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Foto de David Pirachicán
“Te espero con ansias
En la puerta de la casa
Te espero para hablar
Y para que me escuches
Mi casero no quiere recibirte
Y la vieja puerta te cierra
Algo oculta bajo la tierra
Seguro no quiere que veas
El caos que reina en la casa
Sin duda, nada está en orden
Las luces prenden a medias
En la alacena sólo migajas
Pero yo solo quiero verte
Y si debajo de las tablas
Sientes un olor a muerte
Entonces y sólo entonces
El casero sabrá su suerte”


A propósito de la Visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)…


“No tenemos nada que ocultar”, seguramente no, ya no hay nada oculto entre el cielo y la tierra. ¿Cómo ocultar los cientos de personas desaparecidas? ¿las que fueron asesinadas? ¿Las que sufrieron daños oculares? ¿las heridas? ¿las víctimas de violencia sexual? ¿las que fueron amenazadas? O ¿las arrolladas por tanques? 


¿Cómo ocultar los ataques con venom? ¿las noches caóticas de las ciudades? ¿los enfrentamientos entre fuerza pública y ciudadanía? ¿las amenazas a la minga indígena? ¿los extraños civiles que disparan desde camionetas a manifestantes? ¿las entidades que arden? ¿las personas detenidas arbitrariamente? O ¿las que fueron calcinadas en locales?


¿Cómo ocultar las acciones represivas? ¿la indolencia institucional? ¿la falta de capacidad para dialogar? ¿la corrupción alarmante? ¿la estigmatización constante? ¿la desigualdad estructural? ¿los niveles de impunidad? ¿las masacres que no paran? ¿la complicidad mediática? ¿los panfletos contra defensoras y defensoras de DDHH? ¿la indiferencia de la clase privilegiada? O ¿los discursos atorrantes?


¿Cómo ocultar la juventud indignada? ¿el llanto de las madres? ¿la resistencia de la primera línea? ¿la lucha de las comunidades indígenas? ¿las reivindicaciones feministas? ¿los reclamos estudiantiles? ¿las denuncias de los líderes y lideresas? ¿las justas exigencias de la comunidad docente? ¿el cansancio de la clase trabajadora por las promesas incumplidas? ¿la exigencia de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición? o ¿la protesta de una población que le tuvo menos miedo a salir a las calles para expresar su indignación que al mismo contagio con covid?


No, no hay nada que ocultar. Así, se quisiera alterar la realidad para recibir la visita de la Comisión Interamericana de Derechos; lo que ha pasado en este pueblo es inocultable. No se pueden ocultar las masacres, llamándose asesinatos colectivos; el estallido social, confundiéndose con vandalismo; la represión, denominándose autoridad; el paramilitarismo, disfrazándose de “gente de bien”; no se pueden ocultar los graves e históricos problemas sociales arrojándole al paro nacional toda culpa y menos aún, disimular todo lo que pasa, con la banal expresión: “no permitiremos islas de anarquía”.


No, no hay nada que ocultar. Para recibir la visita de la CIDH, no basta con preparar la fachada, ni dar un par de pinceladas, tampoco es suficiente esconder el polvo debajo del tapete, ni encubrir todo el desorden en el clóset o disimular el olor  podrido de la cocina sin que una mosca lo delate. Hasta el patio trasero, está expuesto. Y así, esta visita sea molesta para ciertas personas y sectores, es inevitable atenderla, cómo lo es también, que se percate de nuestra inocultable realidad.


Mientras para unas personas esta visita es molesta, para otras es la más esperada; la reciben con un increíble corredor humano. Es de esas visitas, que esperan con ansias, como dicen por ahí “para adelantar cuaderno”, denunciar los excesos y contar lo que por miedo se ha callado. Esperemos que la Comisión, sea una buena visitante y cumpla con los propósitos de su visita, que no son otros que la vigilancia a las graves violaciones de derechos humanos, el rechazo a toda forma de violencia y el llamado a que el Estado honre sus obligaciones internacionales. Ojalá, que esta visita, no decepcione, ni pase sin pena ni gloria.



“Es más fácil ocultar el sol con un dedo, que ocultar la violación de los derechos humanos en Colombia con eufemismos y mentiras”


La Visita: “No Tenemos Nada que Ocultar”

Columna
por:
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June 8, 2021

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Foto de David Pirachicán
“Te espero con ansias
En la puerta de la casa
Te espero para hablar
Y para que me escuches
Mi casero no quiere recibirte
Y la vieja puerta te cierra
Algo oculta bajo la tierra
Seguro no quiere que veas
El caos que reina en la casa
Sin duda, nada está en orden
Las luces prenden a medias
En la alacena sólo migajas
Pero yo solo quiero verte
Y si debajo de las tablas
Sientes un olor a muerte
Entonces y sólo entonces
El casero sabrá su suerte”


A propósito de la Visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)…


“No tenemos nada que ocultar”, seguramente no, ya no hay nada oculto entre el cielo y la tierra. ¿Cómo ocultar los cientos de personas desaparecidas? ¿las que fueron asesinadas? ¿Las que sufrieron daños oculares? ¿las heridas? ¿las víctimas de violencia sexual? ¿las que fueron amenazadas? O ¿las arrolladas por tanques? 


¿Cómo ocultar los ataques con venom? ¿las noches caóticas de las ciudades? ¿los enfrentamientos entre fuerza pública y ciudadanía? ¿las amenazas a la minga indígena? ¿los extraños civiles que disparan desde camionetas a manifestantes? ¿las entidades que arden? ¿las personas detenidas arbitrariamente? O ¿las que fueron calcinadas en locales?


¿Cómo ocultar las acciones represivas? ¿la indolencia institucional? ¿la falta de capacidad para dialogar? ¿la corrupción alarmante? ¿la estigmatización constante? ¿la desigualdad estructural? ¿los niveles de impunidad? ¿las masacres que no paran? ¿la complicidad mediática? ¿los panfletos contra defensoras y defensoras de DDHH? ¿la indiferencia de la clase privilegiada? O ¿los discursos atorrantes?


¿Cómo ocultar la juventud indignada? ¿el llanto de las madres? ¿la resistencia de la primera línea? ¿la lucha de las comunidades indígenas? ¿las reivindicaciones feministas? ¿los reclamos estudiantiles? ¿las denuncias de los líderes y lideresas? ¿las justas exigencias de la comunidad docente? ¿el cansancio de la clase trabajadora por las promesas incumplidas? ¿la exigencia de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición? o ¿la protesta de una población que le tuvo menos miedo a salir a las calles para expresar su indignación que al mismo contagio con covid?


No, no hay nada que ocultar. Así, se quisiera alterar la realidad para recibir la visita de la Comisión Interamericana de Derechos; lo que ha pasado en este pueblo es inocultable. No se pueden ocultar las masacres, llamándose asesinatos colectivos; el estallido social, confundiéndose con vandalismo; la represión, denominándose autoridad; el paramilitarismo, disfrazándose de “gente de bien”; no se pueden ocultar los graves e históricos problemas sociales arrojándole al paro nacional toda culpa y menos aún, disimular todo lo que pasa, con la banal expresión: “no permitiremos islas de anarquía”.


No, no hay nada que ocultar. Para recibir la visita de la CIDH, no basta con preparar la fachada, ni dar un par de pinceladas, tampoco es suficiente esconder el polvo debajo del tapete, ni encubrir todo el desorden en el clóset o disimular el olor  podrido de la cocina sin que una mosca lo delate. Hasta el patio trasero, está expuesto. Y así, esta visita sea molesta para ciertas personas y sectores, es inevitable atenderla, cómo lo es también, que se percate de nuestra inocultable realidad.


Mientras para unas personas esta visita es molesta, para otras es la más esperada; la reciben con un increíble corredor humano. Es de esas visitas, que esperan con ansias, como dicen por ahí “para adelantar cuaderno”, denunciar los excesos y contar lo que por miedo se ha callado. Esperemos que la Comisión, sea una buena visitante y cumpla con los propósitos de su visita, que no son otros que la vigilancia a las graves violaciones de derechos humanos, el rechazo a toda forma de violencia y el llamado a que el Estado honre sus obligaciones internacionales. Ojalá, que esta visita, no decepcione, ni pase sin pena ni gloria.



“Es más fácil ocultar el sol con un dedo, que ocultar la violación de los derechos humanos en Colombia con eufemismos y mentiras”


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