“La sororidad de las defensoras de DDHH: Lucha contra la opresión, conquista instituida en el orden instituyente”

June 9, 2019
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Foto de Bruce Dixon en Unsplash.

En el escenario socio político colombiano, vivimos continuamente la tensión de lo instituido y lo instituyente. Lo primero representado en lo impuesto por el modelo de sociedad neoliberal y el régimen político que se instauró de modo preestablecido y muchas veces obligado por la falta de opciones políticas al momento de tomar decisiones ciudadanas. Y lo segundo, representado en los puntos de fuga a esos modelos que reducen el concepto de la participación a un fenómeno instrumental; en este sentido, lo instituyente es el resultado de las luchas sociales contra las arbitrariedades del orden instituido.

Estas tensiones entre lo instituido y lo instituyente, también son frecuentes en la sociedad patriarcal, determinada por la imposición de una serie de creencias y prácticas que históricamente han sido fuente de exclusión y desigualdad. El escape a este orden instituido se reflejó en las luchas históricas de las mujeres y organizaciones de mujeres que impulsaron lo que se conoció como acciones afirmativas o de discriminación positiva, herramientas políticas para la reivindicación de este grupo poblacional en la escena pública.

Esta conquista, también fue el resultado de la práctica de valores como la sororidad, es decir la solidaridad entre mujeres, el respeto por la otra, la ayuda mutua, el trabajo colaborativo; condiciones que fueron un escape de la sociedad patriarcal y otros dispositivos de control al posibilitar la gestación de liderazgos femeninos, movimientos y colectivos de mujeres que tuvieron logros significativos en la reivindicación de los derechos políticos.

En este sentido, es importante destacar las organizaciones de mujeres que, en Colombia, han mantenido una lucha histórica por la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz, en un escenario permeado por la violencia; es el caso de las madres de Soacha conformada por madres, esposas, hijas de los mal llamados falsos positivos, víctimas sistemáticas del Ejército Nacional. Este grupo de mujeres emprendió una batalla social por obtener verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, unidas no sólo por el dolor sino por la sororidad en sus acciones.

Como lo hicieron también, las madres de la candelaria en Antioquia, quienes unieron sus voces por la esperanza de encontrar a sus hijos desaparecidos en el marco del conflicto armado colombiano, se unieron con el fin de reivindicar los derechos de las víctimas de desaparición forzada a través del acceso a la justicia y la reconstrucción del tejido social, mediante el ejercicio de valores como la sororidad, la justicia social y la equidad.

Adicionalmente, es importante reconocer el trabajo de las lideresas sociales y defensoras de DDHH de los Montes de María, una subregión agobiada por la violencia en especial contra las mujeres de este territorio y por las masacres que tiñeron de sangre la historia nacional pero que a pesar de la violencia y la fragmentación del tejido social pudieron contar otra historia, basada en el empoderamiento de las mujeres y la gestación de colectivos sociales que visualizaron la problemática a través de acciones cohesionadas dirigidas a la reivindicación de los DDHH.

Estos colectivos de mujeres representan sólo una muestra del universo de organizaciones que comprendieron el valor de la sororidad como herramienta de lucha contra la opresión y las injusticias sociales. Sin embargo, en la actualidad esta población enfrenta una situación de riesgo que se refleja en el asesinato de líderes y lideresas sociales; realidad que requiere no solo de la atención del Estado y de la sociedad sino de la sororidad de las organizaciones de mujeres para exigir garantías en la defensa y protección de sus vidas.

Consecuentemente, es posible afirmar que las organizaciones de mujeres, lideresas sociales y defensoras de DDHH, han logrado verdaderos procesos de subjetivación y posicionamiento de políticas en defensa de los derechos de las mujeres y a favor de la reconstrucción del tejido social, de manera instituyente en el orden instituido. Sus aportes a la paz y a la recuperación de la memoria colectiva son fuente de esperanza en una sociedad en la que a veces impera el ensimismamiento, la indiferencia, la intolerancia y en la que día a día se asesina a sus líderes y lideresas.

Es hora de unirnos en la defensa y lucha contra la discriminación y la exclusión social, es hora de la sororidad, la otredad, la alteridad, la resiliencia y la reconciliación; es hora de lo instituyente a través de acciones de emancipación, como la equidad entre los géneros, la construcción de paz y el rechazo a toda forma de violencia, en especial contra líderes y lideresas, a través del trabajo conjunto de hombres y mujeres conscientes del tiempo de la unión.

Una sociedad que ve morir a sus líderes y lideresas sin hacer nada, es una sociedad condenada a la muerte del tejido social. ¡No más asesinatos de líderes y lideresas sociales¡ este un llamado a la solidaridad de todos y todas y a la sororidad entre todas, en defensa de la vida y de la libertad.


“La sororidad de las defensoras de DDHH: Lucha contra la opresión, conquista instituida en el orden instituyente”

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November 13, 2018

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En el escenario socio político colombiano, vivimos continuamente la tensión de lo instituido y lo instituyente. Lo primero representado en lo impuesto por el modelo de sociedad neoliberal y el régimen político que se instauró de modo preestablecido y muchas veces obligado por la falta de opciones políticas al momento de tomar decisiones ciudadanas. Y lo segundo, representado en los puntos de fuga a esos modelos que reducen el concepto de la participación a un fenómeno instrumental; en este sentido, lo instituyente es el resultado de las luchas sociales contra las arbitrariedades del orden instituido.

Estas tensiones entre lo instituido y lo instituyente, también son frecuentes en la sociedad patriarcal, determinada por la imposición de una serie de creencias y prácticas que históricamente han sido fuente de exclusión y desigualdad. El escape a este orden instituido se reflejó en las luchas históricas de las mujeres y organizaciones de mujeres que impulsaron lo que se conoció como acciones afirmativas o de discriminación positiva, herramientas políticas para la reivindicación de este grupo poblacional en la escena pública.

Esta conquista, también fue el resultado de la práctica de valores como la sororidad, es decir la solidaridad entre mujeres, el respeto por la otra, la ayuda mutua, el trabajo colaborativo; condiciones que fueron un escape de la sociedad patriarcal y otros dispositivos de control al posibilitar la gestación de liderazgos femeninos, movimientos y colectivos de mujeres que tuvieron logros significativos en la reivindicación de los derechos políticos.

En este sentido, es importante destacar las organizaciones de mujeres que, en Colombia, han mantenido una lucha histórica por la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz, en un escenario permeado por la violencia; es el caso de las madres de Soacha conformada por madres, esposas, hijas de los mal llamados falsos positivos, víctimas sistemáticas del Ejército Nacional. Este grupo de mujeres emprendió una batalla social por obtener verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, unidas no sólo por el dolor sino por la sororidad en sus acciones.

Como lo hicieron también, las madres de la candelaria en Antioquia, quienes unieron sus voces por la esperanza de encontrar a sus hijos desaparecidos en el marco del conflicto armado colombiano, se unieron con el fin de reivindicar los derechos de las víctimas de desaparición forzada a través del acceso a la justicia y la reconstrucción del tejido social, mediante el ejercicio de valores como la sororidad, la justicia social y la equidad.

Adicionalmente, es importante reconocer el trabajo de las lideresas sociales y defensoras de DDHH de los Montes de María, una subregión agobiada por la violencia en especial contra las mujeres de este territorio y por las masacres que tiñeron de sangre la historia nacional pero que a pesar de la violencia y la fragmentación del tejido social pudieron contar otra historia, basada en el empoderamiento de las mujeres y la gestación de colectivos sociales que visualizaron la problemática a través de acciones cohesionadas dirigidas a la reivindicación de los DDHH.

Estos colectivos de mujeres representan sólo una muestra del universo de organizaciones que comprendieron el valor de la sororidad como herramienta de lucha contra la opresión y las injusticias sociales. Sin embargo, en la actualidad esta población enfrenta una situación de riesgo que se refleja en el asesinato de líderes y lideresas sociales; realidad que requiere no solo de la atención del Estado y de la sociedad sino de la sororidad de las organizaciones de mujeres para exigir garantías en la defensa y protección de sus vidas.

Consecuentemente, es posible afirmar que las organizaciones de mujeres, lideresas sociales y defensoras de DDHH, han logrado verdaderos procesos de subjetivación y posicionamiento de políticas en defensa de los derechos de las mujeres y a favor de la reconstrucción del tejido social, de manera instituyente en el orden instituido. Sus aportes a la paz y a la recuperación de la memoria colectiva son fuente de esperanza en una sociedad en la que a veces impera el ensimismamiento, la indiferencia, la intolerancia y en la que día a día se asesina a sus líderes y lideresas.

Es hora de unirnos en la defensa y lucha contra la discriminación y la exclusión social, es hora de la sororidad, la otredad, la alteridad, la resiliencia y la reconciliación; es hora de lo instituyente a través de acciones de emancipación, como la equidad entre los géneros, la construcción de paz y el rechazo a toda forma de violencia, en especial contra líderes y lideresas, a través del trabajo conjunto de hombres y mujeres conscientes del tiempo de la unión.

Una sociedad que ve morir a sus líderes y lideresas sin hacer nada, es una sociedad condenada a la muerte del tejido social. ¡No más asesinatos de líderes y lideresas sociales¡ este un llamado a la solidaridad de todos y todas y a la sororidad entre todas, en defensa de la vida y de la libertad.


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