, al momento de entender que este suceso generó una alteración emocional, es un duelo. Sin embargo, “el duelo no es por quién ya no está”, como explica Marina, “sino por cómo quedamos cuando se fue”. Pues el verdadero duelo es a raíz de nuestra propia respuesta emocional ante el suceso, por quedar en una situación donde sentimos abandono o culpa por la persona que ya no está en nuestras vidas.


Este es un reto al ego, ella señala, pues es un reclamo desde nuestra conciencia a aquel ‘apego’ que habíamos desarrollado con el objeto de nuestros afectos. La teoría del apego señala el cómo esto se asocia al entorno que habitamos en nuestra niñez, de manera que la relación que tuvimos con nuestras familias y amistades guiarán los sentimientos, pensamientos y expectativas que se tendrán en relaciones posteriores. En el momento en que podamos enfrentarnos a la manera en que nos apegamos a un ser especial de nuestras vidas, podremos progresar en nuestras relaciones interpersonales y afrontar futuros duelos de mejor manera.


La autora también ha analizado los efectos del duelo desde la neurociencia, para entender en verdad el por qué este sentimiento nos inunda el pecho, nos entrecorta la respiración y nos hunde en una irreparable tristeza que el cuerpo parece no aguantar. Encontró que existe una relación directa de estos sentimientos con el cerebro; el sistema límbico, que controla las emociones más primitivas relacionadas con la supervivencia como la ira o el miedo. De esta manera, al enfrentarse a un trauma como el fallecimiento de una persona, el cerebro interpreta esta emoción fuerte como una amenaza que activa nuestra respuesta de lucha o escape. Pero, ¿contra quién luchamos en un duelo?, ¿de que podemos escapar? 


Marina es ingeniera de profesión, especializada en software y gestión de proyectos, se ha desempeñado como líder de equipo en diversas empresas, donde se enfocó no solamente en direccionar sino en formar en el hacer. En el año 2012, el formar en el hacer poco a poco se tornó en un interés por brindar, más que el hacer, el habitar en el ser. Para lograr impartir estas enseñanzas con los equipos que lideraba, Marina se educó en la programación neurolingüística, donde encontró herramientas para enfrentarse al duelo.


“Estamos hablando de que somos capaces de reprogramar”, explica la autora, “de entender por qué y que está allí”. Pues, a pesar de que no siempre recordemos todo lo que ha sucedido desde nuestro nacimiento, nuestro cerebro mantiene guardada esa información en un profundo rincón que no solemos tocar. De esta manera, la autora cree, firmemente, en que al jalar del hilo que conduce a nuestro dolor, podemos llegar a lo más escondido de nuestras mentes y encontrar el fondo del por qué sentimos este duelo de la manera en que lo sentimos. 


Cuando se encuentra la raíz de este dolor, es más fácil hacer un reencuadre de lo que significa para nosotros este tipo de situaciones y el cómo afrontarlas. Como reflexiona la autora de su libro, se puede pasar de un plano de tristeza a uno de agradecimiento en cuestión de segundos, al encontrar aquella paz de saber que este duelo no es un final, sino un comienzo.


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