La Agricultura: Un Regalo de las Mujeres

June 14, 2019
Columna
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Un breve recorrido por la historia del periodo Neolítico nos muestra que la mujer ha inventado el oficio que cambió el modo de vida de las sociedades nómadas, la agricultura, sin embargo las condiciones del sector actualmente sitúan a la mujer productora agrícola en un segundo lugar y son los hombres quienes tradicionalmente han logrado convertirse en empresarios del campo, por esa razón vale la pena analizar las condiciones de la mujer agricultura a lo largo de la historia, resaltando sus aportes y las barreras que enfrenta.


El inicio de la agricultura como actividad humana se lo debemos a mujeres observadoras, quienes bajo ciertas condiciones -el embarazo o el cuidado de los menores de las tribus- debían quedarse al margen de las jornadas de caza, entonces ellas se dedicaban a la recolección de frutos y raíces que complementaran la alimentación del clan y en algún momento son ellas quienes descubren que una semilla que cae al suelo germina y produce nuevos frutos, de manera que ellas deciden experimentar y realizar este proceso dando paso a lo que hoy conocemos como la actividad agrícola, la cual no sobra decirlo es la mayor fuente de alimentación de la población mundial.


En el caso colombiano, las mujeres han sido protagonistas de un tipo de agricultura familiar que se presenta como la alternativa laboral y garantía de seguridad alimentaria para las comunidades campesinas; en la región del pacífico y especialmente en el  Chocó, fueron las mujeres quienes consolidaron la tradición de acondicionar un huerto casero anexo a la casa para asegurar el sostenimiento de la familia, consolidando así la identidad afro por medio de productos típicos de esta región como lo son el chontaduro, el cimarrón, el árbol de pan, el caimito, entre otros; tristemente, en instrumentos informativos como el censo nacional agropecuario se observa que hoy en día las actividades agrícolas que generan ingresos en esta región están concentradas en los hombres, mientras que las mujeres obtienen una muy escasa participación. En otras palabras si se trata de una agricultura para producir comida para la familia, la protagonista a lo largo de la historia ha sido la mujer, pero si es para obtener ingresos con esa producción agrícola los llamados suelen ser los hombres pues las agro industrias actúan bajo la lógica de que  la fuerza masculina incrementa la productividad y muy poco importan a quien va dirigida esa producción de alimentos.


Otra forma de agricultura tradicional es la que representan las chagras indígenas, sistemas de producción agrícola con carácter ecológico; estas se encuentran en comunidades de todo el territorio nacional y en ellas la influencia de las abuelas ha sido notable, pues además de ser el espacio de siembra de alimentos para la comunidad, también simboliza un saber heredado entre generaciones que precisamente estas mujeres se han encargado de salvaguardar ya que desde que les es posible, las tareas relacionadas con la chagra ocupan la mayor parte del tiempo de las mujeres de estos grupos indígenas. Si bien la esta forma de agricultura no es un trabajo exclusivo de las mujeres indígenas, sì las consolida en su rol de protectoras del medio ambiente al hacerlas poseedoras de un conocimiento que armoniza la interacción de su colectividad con el entorno que las rodea.


La agricultura también se ha convertido en espacio de cohesión de las mujeres, pues a través de las actividades agrarias surgen agrupaciones de mujeres a lo largo y ancho del territorio nacional, quienes hoy en día lideran debates tan importantes como las patentes y expropiaciones de semillas y alternativas de bancos de semillas tradicionales o la necesidad de emprender proyectos de agricultura urbana que garanticen la seguridad alimentaria de los pobladores vulnerables de las ciudades; solo por mencionar algunas e invitar a conocer sus propuestas y por que no apoyarlas, está la Asociación de Mujeres emprendedoras de Severá, Red Mujer y Participación política, la Marcha de mujeres campesinas y Manos de mujer.


Quizás el desafío más grande que enfrentan nuestras agricultoras es la amenaza de la actividad agrícola a pequeña escala por parte de las grandes agro industrias que ponen en un segundo plano la seguridad y más aún la soberanía alimentaria, una motivación que desde siempre ha impulsado a estas productoras, así que le corresponde a la sociedad en general crear un movimiento en torno a estas mujeres que las proteja en la tarea de alimentar a la población mundial.

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Un breve recorrido por la historia del periodo Neolítico nos muestra que la mujer ha inventado el oficio que cambió el modo de vida de las sociedades nómadas, la agricultura, sin embargo las condiciones del sector actualmente sitúan a la mujer productora agrícola en un segundo lugar y son los hombres quienes tradicionalmente han logrado convertirse en empresarios del campo, por esa razón vale la pena analizar las condiciones de la mujer agricultura a lo largo de la historia, resaltando sus aportes y las barreras que enfrenta.


El inicio de la agricultura como actividad humana se lo debemos a mujeres observadoras, quienes bajo ciertas condiciones -el embarazo o el cuidado de los menores de las tribus- debían quedarse al margen de las jornadas de caza, entonces ellas se dedicaban a la recolección de frutos y raíces que complementaran la alimentación del clan y en algún momento son ellas quienes descubren que una semilla que cae al suelo germina y produce nuevos frutos, de manera que ellas deciden experimentar y realizar este proceso dando paso a lo que hoy conocemos como la actividad agrícola, la cual no sobra decirlo es la mayor fuente de alimentación de la población mundial.


En el caso colombiano, las mujeres han sido protagonistas de un tipo de agricultura familiar que se presenta como la alternativa laboral y garantía de seguridad alimentaria para las comunidades campesinas; en la región del pacífico y especialmente en el  Chocó, fueron las mujeres quienes consolidaron la tradición de acondicionar un huerto casero anexo a la casa para asegurar el sostenimiento de la familia, consolidando así la identidad afro por medio de productos típicos de esta región como lo son el chontaduro, el cimarrón, el árbol de pan, el caimito, entre otros; tristemente, en instrumentos informativos como el censo nacional agropecuario se observa que hoy en día las actividades agrícolas que generan ingresos en esta región están concentradas en los hombres, mientras que las mujeres obtienen una muy escasa participación. En otras palabras si se trata de una agricultura para producir comida para la familia, la protagonista a lo largo de la historia ha sido la mujer, pero si es para obtener ingresos con esa producción agrícola los llamados suelen ser los hombres pues las agro industrias actúan bajo la lógica de que  la fuerza masculina incrementa la productividad y muy poco importan a quien va dirigida esa producción de alimentos.


Otra forma de agricultura tradicional es la que representan las chagras indígenas, sistemas de producción agrícola con carácter ecológico; estas se encuentran en comunidades de todo el territorio nacional y en ellas la influencia de las abuelas ha sido notable, pues además de ser el espacio de siembra de alimentos para la comunidad, también simboliza un saber heredado entre generaciones que precisamente estas mujeres se han encargado de salvaguardar ya que desde que les es posible, las tareas relacionadas con la chagra ocupan la mayor parte del tiempo de las mujeres de estos grupos indígenas. Si bien la esta forma de agricultura no es un trabajo exclusivo de las mujeres indígenas, sì las consolida en su rol de protectoras del medio ambiente al hacerlas poseedoras de un conocimiento que armoniza la interacción de su colectividad con el entorno que las rodea.


La agricultura también se ha convertido en espacio de cohesión de las mujeres, pues a través de las actividades agrarias surgen agrupaciones de mujeres a lo largo y ancho del territorio nacional, quienes hoy en día lideran debates tan importantes como las patentes y expropiaciones de semillas y alternativas de bancos de semillas tradicionales o la necesidad de emprender proyectos de agricultura urbana que garanticen la seguridad alimentaria de los pobladores vulnerables de las ciudades; solo por mencionar algunas e invitar a conocer sus propuestas y por que no apoyarlas, está la Asociación de Mujeres emprendedoras de Severá, Red Mujer y Participación política, la Marcha de mujeres campesinas y Manos de mujer.


Quizás el desafío más grande que enfrentan nuestras agricultoras es la amenaza de la actividad agrícola a pequeña escala por parte de las grandes agro industrias que ponen en un segundo plano la seguridad y más aún la soberanía alimentaria, una motivación que desde siempre ha impulsado a estas productoras, así que le corresponde a la sociedad en general crear un movimiento en torno a estas mujeres que las proteja en la tarea de alimentar a la población mundial.

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