México: Capitalinas protestan bajo el lema “No me cuidan, me violan”

September 9, 2019
Columna
por:
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Tras los últimos casos violencia sexual perpetrados en la Ciudad de México, capitalinas se congregan para exigir justicia y la no repetición de los hechos.
“Tenemos que actuar como si fuera posible transformar radicalmente el mundo” Angela Davis

Era la mañana del jueves 15 de agosto y el vocero de la Procuraduría capitalina, Ulises Lara, recalcó las “inconsistencias” en las declaraciones de la menor abusada sexualmente doce días antes por policías en la Alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México. A estas alturas, una serie de acontecimientos ya habían derivado en un cambio de rumbo, tanto de este caso, como del movimiento de mujeres en el país:

La víctima y su familia fueron obligadas a no ratificar la denuncia; decenas de medios de comunicación difundieron datos confidenciales de la carpeta de investigación; los cuestionamientos por las formas en las que decenas de mujeres protestaron el 12 de agosto en la Procuraduría, se legitimaron y la exigencia de justicia se convirtió en “provocación”.

La etiqueta #NoMeCuidanMeViolan se posicionó como tendencia nacional. “Todas somos las provocadoras” y “Exigir justicia no es provocación”, fueron algunas de las frases que acompañaban las convocatorias que desde la tarde-noche del pasado jueves se difundían en las redes sociales. Grupos, colectivas, organizaciones feministas y mujeres de todas edades comenzaron a retwittear y a compartir en sus instastories invitaciones para reunirse nuevamente, ahora en la Glorieta de Insurgentes, la cita era el viernes a las 18:30 horas, así la rabia comenzó a viralizarse una vez más.

Llegó el día, el viernes alrededor de las 18:45 la ciudad dejó de ser por un momento la receptora de jóvenes ávidos de cerveza, gin o café. Grupos de mujeres, la mayoría con el rostro cubierto con pañuelos verdes comenzaron a llegar en grupos al lugar acordado. “No sabemos bien adónde nos dirigiremos, pero este es el punto de encuentro”, aseguró una chica vestida de negro con los ojos delineados con diamantina. No había un plan, tampoco líderes, pero sí mucho entusiasmo, sentimientos encontrados y, sobre todo, enojo por las tres chicas abusadas en las últimas semanas y, por todas las que ya no están aquí.

Pocos minutos después, ya había en la explanada cerca de 200 rostros, la mayoría más jóvenes de lo que podríamos imaginar, aprovecharon el tiempo para escribir en pancartas frases como “tocan a una, nos tocan a todas”, “nos han quitado tanto, que nos quitaron el miedo”, los mensajes eran infinitos, algunos esperanzadores, en otros la rabia y el hartazgo eran evidentes.

De manera intempestiva todas comenzaron a reunirse alrededor de las letras de fibra de vidrio verdes, la “CDMX” dejó de ser un destino turístico y de vanguardia para transformarse en un estrado donde se dio a conocer una especie de pliego petitorio. Decretar la Alerta de Violencia de Género (AVG), enjuiciar a los culpables de delitos contra mujeres y garantizar una ciudad segura fueron las principales demandas.

A pesar de que el discurso se ocultaba detrás de consignas y del ruido frenético de la ciudad, las asistentes no dejaban de dirigir su mirada perpleja hacia las enormes letras verdes, a estas alturas cubiertas con pintura de aerosol. Para las 7:10, cuando comenzaba a reflejarse la caída del sol en las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública CDMX (SSP-CDMX), ya se podían ver bengalas de humo rosa y violeta, el antagonismo lo permeó todo, algunas jóvenes se abrazaban y gritaban entusiasmadas, otras comenzaron a configurar los contingentes, “hombres atrás” exigían.

La protesta comenzó a avanzar por Génova no sin antes hacer paradas estratégicas para aplicar esténciles sobre las paredes. En tanto la agrupación Atenea permaneció al resguardo del edificio SSP. Al poco tiempo la euforia se convirtió en confusión, agrupaciones siguieron la caminata por Av. Insurgentes, otros eligieron el rumbo de Av. Chapultepec, al mismo tiempo, otros regresaban a la Glorieta, nadie entendía lo que estaba pasando, pero no dejaban de lanzar gritos y consignas hacia el cerco policiaco.

Alrededor de las ocho de la noche, todo comenzó a oscurecerse y los cristales de las dos estaciones del Metrobús comenzaron a caer. De un momento a otro lanzar diamantina dejó de ser la mejor opción para expresar el enojo y la desesperación de ver a sus hermanas, a sus madres, a sus amigas vivir con miedo, con miedo de ser acosadas, violadas e incluso asesinadas. Los extintores se convirtieron en armas de destrucción, una forma de decir, “no nos van a callar”.

La palabra justicia nunca dejó de escucharse, irónicamente, en un país donde de ésta solo sabemos su ausencia. Poco a poco, la rotonda comenzó a ostentar su vacío, algunas buscaban a sus amigas por medio de Whatsapp, otras preferían llamarles. Muchas más buscaban un medio para volver, no sin antes pedir a sus compañeras: “me avisas cuando llegues a casa”, ¿por qué? Porque aquí, llegar con vida a casa nunca es una certeza.

México: Capitalinas protestan bajo el lema “No me cuidan, me violan”

August 29, 2019
Columna
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Tras los últimos casos violencia sexual perpetrados en la Ciudad de México, capitalinas se congregan para exigir justicia y la no repetición de los hechos.
“Tenemos que actuar como si fuera posible transformar radicalmente el mundo” Angela Davis

Era la mañana del jueves 15 de agosto y el vocero de la Procuraduría capitalina, Ulises Lara, recalcó las “inconsistencias” en las declaraciones de la menor abusada sexualmente doce días antes por policías en la Alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México. A estas alturas, una serie de acontecimientos ya habían derivado en un cambio de rumbo, tanto de este caso, como del movimiento de mujeres en el país:

La víctima y su familia fueron obligadas a no ratificar la denuncia; decenas de medios de comunicación difundieron datos confidenciales de la carpeta de investigación; los cuestionamientos por las formas en las que decenas de mujeres protestaron el 12 de agosto en la Procuraduría, se legitimaron y la exigencia de justicia se convirtió en “provocación”.

La etiqueta #NoMeCuidanMeViolan se posicionó como tendencia nacional. “Todas somos las provocadoras” y “Exigir justicia no es provocación”, fueron algunas de las frases que acompañaban las convocatorias que desde la tarde-noche del pasado jueves se difundían en las redes sociales. Grupos, colectivas, organizaciones feministas y mujeres de todas edades comenzaron a retwittear y a compartir en sus instastories invitaciones para reunirse nuevamente, ahora en la Glorieta de Insurgentes, la cita era el viernes a las 18:30 horas, así la rabia comenzó a viralizarse una vez más.

Llegó el día, el viernes alrededor de las 18:45 la ciudad dejó de ser por un momento la receptora de jóvenes ávidos de cerveza, gin o café. Grupos de mujeres, la mayoría con el rostro cubierto con pañuelos verdes comenzaron a llegar en grupos al lugar acordado. “No sabemos bien adónde nos dirigiremos, pero este es el punto de encuentro”, aseguró una chica vestida de negro con los ojos delineados con diamantina. No había un plan, tampoco líderes, pero sí mucho entusiasmo, sentimientos encontrados y, sobre todo, enojo por las tres chicas abusadas en las últimas semanas y, por todas las que ya no están aquí.

Pocos minutos después, ya había en la explanada cerca de 200 rostros, la mayoría más jóvenes de lo que podríamos imaginar, aprovecharon el tiempo para escribir en pancartas frases como “tocan a una, nos tocan a todas”, “nos han quitado tanto, que nos quitaron el miedo”, los mensajes eran infinitos, algunos esperanzadores, en otros la rabia y el hartazgo eran evidentes.

De manera intempestiva todas comenzaron a reunirse alrededor de las letras de fibra de vidrio verdes, la “CDMX” dejó de ser un destino turístico y de vanguardia para transformarse en un estrado donde se dio a conocer una especie de pliego petitorio. Decretar la Alerta de Violencia de Género (AVG), enjuiciar a los culpables de delitos contra mujeres y garantizar una ciudad segura fueron las principales demandas.

A pesar de que el discurso se ocultaba detrás de consignas y del ruido frenético de la ciudad, las asistentes no dejaban de dirigir su mirada perpleja hacia las enormes letras verdes, a estas alturas cubiertas con pintura de aerosol. Para las 7:10, cuando comenzaba a reflejarse la caída del sol en las instalaciones de la Secretaría de Seguridad Pública CDMX (SSP-CDMX), ya se podían ver bengalas de humo rosa y violeta, el antagonismo lo permeó todo, algunas jóvenes se abrazaban y gritaban entusiasmadas, otras comenzaron a configurar los contingentes, “hombres atrás” exigían.

La protesta comenzó a avanzar por Génova no sin antes hacer paradas estratégicas para aplicar esténciles sobre las paredes. En tanto la agrupación Atenea permaneció al resguardo del edificio SSP. Al poco tiempo la euforia se convirtió en confusión, agrupaciones siguieron la caminata por Av. Insurgentes, otros eligieron el rumbo de Av. Chapultepec, al mismo tiempo, otros regresaban a la Glorieta, nadie entendía lo que estaba pasando, pero no dejaban de lanzar gritos y consignas hacia el cerco policiaco.

Alrededor de las ocho de la noche, todo comenzó a oscurecerse y los cristales de las dos estaciones del Metrobús comenzaron a caer. De un momento a otro lanzar diamantina dejó de ser la mejor opción para expresar el enojo y la desesperación de ver a sus hermanas, a sus madres, a sus amigas vivir con miedo, con miedo de ser acosadas, violadas e incluso asesinadas. Los extintores se convirtieron en armas de destrucción, una forma de decir, “no nos van a callar”.

La palabra justicia nunca dejó de escucharse, irónicamente, en un país donde de ésta solo sabemos su ausencia. Poco a poco, la rotonda comenzó a ostentar su vacío, algunas buscaban a sus amigas por medio de Whatsapp, otras preferían llamarles. Muchas más buscaban un medio para volver, no sin antes pedir a sus compañeras: “me avisas cuando llegues a casa”, ¿por qué? Porque aquí, llegar con vida a casa nunca es una certeza.

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