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“Todas las pasiones son buenas cuando uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan” J.J. Rousseau.


De acuerdo con datos del ENDIREH el 26 % de mujeres solteras y el 35% de mujeres casadas sufren violencia por parte de sus parejas y cada vez es más grande el número de casos de mujeres violentadas por sus propias parejas, que sufren todo tipo de tormentos por parte de sus proveedores económicos, de los que dependen y les es arduo poder darse cuenta para escapar de estos vínculos dañinos, ya que no sólo se encuentra la necesidad monetaria que las mantiene, sino también la necesidad de ser queridas, de que alguien las “ame”, las “aprecie”, les brinde su “cariño” y su “apoyo” es tal que cuando nosotras mismas no nos brindamos todo esto, nos enterramos en un pozo profundo de dolor y humillación donde es muy difícil salir, más no imposible.


Estas relaciones intensas, dolorosas, destructivas y coodependientes, están llenas de ambivalencia; pues por una parte, un pequeño fragmento sano de nuestra mente quiere salir huyendo de este tipo de relación y por otro nos aferramos fervientemente a quedarnos atrapadas en un vínculo afectivo que nos priva, nos ahoga, nos desgasta, nos asfixia, compromete nuestras demás relaciones con los demás, daña nuestra integridad emocional y en algunos casos física, decrementa nuestra autoestima, nuestra autoimagen y el respeto por nosotras mismas, al margen de experimentar odio, impotencia y desesperación por escapar de nuestra parte enferma que es adicta a otra persona.


Este tipo de relación es un círculo vicioso porque existe:

La autora

Al engancharnos en una relación de este tipo al principio nos sentimos “amadas”, “protegidas” y “valoradas”, pues creemos que nos beneficia tener alguien a quien le preocupamos, que nos haga caso, que nos de el amor que nosotras mismas no sabemos brindarnos, aunque tengamos que pagar un precio demasiado alto por este “amor”, arriesgamos todo por sentir que a alguien le importemos, cuando nos habla y nos vea todos los días a todas horas, pensamos que son señales de “amor”, inclusive creemos que las personas cercanas a nosotros nos envidian, ocurriendo realmente lo contrario, estas personas significativas en nuestra vida quieren que de verdad seamos felices, no cayendo en relaciones agresivas y destructivas; pues estos vínculos violentos y coodependiente sólo nos dañan, nos alejan de nuestros seres queridos y establecen complejos juegos de poder, donde aparece un mecanismo de control total sobre nuestra persona, provocándonos baja autoestima, miedos, inseguridad, y poco autocontrol, es por esto que es muy difícil percatarnos realmente del daño que nos provocan estas relaciones, porque aún actualmente nuestra sociedad, la religión y los medios de comunicación favorecen este tipo de nexos promocionando frases como “me pega porque me ama” “peor es nada” “nada tiene sentido si tú no estás” “necesitas que te hagan mujer”, “no eres nadie sin un hombre” etc. En el afán de tener sometida a la mujer mexicana a la cultura judeocristiana, machista y misógina a la que pertenecemos. 


Todo esto nos lleva a una profunda reflexión, en la que es prioritario replantear ¿en qué tipo de relación me encuentro?, ¿es una relación sana?, ¿porqué motivo sigo ahí?, ¿estoy cubriendo necesidades primordiales que yo misma no he podido llenar?, ¿Qué beneficios secundarios recibo de esta relación?, ¿Tengo miedo de dejar mi relación actual por miedo a la soledad?, ¿De qué intento escapar através de mi adicción al amor? ¿Deseo continuar por comodidad y miedo al cambio en una relación privatizante?, ¿Con qué herramientas cuento para salir de vínculo dañino?

Es indispensable poder analizar y responder con honestidad a las preguntas para modificar nuestras relaciones de pareja, ver en qué estamos fallando y crecer como personas, pues si negamos nuestras faltas, errores y desaciertos volveremos a repetir los mismos patrones destructivos.


¿Atrapada en una Relación Destructiva?

Columna
por:
May 30, 2020
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“Todas las pasiones son buenas cuando uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan” J.J. Rousseau.


De acuerdo con datos del ENDIREH el 26 % de mujeres solteras y el 35% de mujeres casadas sufren violencia por parte de sus parejas y cada vez es más grande el número de casos de mujeres violentadas por sus propias parejas, que sufren todo tipo de tormentos por parte de sus proveedores económicos, de los que dependen y les es arduo poder darse cuenta para escapar de estos vínculos dañinos, ya que no sólo se encuentra la necesidad monetaria que las mantiene, sino también la necesidad de ser queridas, de que alguien las “ame”, las “aprecie”, les brinde su “cariño” y su “apoyo” es tal que cuando nosotras mismas no nos brindamos todo esto, nos enterramos en un pozo profundo de dolor y humillación donde es muy difícil salir, más no imposible.


Estas relaciones intensas, dolorosas, destructivas y coodependientes, están llenas de ambivalencia; pues por una parte, un pequeño fragmento sano de nuestra mente quiere salir huyendo de este tipo de relación y por otro nos aferramos fervientemente a quedarnos atrapadas en un vínculo afectivo que nos priva, nos ahoga, nos desgasta, nos asfixia, compromete nuestras demás relaciones con los demás, daña nuestra integridad emocional y en algunos casos física, decrementa nuestra autoestima, nuestra autoimagen y el respeto por nosotras mismas, al margen de experimentar odio, impotencia y desesperación por escapar de nuestra parte enferma que es adicta a otra persona.


Este tipo de relación es un círculo vicioso porque existe:

La autora

Al engancharnos en una relación de este tipo al principio nos sentimos “amadas”, “protegidas” y “valoradas”, pues creemos que nos beneficia tener alguien a quien le preocupamos, que nos haga caso, que nos de el amor que nosotras mismas no sabemos brindarnos, aunque tengamos que pagar un precio demasiado alto por este “amor”, arriesgamos todo por sentir que a alguien le importemos, cuando nos habla y nos vea todos los días a todas horas, pensamos que son señales de “amor”, inclusive creemos que las personas cercanas a nosotros nos envidian, ocurriendo realmente lo contrario, estas personas significativas en nuestra vida quieren que de verdad seamos felices, no cayendo en relaciones agresivas y destructivas; pues estos vínculos violentos y coodependiente sólo nos dañan, nos alejan de nuestros seres queridos y establecen complejos juegos de poder, donde aparece un mecanismo de control total sobre nuestra persona, provocándonos baja autoestima, miedos, inseguridad, y poco autocontrol, es por esto que es muy difícil percatarnos realmente del daño que nos provocan estas relaciones, porque aún actualmente nuestra sociedad, la religión y los medios de comunicación favorecen este tipo de nexos promocionando frases como “me pega porque me ama” “peor es nada” “nada tiene sentido si tú no estás” “necesitas que te hagan mujer”, “no eres nadie sin un hombre” etc. En el afán de tener sometida a la mujer mexicana a la cultura judeocristiana, machista y misógina a la que pertenecemos. 


Todo esto nos lleva a una profunda reflexión, en la que es prioritario replantear ¿en qué tipo de relación me encuentro?, ¿es una relación sana?, ¿porqué motivo sigo ahí?, ¿estoy cubriendo necesidades primordiales que yo misma no he podido llenar?, ¿Qué beneficios secundarios recibo de esta relación?, ¿Tengo miedo de dejar mi relación actual por miedo a la soledad?, ¿De qué intento escapar através de mi adicción al amor? ¿Deseo continuar por comodidad y miedo al cambio en una relación privatizante?, ¿Con qué herramientas cuento para salir de vínculo dañino?

Es indispensable poder analizar y responder con honestidad a las preguntas para modificar nuestras relaciones de pareja, ver en qué estamos fallando y crecer como personas, pues si negamos nuestras faltas, errores y desaciertos volveremos a repetir los mismos patrones destructivos.


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