Yo Sangro, Nosotras Sangramos: Menstruación Como un Hecho Social, Cultural y Político

June 10, 2019
Columna
por:
Foto de :Erol Ahmed

Muchas son las situaciones que experimentamos las mujeres a lo largo de nuestras vidas y dentro de éstas, muchas son las que hemos decidido o no han impuesto a vivirlas con bastante reserva o dejarlas guardadas para nuestra intimidad. Esto por el nivel de carga cultural, social y política que estas mismas experiencias tienen y la menstruación no deja de estar ajena a esta realidad femenina. Hecho biológico que nos acompaña a nosotras las mujeres por más de 30 años aproximadamente, si es que no tenemos algún embarazo, intervención hormonal, enfermedad o alguna situación que nos haga interrumpir nuestra menstruación. En términos generales pasamos gran cantidad de nuestras vidas menstruando y si nos ponemos a reflexionar, y tratar de volver a “nuestro primer día” nos damos cuenta de toda la carga cultural, social y política que este hecho biológico conlleva para nuestra sociedad, y más aún, como atraviesa toda nuestra corporalidad femenina. Eugenia Tarzibachi, comenta esto diciendo que

“en esa vergüenza sobre la experiencia corporal de la menstruación hubo y aún hay un modo profundo y sutil de hacer género. Lo vergonzante que reviste esa dimensión del cuerpo de las mujeres cuando se hace evidente ante otros no es una mera experiencia emotiva singular, sino una emoción regulada por una política sobre esos cuerpos”

Foto de: SarahMaple

Lo vivimos o experimentamos como si fuese un hecho externo a nosotras y que es algo que nos ataca una vez al mes, y no somos capaces de aceptar que es una situación que es parte de nuestra condición biológica, un claro ejemplo son todos los nombres o apodos que recibe el menstruar: “me llegó”, “tengo visita”, “me enfermé”, “me indispuse”, “ando con la cuestión”, pero además, el no aceptar o ver este hecho como algo externo va de la mano enormemente por todas la precondiciones que hay al respecto a que las mujeres menstrúen porque es un “hecho sucio”, porque es algo que se sale de la norma patriarcal y neoliberal, ya que siempre en esos días tenemos que actuar y ser de lo más “normales” para responder en todas nuestras labores mandatadas: uno por nuestro rol de género y dos porque debemos seguir cumpliendo con la re/producción de la fuerza laboral. ¿Pero por qué este sistema nos denigra si supuestamente somos pieza fundamental para la reproducción de fuerza laboral y nos hacen esconder un proceso biológico que según los mandatos de género es un hecho que marca nuestro paso a ser mujeres y es sinónimo de “fertilidad”?. Si hasta las industrias relacionadas con la gestión menstrual nos venden productos que casi son la panacea a la liberación de “nuestra enfermedad femenina” para que en esos días seamos casi 100% efectivas físicas y emocionalmente, sumado a toda la industria farmacológica que hace que andemos sin dolor y sin inconvenientes. Existe una especie de disciplinamiento en nuestros cuerpos femeninos, aparte de que nuestros úteros son la fuente vital para seguir manteniendo el sistema, sino porque ni siquiera desde la medicina hay una dedicación exclusiva de estudio sobre la menstruación. Recién ahora, hace un par de años, nos hemos ido enterando que la menstruación no debe doler y que no es algo de que mi ciclo menstrual es así o que el ser mujer conlleva todo este tipo de experiencias en algunas, desagradables, y que con un par de pastillas anticonceptivas se soluciona todo o de que hay dispositivos ecológicos que te permiten mayor comodidad, higiene y dan un paso a tener un mayor conocimiento de nuestro cuerpo, y ciclo, entre otros casos más. Tal ha sido nuestro disciplinamiento y ocultamiento de la menstruación que gracias a diversos movimientos nos hemos ido cuestionando el ¿por qué sólo en los centros de salud entregan métodos anticonceptivos gratis o están contemplados en la planificación familiar? y ¿los productos de gestión menstrual qué? ¿Qué sucede con esas mujeres vulnerables social y económicamente, cómo obtienen una toalla higiénica o un tampón? Como es un tema privado/íntimo de las mujeres, nosotras debemos seguir pagando el costo, pero ¿qué pasaría si los hombres o nuestros amigos también menstruarán? O de también preguntarnos ¿cuánto sabemos de nuestros cuerpos femeninos, de nuestros procesos? Quizás si hacemos una encuesta rápida nos podríamos sorprender de los resultados, ya que puede ser que sepamos más de hechos generales de nuestra biología humana o de los procesos biológicos masculinos que de nosotras mismas.

Creo que ha sido muy alto el costo de disciplinamiento de nuestros cuerpos femeninos y más aún de tapar procesos biológicos, porque según este sistema neoliberal y patriarcal no es apto para el normal funcionamiento de la re/producción en este mismo. Yo menstruo y todas menstruamos, y es una situación que va a seguir ocurriendo, pero es tiempo de que nos percatemos de cómo nos han enseñado a ver nuestros procesos y ciclos femeninos, y cuánta carga cultural, social y políticas hay detrás de ellos. Nos han tratado y nos siguen tratando como máquinas, cuando somos personas y debemos experimentar nuestros ciclos sin tapujos.

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Referencias

Eugenia Tarzibachi, Libro: “Cosa de Mujeres, menstruación, género y poder”

Yo Sangro, Nosotras Sangramos: Menstruación Como un Hecho Social, Cultural y Político

May 20, 2019
Columna
por:
Foto de :Erol Ahmed

Muchas son las situaciones que experimentamos las mujeres a lo largo de nuestras vidas y dentro de éstas, muchas son las que hemos decidido o no han impuesto a vivirlas con bastante reserva o dejarlas guardadas para nuestra intimidad. Esto por el nivel de carga cultural, social y política que estas mismas experiencias tienen y la menstruación no deja de estar ajena a esta realidad femenina. Hecho biológico que nos acompaña a nosotras las mujeres por más de 30 años aproximadamente, si es que no tenemos algún embarazo, intervención hormonal, enfermedad o alguna situación que nos haga interrumpir nuestra menstruación. En términos generales pasamos gran cantidad de nuestras vidas menstruando y si nos ponemos a reflexionar, y tratar de volver a “nuestro primer día” nos damos cuenta de toda la carga cultural, social y política que este hecho biológico conlleva para nuestra sociedad, y más aún, como atraviesa toda nuestra corporalidad femenina. Eugenia Tarzibachi, comenta esto diciendo que

“en esa vergüenza sobre la experiencia corporal de la menstruación hubo y aún hay un modo profundo y sutil de hacer género. Lo vergonzante que reviste esa dimensión del cuerpo de las mujeres cuando se hace evidente ante otros no es una mera experiencia emotiva singular, sino una emoción regulada por una política sobre esos cuerpos”

Foto de: SarahMaple

Lo vivimos o experimentamos como si fuese un hecho externo a nosotras y que es algo que nos ataca una vez al mes, y no somos capaces de aceptar que es una situación que es parte de nuestra condición biológica, un claro ejemplo son todos los nombres o apodos que recibe el menstruar: “me llegó”, “tengo visita”, “me enfermé”, “me indispuse”, “ando con la cuestión”, pero además, el no aceptar o ver este hecho como algo externo va de la mano enormemente por todas la precondiciones que hay al respecto a que las mujeres menstrúen porque es un “hecho sucio”, porque es algo que se sale de la norma patriarcal y neoliberal, ya que siempre en esos días tenemos que actuar y ser de lo más “normales” para responder en todas nuestras labores mandatadas: uno por nuestro rol de género y dos porque debemos seguir cumpliendo con la re/producción de la fuerza laboral. ¿Pero por qué este sistema nos denigra si supuestamente somos pieza fundamental para la reproducción de fuerza laboral y nos hacen esconder un proceso biológico que según los mandatos de género es un hecho que marca nuestro paso a ser mujeres y es sinónimo de “fertilidad”?. Si hasta las industrias relacionadas con la gestión menstrual nos venden productos que casi son la panacea a la liberación de “nuestra enfermedad femenina” para que en esos días seamos casi 100% efectivas físicas y emocionalmente, sumado a toda la industria farmacológica que hace que andemos sin dolor y sin inconvenientes. Existe una especie de disciplinamiento en nuestros cuerpos femeninos, aparte de que nuestros úteros son la fuente vital para seguir manteniendo el sistema, sino porque ni siquiera desde la medicina hay una dedicación exclusiva de estudio sobre la menstruación. Recién ahora, hace un par de años, nos hemos ido enterando que la menstruación no debe doler y que no es algo de que mi ciclo menstrual es así o que el ser mujer conlleva todo este tipo de experiencias en algunas, desagradables, y que con un par de pastillas anticonceptivas se soluciona todo o de que hay dispositivos ecológicos que te permiten mayor comodidad, higiene y dan un paso a tener un mayor conocimiento de nuestro cuerpo, y ciclo, entre otros casos más. Tal ha sido nuestro disciplinamiento y ocultamiento de la menstruación que gracias a diversos movimientos nos hemos ido cuestionando el ¿por qué sólo en los centros de salud entregan métodos anticonceptivos gratis o están contemplados en la planificación familiar? y ¿los productos de gestión menstrual qué? ¿Qué sucede con esas mujeres vulnerables social y económicamente, cómo obtienen una toalla higiénica o un tampón? Como es un tema privado/íntimo de las mujeres, nosotras debemos seguir pagando el costo, pero ¿qué pasaría si los hombres o nuestros amigos también menstruarán? O de también preguntarnos ¿cuánto sabemos de nuestros cuerpos femeninos, de nuestros procesos? Quizás si hacemos una encuesta rápida nos podríamos sorprender de los resultados, ya que puede ser que sepamos más de hechos generales de nuestra biología humana o de los procesos biológicos masculinos que de nosotras mismas.

Creo que ha sido muy alto el costo de disciplinamiento de nuestros cuerpos femeninos y más aún de tapar procesos biológicos, porque según este sistema neoliberal y patriarcal no es apto para el normal funcionamiento de la re/producción en este mismo. Yo menstruo y todas menstruamos, y es una situación que va a seguir ocurriendo, pero es tiempo de que nos percatemos de cómo nos han enseñado a ver nuestros procesos y ciclos femeninos, y cuánta carga cultural, social y políticas hay detrás de ellos. Nos han tratado y nos siguen tratando como máquinas, cuando somos personas y debemos experimentar nuestros ciclos sin tapujos.

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Referencias

Eugenia Tarzibachi, Libro: “Cosa de Mujeres, menstruación, género y poder”

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