Por Qué las Brujas Eran Casi Siempre Mujeres y Cómo Se Volvieron Feministas
La persecución por brujería tuvo víctimas mayoritariamente femeninas. En Halloween de 1968, las feministas recuperaron esa imagen para desafiar al poder. La historia real es más incómoda que el mito.

El 31 de octubre de 1968, unas feministas aparecieron en Wall Street vestidas de brujas. No pretendían demostrar poderes sobrenaturales: querían desafiar el poder financiero con una imagen que durante siglos había servido para inspirar miedo.
El grupo se llamaba W.I.T.C.H. Su protesta plantea una paradoja: ¿cómo una acusación capaz de conducir a una ejecución terminó convertida en una identidad política elegida por mujeres?
La historia que no cabe en una frase
En Europa, entre los siglos XV y XVIII, decenas de miles de personas fueron ejecutadas por delitos de brujería. Las estimaciones históricas difieren según la región y el periodo; English Heritage sitúa el total en decenas de miles.
La mayoría de las personas acusadas y ejecutadas fueron mujeres, aunque la proporción varió mucho entre territorios. Eso no significa que todas fueran curanderas, disidentes o mujeres especialmente independientes. La frase viral según la cual se perseguía a las brujas «porque eran libres» convierte historias muy distintas en una sola explicación reconfortante.
Las acusaciones podían surgir de conflictos vecinales, desgracias atribuidas a fuerzas sobrenaturales, tensiones religiosas y prácticas judiciales que hoy resultan alarmantes. También hubo hombres acusados; en algunas regiones constituyeron una parte importante de los procesados.
El género importaba, pero no actuaba solo
La historiadora Philippa Carter ha estudiado cómo la distribución de tareas y responsabilidades entre mujeres y hombres podía influir en la exposición a sospechas de brujería en la Inglaterra moderna temprana. El cuidado de personas, la alimentación y las relaciones cotidianas ponían a algunas mujeres en situaciones donde una enfermedad o una pérdida podían convertirse en motivo de acusación.
La interpretación feminista de estas persecuciones no exige imaginar una conspiración única y coordinada. Exige observar cómo las ideas sobre la supuesta debilidad, peligrosidad o conducta apropiada de las mujeres contribuían a que ciertas acusaciones parecieran verosímiles. La historiadora Marianne Hester examinó las cazas de brujas en relación con la reconstrucción del orden patriarcal; esa lectura convive con investigaciones sobre religión, justicia y conflictos comunitarios.
Lo inquietante es el tránsito de un prejuicio a una sentencia: cuando una sociedad acepta que determinado tipo de persona es sospechosa, sus instituciones pueden convertir esa creencia en castigo.
Halloween de 1968: una bruja por elección
En Nueva York, el colectivo feminista radical W.I.T.C.H. recuperó el personaje de la bruja como instrumento de teatro político. Sus acciones denunciaban las jerarquías económicas y los papeles impuestos a las mujeres. La protesta de Halloween en Wall Street fue una de sus intervenciones más conocidas.
El gesto tenía una lógica provocadora: aquello que antes se utilizaba para marcar a una mujer como amenaza podía servir ahora para cuestionar las instituciones que definían qué era aceptable. No se trataba de afirmar que las mujeres ejecutadas siglos atrás hubieran compartido la agenda de las feministas de 1968.
De hecho, atribuir feminismo moderno a todas las acusadas borraría sus vidas reales. Muchas no eligieron representar nada. Fueron personas atrapadas en procesos que no controlaban.
¿Es feminista el disfraz de bruja?
Puede serlo, pero no automáticamente. Hoy la bruja aparece en protestas, novelas, prácticas espirituales, productos de consumo y disfraces de Halloween. Su significado depende de quién la utiliza y con qué propósito.
Para el feminismo, su potencia reside en una inversión cultural: una figura históricamente asociada a la desviación femenina puede representar autonomía y resistencia. Esa reapropiación merece celebrarse sin sacrificar la precisión histórica.
Durante siglos, llamar «bruja» a una mujer podía destruir su reputación y, en determinadas circunstancias, contribuir a una condena mortal. En 1968, algunas mujeres decidieron llamarse brujas para que su protesta fuera imposible de ignorar.
La palabra era la misma. Había cambiado quién la pronunciaba y para qué.
Fuentes y lecturas
- English Heritage: historia y mitos de la brujería.
- Philippa Carter, investigación sobre trabajo, género y acusaciones de brujería en la Inglaterra moderna temprana, Gender & History.
- Marianne Hester, «Patriarchal Reconstruction and Witch Hunting», Cambridge University Press.
- Investigaciones históricas sobre el colectivo feminista W.I.T.C.H. y sus protestas en Nueva York en 1968.
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